Este deporte autóctono de Colombia, era practicado ya hace más de 500 años por los habitantes de la altiplanicie cundiboyacense en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá.
Sus orígenes, sin embargo, vienen de una de las experiencias terrenales más poéticas. Lo practicaban los muiscas cuando sentían que habían cometido una falta que tendría un atenuante con una ofrenda especial. Los nativos, entonces, simulaban ser los sacerdotes y se reunían en una cancha que representaba su bohío. Desde allí arrojaban hasta la otra, que personificaba el dios, esmeraldas, oro y deliciosas viandas.
Si la teatralización era de noche, la ofrenda era para el dios Chía, que en la mitología precolombina era la Luna. Y si era de día, era para Zué, sinónimo del Sol. En la cosmovisión de esta tribu, el universo era circular, de ahí que en su lenguaje el tejo, llamado por ellos zepcuagoscua, tuviera esa forma. Algunos eran de oro puro. (Cita tomada del tiempo.com)
Con la llegada de los españoles al territorio americano, el juego del turmequé se vio influenciado por los colonizadores, quienes introdujeron la pólvora empaquetada como un elemento visual y sonoro, que aumentaba la experiencia de juego haciéndolo más divertido; de esta forma se dio origen a lo que conocemos hoy en día como Mechas. De igual manera con el pasar del tiempo los discos de piedra fueron reemplazados por discos de metal, que hoy conocemos como Tejo.
El turmequé ha llegado a varios países de Sudamérica y de Europa. Por ejemplo en Venezuela se práctica hace más de 20 años en competición profesional, ejemplo de ello está la Liga de Tejo del Centro Occidente de Venezuela. Los jugadores y equipos ecuatorianos y venezolanos son los rivales de los colombianos. También se juega en países como España, México, Estados Unidos y Perú.