Cada vez somos más mujeres las que nos venimos quejando de lo que pasa en nuestras calles. Y lo que es peor, se pasan la pelota de unos a otros y nadie nos hace caso. Por eso me dirijo a este medio para decir bien alto y bien claro que YA ESTÁ BIEN DE JUGAR CON NOSOTRAS A LA FANDURRIA. No somos perindonas ni vamos por ahí con los borricales al aire. Tenemos derecho a que se nos trate el chuletaje con un poquito de respeto. Que ya no puede salir una a la calle con unos potrincos ajustados a la gusanilla sin que le goloseen los andurriales, ni ponerse la melindra por debajo del junquillo sin que le llamen a una marifaldona o cosas peores.
Hemos ido a ver al señor alcalde para tocarle la paquilla, o que él se la toque a los municipales y nos dé alguna solución. Pero nada. Dice que ahora está muy ocupado y sólo nos ha dado a probar unos bermellones en vinagre muy ricos que le han traido de Burguillos. También hemos hablado con el concejal de ODP ( Organización para la Defensa de lo Público), que en cuantito nos vio entrar por la puerta del despacho nos dijo que si ya estaba otra vez el alcalde lavándose las manos. "Pues sí", le dijimos, "es que estaba comiendo bermellones y eso mancha mucho". El muchacho muy bien, muy amable y muy atento con nosotras hasta que quisimos enseñarle la entrecornia, porque bastó ponerle los recoldos encima de la mesa para que se levantara diciendo que tenía que salir a hacer unas fotocopias y que mejor era hablar con el párroco del Valle, que él sabe más de estas cosas.
Don José tampoco ha querido mirarnos la entrecornia, pero después de insistirle mucho ha ido a la sacristía, se ha bajado la rebollera y nos ha enseñado los boloñales. Dos hermosos boloñales, sí. Pero eso no nos soluciona nada. Total, que al final nos ha dicho que hablemos con don Manuel, como si un médico pudiese arreglarnos la cosa esta de la mundanga callejera así como así. Pero le hemos hecho caso, porque para nosotras lo que diga don José va siempre a misa.
De camino al centro de salud nos hemos parado en la calle Larga a tomarnos una colachata con torcales, con tan mala suerte que al irnos se me ha enganchado la palurda en la puerta y se me ha salido todo el pirindolo. Entonces ha venido un fresco por detrás y se lo ha metido en la boca. Y eso a la gente le ha hecho muchísima gracia. Yo la verdad es que no se la veo. Y mis amigas tampoco. ¿Verdad que no se hubiesen reído tanto si una de nosotras le hubiera agarrado los golindres con las manos pringosas? Pues eso. Que estamos hasta el mollaje. Y aquí lo digo bien alto y bien claro para que se me entienda. VALE YA!
Graciela Pachula, 78 años. Villafranca.