Ya son tres las ocasiones en las que nuestro alcalde se ha visto obligado a expulsar del salón de plenos a Gabriel Rufián. Y es que el díscolo diputado de Esquerra Republicana de Cataluña parece que la tiene tomada con nuestro pueblo. En cuanto le expulsan del Congreso de los Diputados no tiene mejor cosa que hacer que venirse a Villafranca a malmeter y a sembrar cizaña.
Primero fue lo de la calle Gerona. Que por qué no se le cambiaba el nombre por calle Girona. A lo que el alcalde le respondió que ni Gerona ni Girona. Que Presidente Adolfo Suárez y se acabó la discusión. Gabriel Rufián se levantó soliviantado y le tiró con desprecio un bocadillo de calamares que se estaba zampando, con tan mala puntería que fue a caerle encima al portavoz del grupo popular.
La segunda expulsión fue a raíz del apoyo que todo el pueblo mostró a la S.P. Villafranca en su intento de ascender de categoría. Gabriel Rufián tomó la palabra para pedir que todos los concejales se pusieran un lacito amarillo ya que todos decían tener el corazón de ese mismo color. Al alcalde le bastó con una mirada de las suyas para que el diputado catalán dejase de repartir lacitos y saliese por donde había venido. Eso sí, antes de salir mostró su mala educación lanzándole al alcalde el bocadillo de sardinas en escabeche que se estaba comiendo, con tan mala fortuna que fue a caerle de nuevo encima al portavoz del grupo popular. “Mire, señor alcalde -se quejó el portavoz popular-, mire cómo me ha puesto otra vez, mire, mire, ¿usted cree que hay derecho?, mire, mire…” Y fue entonces cuando el portavoz de Podemos le reprochó que no se quejara tanto, que a él también le había salpicado y no había dicho ni mu. “Claro que no se queja, claro -le contestó el popular-, como son sus amiguitos pues no se queja, claro. Pues ya ve lo que hacen sus amiguitos, esto es lo que hacen sus amiguitos…” Al final el alcalde puso orden y la bronca no llegó a más.
Cuando el pasado jueves volvió a presentarse Gabriel Rufián en el salón de plenos con un bocadillo de sobrasada en la mano pocos dudaban que ácabaría formándola con otra de sus polémicas intervenciones. Y así fue. Esta vez por el asunto de Expobarros. Que por qué se vetaban los productos catalanes en Expobarros. Que mucho queso y mucho jamón, pero ni una sola butifarra, ni un solo espetec. Que mucha tapa y mucho vino pero nada de cargols ni de cava.
Ante tamaño despropósito habría que ser un santo para no perder los nervios. Con su paciencia agotada el alcalde cogió la tablet que tenía encima de la mesa y se la lanzó a la cara a Gabriel Rufián, que al no esperarse esa reacción tan airada no pudo esquivar el golpe y salió de la sala con un ojo morado, la cara roja roja como un pavete y algunos dicen que casi llorando. “Hombre, señor alcalde -se quejó el portavoz popular-, entiendo que el momento era muy tenso y este señor tiene la cara muy dura, pero es que me ha roto usted la tablet, ¿no había otra cosa que tirarle? ¿En serio? ¿Siempre tengo que salir perdiendo? Ya está bien, no? Ya está bien…”