A principios del siglo XX, la psicología estadounidense estuvo dominada por el conductismo y el psicoanálisis. Como- nunca, algunos psicólogos se sintieron incómodos con lo que veían como perspectivas limitadas siendo tan influyente en el campo. Se opusieron al pesimismo y al determinismo (todas las acciones impulsadas por el inconsciente) de Freud. También disiparon el reduccionismo, o naturaleza simplificadora, del conductismo. El conductismo también es determinista en su núcleo, porque ve el comportamiento humano como completamente determinado por una combinación de genética y ambiente. Algunos psicólogos comenzaron a formar sus propias ideas que enfatizaban el control personal, la intencionalidad, y una verdadera predisposición al “bien” como importante para nuestro autoconcepto y nuestro comportamiento. Así, surgió el humanismo. El humanismo es una perspectiva dentro de la psicología que enfatiza el potencial para el bien que es innato para todos los humanos. Dos de los defensores más conocidos de la psicología humanista son Abraham Maslow y Carl Rogers
Abraham Maslow (1908—1970) fue un psicólogo estadounidense.
Carl Rogers (1902-1987) también fue un psicólogo estadounidense que, al igual que Maslow, enfatizó el potencial para el bien que existe dentro de todas las personas
La Teoría Humanista es una corriente de la psicología que se centra en el estudio de las experiencias subjetivas y en el potencial humano para alcanzar niveles más elevados de funcionamiento. Entre las teorías humanistas, destacan las de Abraham Maslow y Carl Rogers.
Abraham Maslow desarrolló una teoría de la motivación basada en la idea de que los seres humanos tienen necesidades jerárquicas que deben satisfacer para alcanzar la autorrealización. Según Maslow, estas necesidades pueden ser agrupadas en cinco categorías, en orden ascendente de importancia: necesidades fisiológicas, necesidades de seguridad, necesidades de amor y pertenencia, necesidades de estima y necesidades de autorrealización. La autorrealización es el nivel más alto de la jerarquía, que representa la realización del potencial humano y el logro de la plenitud personal.
Por otro lado, Carl Rogers desarrolló una teoría de la personalidad basada en la idea de que los seres humanos tienen una tendencia innata hacia el crecimiento y la autorrealización. Según Rogers, la personalidad se compone de tres componentes: el sí mismo real, el sí mismo ideal y el sí mismo percibido. El sí mismo real es la imagen que la persona tiene de sí misma en el presente, el sí mismo ideal es la imagen de la persona de quién le gustaría ser, y el sí mismo percibido es cómo la persona cree que los demás la ven. Rogers también enfatizó la importancia de la empatía y la aceptación incondicional en las relaciones terapéuticas para el crecimiento y la autorrealización.
En resumen, tanto Maslow como Rogers enfatizaron la importancia de la autorrealización y el potencial humano para alcanzar niveles más elevados de funcionamiento. La teoría de Maslow se centró en la jerarquía de necesidades, mientras que la teoría de Rogers se centró en la importancia de la aceptación incondicional y la empatía en las relaciones terapéuticas.
Maslow añade a la teoría de Rogers su concepto de las necesidades. La teoría de este psicólogo gira en torno a dos aspectos fundamentales: nuestras necesidades y nuestras experiencias. En otras palabras, lo que nos motiva y lo que buscamos a lo largo de la vida y lo que nos va ocurriendo en este camino, lo que vamos viviendo. Es aquí donde se forma nuestra personalidad. De hecho, Maslow es considerado uno de los grandes teóricos de la motivación.
La teoría de la personalidad de Maslow tiene dos niveles. Uno biológico, las necesidades que tenemos todos y otro más personal, que son aquellas necesidades que tienen que son fruto de nuestros deseos y las experiencias que vamos viviendo.
Sin duda, Maslow se asocia al concepto de autorrealización, porque en su teoría habla de las necesidades que tenemos las personas de desarrollarnos, de buscar nuestro máximo potencial. Y es que, según éste, las personas tienen un deseo innato para autorrealizarse, para ser lo que quieran ser, y tienen la capacidad capacidad para perseguir sus objetivos de manera autónoma y libre.
En cierto modo, el modo en el que un individuo enfoque su autorrealización se corresponderá al tipo de personalidad que manifieste en su día a día. Eso implica que para Maslow la personalidad está relacionada con los aspectos motivacionales que tienen que ver con los objetivos y las situaciones que vive cada ser humano; no es algo estático que permanezca en el interior de la cabeza de las personas y se manifieste unidireccionalmente, de adentro hacia afuera, tal y como podría criticarse de algunas concepciones reduccionistas y deterministas de este fenómeno psicológico.
Las implicaciones de esto son claras: para estudiar la personalidad hay que conocer también el contexto en el que habitan las personas y el modo en el que este responde a las necesidades motivacionales de los individuos. Centrarse simplemente en administrar varios test para obtener una puntuación no nos da una visión acertada sobre esto, ya que se parte de un sesgo al considerar que la personalidad es lo que pueda ser captado por estas pruebas de recogida de datos. Se trata de un punto de vista parecido al que aplican al ámbito de las capacidades mentales psicólogos como Howard Gardner y Robert J. Sternberg, críticos con la concepción psicométrica de la inteligencia.
Maslow piensa que alcanzar las necesidades de autorrealización está en las manos de todo el mundo, sin embargo, son pocos los que lo consiguen. Las personas que logran satisfacer sus necesidades de autorrealización son personas autorrealizadas. Ahora bien, Maslow afirma que menos del 1% de la población pertenecen a esta clase de individuos.
Las personas autorrealizadas se caracterizan porque:
Muestran un nivel alto de aceptación de sí mismos
Perciben la realidad de manera más clara y objetiva
Son más espontáneas
Piensan que las causas de los problemas son externas
Disfrutan de la soledad
Tienen una mentalidad curiosa y creativa
Disfrutan de experiencias cumbre
Generan ideas genuinas
Tienen un gran sentido del humor
Poseen un gran espíritu crítico y se rigen por valores éticos
Son respetuosas y humildes
Son tolerantes, no tienen prejuicios y disfrutan de la presencia de los demás.