El pequeño Reino del Sur (en comparación al territorio del Reino del Norte), mantuvo la dinastía de David y pudo superar muchas crisis. Aunque la mayoría de sus reyes fueron indignos, también hubo algunos de ellos que sirvieron a Jehová y de tiempo en tiempo hubo en Judá grandes reformas. La casa de David, elegida por Dios, constituyó un vínculo de unidad que le permitió al reino del sur sobrevivir por un período más largo que su hermano, el Reino del Norte.
Durante los tres primeros años de su reinado, Roboam sirvió a Jehová (2 Crónicas 11:17). Fortificó 15 ciudades de Judá y Benjamín, mayormente las del sur hacia Egipto. Al igual que su padre Salomón, tomó muchas mujeres para su harén, incluso tres que eran parientes cercanas. Pero dio sabiamente trabajo a sus hijos, dispersándolos entre las distintas poblaciones de provincias, y asignando a cada uno un cargo.
Consolidado el reino del sur, el rey y su pueblo abandonaron a Jehová, y se dieron al desenfreno del culto cananeo (1 Reyes 14:22-24). Una vez más se veían las llamas de los altares y las orgías frenéticas en los lugares altos de todo Judá. La madre de Roboam era amonita (1 Reyes 15:14), y es probable que llevara a su hijo cuando era pequeño a los cultos cananeos y le enseñara que Jehová era meramente uno de los muchos dioses que existían. Además, el cronista comenta que Roboam "hizo lo malo porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová" (2 Crónicas 12:14).
Dios castigó a Roboam, ya Judá permitiendo que Sisac de Egipto tomara muchos pueblos y ciudades en Judá y en Israel. Roboam había preferido confiar en sus fortificaciones y no en el apoyo del Altísimo, y ahora les habían fallado. Los egipcios acamparon delante de Jerusalén y la amenazaron, cuando el profeta Semaías anunció que la invasión era el castigo de Dios sobre la tierra. Roboam y los príncipes se humillaron, y Dios perdonó a Jerusalén. Sin embargo, Roboam tuvo que entregar a Sisac rey de Egipto los tesoros del palacio y del templo acumulados por Salomón, para que no tomara la ciudad.
Sisac no mantuvo su dominio sobre Palestina, pero grabó en el muro sur del gran templo de Amón en Karnac, el relato de la conquista, y una figura le representa entregando a su dios Amón 150 ciudades de Palestina.
En el reinado de Roboam, Judá declinó. La idolatría de este rey indigno, la situación de guerra intermitente entre los dos reinos y la devastadora invasión egipcia, se combinaron para debilitar notablemente al reino del sur.
Siguió los pasos idólatras de su padre. No perjudicó el culto a Jehová, pero permitió la adoración de dioses ajenos. "Mas por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén" y no apagó su dinastía. El cronista relata un episodio en que Jehová le concedió a Abiam una gran victoria sobre Jeroboam porque señaló que Jehová había prometido el reino a David para siempre: Jeroboam era un rebelde y un usurpador. Además, en esta ocasión Abiam y sus súbditos le rindieron culto al verdadero Dios. Abiam reinó solamente tres años.
El primer rey reformador , reinó 41 años y fue el primero de los reyes buenos en el Reino del Sur. Su largo reinado coincidió con los de siete reyes de Israel, desde fines del reinado de Jeroboam hasta comienzos del de Acab. Aunque Asa no terminó bien, su reinado comenzó muy bien.
Asa sirvió a Jehová en su juventud a pesar de haber sido criado en un ambiente de idolatría e inmoralidad. Tuvo por padre a Abías (Abiam), rey idólatra, ya Maaca por abuela.
Llevó a cabo una reforma quitando los ídolos y muchos lugares altos y expulsando a los sodomitas (hombres prostituidos). Es probable, sin embargo, que no tocara los lugares altos donde se practicaba el culto a Jehová. Mandó a Judá que buscase a Jehová y pusiera por obra la Ley divina. Se atrevió a destituir a la reina madre, Maaca, que había sido el espíritu imperante en la corte durante dos reinados. Dios lo recompensó dándole un período de paz. Asa aprovechó este período para fortificar las ciudades de Judá y reforzar el ejército.
En el décimo cuarto año del reinado, Judá fue invadido por un numerosísimo ejército de Etiopía probablemente organizado y enviado por el faraón Osorkon 1, sucesor de Sisac. Asa clamó a Jehová pidiendo su ayuda. Luego, envió sus tropas sobre la hueste mercenaria. La gran victoria de Asa sobre fuerzas dos veces más numerosas que las suyas, pone de relieve la intervención divina. Los judíos y benjamitas volvieron a Jerusalén con un gran botín.
Asa continuó con más vigor su gran reforma en todo el reino del sur. También restauró el altar de Jehová. Muchas personas del reino del norte, al ver cómo Dios estaba con Asa, emigraron a Judá, lo que ocasionó malestar con el Rey Baasa del Reino del Norte y solicitó la intervención de Ben-adad de Siria y no clamó la ayuda de Jehová.
El buen gobernante, fue el rey más hábil y enérgico que reinó sobre Judá desde los tiempos de Salomón. Su reino duró 24 años. Fue regente tres años junto a su padre Asa, pues éste enfermó de los pies en la última parte de su reinado. Entabló buenas relaciones con Israel. Fue un hombre muy piadoso e hizo siempre lo correcto, exceptuando su alianza con los reyes de Israel.
Fortificó las ciudades fronterizas, colocando fuertes guarniciones permanentes en ellas.
Josafat siguió los pasos de su piadoso padre, dedicándose a desarraigar de Judá todos los restos de culto idolátrico en lugares altos y bosques que se habían salvado del celo reformador de Asa. No pudo extirparlos completamente, pues no todo el pueblo "había enderezado su corazón al Dios de sus padres" (2 Crónicas 20:33), pero reconoció que había necesidad de enseñarle al pueblo la Palabra de Dios. Organizó entonces equipos dirigidos por altos funcionarios, acompañados por levitas y sacerdotes. Estos se dedicaron a visitar todos los lugares del reino, donde le enseñaban al pueblo la ley de Jehová. Sus reformas surtieron efecto y el temor de Jehová cayó sobre las naciones vecinas. Cesaron las guerras contra Judá.
El buen rey terminó la larga enemistad entre Judá e Israel, haciendo una alianza con Acab y arreglando el matrimonio entre Joram, su hijo,y Atalía, la hija de Acab y Jezabel, alianza que en el tiempo tuvo consecuencias desastrosas.
La prueba más grande de fe y a la vez la victoria más brillante que tuviera Josafat, tuvo lugar cuando Judá fue invadida por un gran ejército formado por las naciones vecinas, encabezadas por Moab y Amón. Josafat sintió temor, pero aun así no reunió a su ejército para tomar las armas. Pregonó ayuno y juntó al pueblo de Jerusalén para que orase a Jehová. El mismo lo dirigió en oración, reconociendo que los hebreos no tenían suficiente fuerza contra tan gran multitud y no sabrían qué hacer. "A ti volvemos nuestros ojos." El Espíritu de Jehová vino sobre un levita, y éste profetizó que la batalla no sería de Judá, sino de Dios
Apostasía y desgracia del indigno sucesor de Josafat. Josafat había cometido el error de tomar a Atalía, hija de Acab y Jezabel, para esposa de Joram y éste siguió con los pecados de su suegra y de su esposa. Su reinado de ocho años fue sangriento y desdichado en extremo.
Poco después de llegar al trono, Joram asesinó a sus seis hermanos y dio muerte a algunos de los principales nobles o "príncipes" de Judá. Restauró los lugares altos y la idolatría que su padre había suprimido.
Edom se rebeló contra Judá y sacudió su yugo; los filisteos y árabes que habían pagado tributo a Judá, se levantaron e invadieron el reino del sur y también saquearon el palacio de Joram, llevando cautivos a varios miembros de la familia real. Dos años antes de su muerte, el rey contrajo una dolorosa e incurable enfermedad. Se enfatiza el hecho de que sus súbditos lo despreciaban: nadie lamentó su fin, y a la hora de su muerte, tampoco fue honrado como rey, pues no recibió sepultura en las tumbas reales.
El hijo menor de Joram reinó solamente un año. Era débil y practicó el baalismo, pues fue hábilmente dominado por su malvada madre Atalía. Seguía la política idolátrica de su padre y también hizo alianza con Joram de Israel. Estaba con éste en Jezreel cuando estalló la revolución en Israel y los dos reyes fueron asesinados por Jehú. El reinado de Ocozías carece de importancia.
El reinado del terror en Judá duró seis años, cuando la dinastía de David en Judá fue interrumpida y estuvo a punto de extinguirse en 841 a.C., cuando la despiadada reina-madre Atalía tomó el trono de Jerusalén. Atalía era otra Jezabel pero la superó en dureza y crueldad y también en una influencia perniciosa sobre su esposo e hijos.
Atalía dio órdenes de destruir a todos los herederos del trono, incluyendo a sus propios nietos y así afirmó su poder. Puesto que era una fanática baalista, introdujo el culto fenicio en Jerusalén. Sin embargo, Dios no permitió que se extinguiera la casa de David y que fallara su promesa de que siempre habría un descendiente suyo en el trono. Jasaba (Josabet), hermana de Ocozías, raptó y escondió a Joás, el hijo de Ocozías, que tenía tan sólo un año.
Joás reinó cuarenta años (835-796 a.c.). Puesto que era niño cuando fue coronado, el peso verdadero del gobierno recayó sobre los hombros de Joiada, el sumo sacerdote. Fueron realizadas algunas reformas. Se extirpó el baalismo fenicio, se renovaron el pacto y el culto de Jehová y se reparó el templo que Atalía había descuidado.
Pero después de la muerte de Joiada, Joás fue seducido por los príncipes, cayó en la idolatría y aun dio muerte al hijo de Joiada, su benefactor. Fue castigado con la invasión de Siria. Sus siervos se volvieron en su contra por la injusticia que había cometido contra la Casa de Joiada, y le dieron muerte.
Una vez confirmado en su trono, ejecutó a los asesinos de su padre, pero perdonó la vida de los hijos de éstos, siguiendo la Ley mosaica (Deuteronomio 24:16). La muerte de Hazael en Damasco alivió a Judá de las invasiones sirias. Amasías emprendió la conquista de Edom, una nación que había hecho incursiones continuas en el sur de Judá (Amós 1:11). Contrató a un contingente numeroso de israelitas para la guerra a quienes despidió después de la recriminación del profeta.
Amasías derrotó decisivamente a Edom y la saqueó. Luego trajo los dioses de los edomitas a Jerusalén para adorarlos, cosa absurda, pues éstos no habían podido proteger a sus propios devotos.
Pensó castigar a Israel por el saqueo hecho por los mercenarios israelitas. Joás, rey del reino del norte, contestó a la amenaza de Amasías con tono de escarnio, sin intención alguna de aplacar a su antagonista. Después lo derrotó y lo hizo prisionero, destruyendo parte de la muralla de Jerusalén y despojándola de la plata y el oro. Aunque Amasías volvió a reinar en Judá 14 años, nunca recobró el prestigio que tenía antes de guerrear en contra de Israel. Sus súbditos lo menospreciaban y finalmente lo asesinaron.
Uzías fue el líder más fuerte y capaz de Judá desde el reinado de Salomón. Reinó 52 años. Cuando tomó las riendas de Judá, las esperanzas de este reino habían llegado a su punto más bajo desde el cisma. La derrota de Judá frente a Israel fue una enorme catástrofe, pues el reino del sur sufrió mucho. Pero Uzías cambió su futuro. Al final del reinado de Uzías, Judá había extendido su dominio sobre sus vecinos y era una nación próspera y fuerte. Sin embargo, no dio buenos resultados espirituales al olvidarse de Dios.
Reedificó los muros de Jerusalén, organizó y equipó un formidable ejército, venció a filisteos, árabes y amonitas y extendió los límites de su nación hasta el golfo de Acaba. La minería del cobre y del hierro que había florecido bajo Salomón fue renovada en la península de Sinaí. La expansión territorial de Judá le permitió tomar el control de una serie de ciudades estratégicas y de las rutas de comercio que conducían a Arabia, Egipto y otros países. La extensión de Judá y su influencia durante este reinado, sólo fueron inferiores a las que el reino unido había disfrutado en la época de David y Salomón. Sin embargo, las esperanzas de Uzías de restaurar todo el imperio de Salomón se vieron frustradas finalmente con el surgimiento del poder asirio.
Cuando "ya era fuerte su corazón, éste se enalteció para su ruina". Uzías se arrogó prerrogativas sacerdotales, entrando en el templo para ofrecer incienso en el altar. Los sacerdotes no quisieron que entrara, y el rey, irritado, los desafió. Dios lo castigó hiriéndolo con la lepra. Uzías se vio obligado a aislarse en una casa apartada hasta el fin de sus días. Jotam, su hijo, fue corregente durante los años de su enfermedad.
Jotam reinó aproximadamente 20 años, pero principalmente como corregente de su padre. Después de reinar solo tres o cuatro años, el partido pro-asirio de Jerusalén elevó a Acaz al trono de David como regente con él. Jotam siguió la política de Uzías, construyendo defensas y estimulando la agricultura. Sofocó la revuelta de los amonitas.
Con la amenaza de una invasión de los temibles asirios, encontró problemas para mantener su política anti-asiria. Promovió la religión de Jehová, "pero el pueblo continuaba corrompiéndose" (2 Cránicas 27:2).
Acaz fue uno de los reyes más indignos de la casa de David. No tenía valor, patriotismo, energía, prudencia, piedad, ni aun respeto por las tradiciones de su casa y nación. Restauró la idolatría, incluso el sacrificio de los niños a Moloc y ofreció a su propio hijo en sacrificio.
Siria, bajo la dirección de Rezín, e Israel, gobernado por Peka, invadieron a Judá. Dios permitió que derrotaran a Acaz, matando a 120.000 soldados de Judá en un solo día, también sus antiguos enemigos, Filistea y Edom, se levantaron en su contra. Judá perdió mucho territorio en las guerras.
No confió en Dios y acudió al rey asirio Tiglat-pileser II. Este se alegró de tener una excusa para librar una guerra contra Siria e Israel. En el año 733 a.c., marchó contra Siria, conquistando y devastando el territorio de esta nación. Acto seguido, arremetió contra Samaria y Judá perdió la independencia de su reino y se hizo un simple súbdito de Asiria; tenía que pagarle tributo año tras año.
Al encontrarse con Tiglat-pileser en Damasco, Acaz quedó impresionado con un altar sirio. Mandó que el sacerdote Urías hiciera uno similar en Jerusalén. Así introdujo en Judá el culto de un país enemigo y derrotado por los asirios.
Fue el más fuerte y mejor de los últimos reyes de Judá. Aunque su padre fue muy perverso y su hijo el peor de los reyes, Ezequías fue un hombre piadoso, resuelto y valiente. Depositó su confianza en Jehová y decidió llevar a cabo una reforma que restableciera en toda su pureza su culto. Su reforma salvó sin duda a su reino del trágico destino que le sobrevino a Samaria, cuya caída tuvo lugar durante su reinado (si se cuentan los años que reinó como corregente de su padre, 726-715 a.c.). Los tres secretos del éxito de Ezequías fueron: que hacía caso a su gran consejero, el profeta Isaías, que se decidió a hacer un pacto con Jehová (2 Crónicas 29:10) y que comenzó inmediatamente su obra de reforma (2 Crónicas 29:3).
Limpió y abrió de nuevo el templo. Las lámparas que estaban apagadas volvieron a encenderse y la mesa de los panes de la proposición fue ordenada. El templo fue reparado en dieciséis días. Luego se restableció en él el culto a Jehová.
Reanudó la celebración de la Pascua e invitó al remanente que había quedado en la tierra del desaparecido reino septentrional a participar de ella.
Eliminó la idolatría en Judá. Con celo iconoclasta, el pueblo rompió los ídolos y los altares que Acaz había erigido.
Organizó los turnos de los sacerdotes y levitas para que sirvieran en el templo. Reformó la recolección de los diezmos y las ofrendas.
Ezequías era totalmente contrario a los asirios, pero tuvo la sabiduría de no rebelarse contra Asiria durante el reinado del poderoso rey asirio Sargón. Lo que hizo fue ir realizando los preparativos necesarios para la guerra, cuando fallece Sargón se alía con Egipto y ese fue su error, pues Senaquerib, rey de Asiria, invadió y sitio después a Jerusalén, por lo que Ezequís oró y Dios libró a Judá.
Manasés fue el peor rey de Judá y el que más tiempo reinó: aproximadamente 55 años Aunque sin duda fue criado cuidadosamente durante la vida de su padre, cayó bajo malas influencias después. Estableció el politeísmo. Fue un aborrecedor fanático de Jehová. Deliberadamente deshizo las reformas que su padre había realizado con tanto sacrificio y abnegación. Reedificó los altares e ídolos que Ezequías había destruido, restableció el culto a Baal e hizo una imagen de Asera (Astarte) poniéndola en el templo. Patrocinó el espiritismo y el culto a las estrellas y los planetas y también estableció el sacrificio de seres humanos, ofreciendo a su hijo al dios Moloc. Cruelmente silenció las voces de los justos, quienes protestaban contra la idolatría; llenó a Jerusalén con su sangre. Dice la tradición que Manasés hizo aserrar en dos a Isaías.
Dios castigó a Manasés entregándolo en manos de los asirios. Estos lo llevaron a Babilonia encadenado. Probablemente le pusieran argollas en los labios y ataran cordones a ellas para conducirlo. Se arrepintió, y Dios lo libró y lo restauró a su trono. Luego Manasés trató de deshacer la idolatría y restaurar el culto a Jehová. Pero ya era tarde. Había destruido el orden profético y las personas piadosas.
En su breve reinado de dos años, Amón hizo volver a Judá a la idolatría de Manasés. La educación impartida a Amón en su adolescencia, indudablemente tuvo más influencia en la formación de su carácter, que el tardío período de reforma. Los siervos de palacio le dieron muerte.
Fue uno de los períodos más felices en la historia del reino del sur. Se caracterizó por la reforma, la paz y la prosperidad. Con la muerte de Asurbanipal en el año 627, el imperio asirio empezó a desmoronarse y paulatinamente volvió Judá a ser una nación casi libre del yugo asirio.
Josías comenzó a reinar a los ocho años y a los dieciséis empezó a buscar a Dios. Su madre Jedida aparentemente fue una mujer espiritual, pero sus piadosos consejeros fueron tal vez quienes lo impulsaron a seguir a Jehová, a pesar de que la nación se había entregado casi íntegramente a una idolatría degradante. Fue uno de los mejores reyes de Judá, un hombre bondadoso, celoso para con la religión de Jehová y un gran reformador.
Al principio de su reinado, la religión de Josías era estrictamente personal. Pero en 628 a.C., comenzó sus reformas. Quizá haya sido animado en su obra por personas religiosas. Josías desarraigó de Jerusalén y de Judá la flagrante idolatría y las prácticas paganas que su padre Amón había vuelto a introducir después de haber sido abolidas por Manasés.
El debilitamiento del imperio asirio permitió que Judá extendiera su influencia sobre la región que anteriormente había sido el reino de Israel. Así que Josías pudo realizar su reforma en los territorios de Manasés y Efraín, Isacar y hasta Zabulón. En Bet-el, el altar erigido al becerro de oro hacía trescientos años por Jeroboam, fue derribado.
La fase positiva de la reforma consistió en la reparación del templo, se descubrió el libro de la ley "dada por medio de Moisés" cuando el templo fue reparado en 621 a.C. El escriba Safán le leyó el libro al rey, y éste se dio cuenta de cuán lejos su nación se había apartado de la Palabra de Dios, y de las funestas consecuencias profetizadas por Moisés. Alarmado, Josías rasgó sus vestidos. Consultó con HuIda, la profetisa. Ella declaró que los juicios por la idolatría eran inevitables, pero que Josías no vería su cumplimiento, pues él deseaba hacer la voluntad de Dios. Josías reunió una gran asamblea de ancianos, sacerdotes, levitas y pueblo en Jerusalén a fin de escuchar la lectura del libro.
En 626 a.C., Nabopolasar de Babilonia se rebeló contra Asiria y logró librar a Babilonia del dominio asirio, El último monarca asirio, Asuruballit U, intentó resistir a los babilonios en Harán, esperando ayuda de Egipto, pero fue derrotado en 609. El faraón Necao de Egipto marchó hacia el norte a través de Palestina para defender los remanentes del moribundo imperio asirio. Josías trató de detenerlo en Meguido, a 100 kilómetros al norte de Jerusalén. Es posible que el rey de Judá quisiera granjearse el favor de Babilonia. En la batalla fue alcanzado por una flecha de los arqueros egipcios y falleció.
Ante la inesperada muerte de Josías, el pueblo de Judá entronizó a Joacaz (Salum), pero después de reinar sólo tres meses fue depuesto por los egipcios y llevado prisionero a Egipto, donde murió al poco tiempo. El faraón Necao nombró como rey a Joacim (Eliaquim), quien reinó once años en Jerusalén. Sedequías, el hijo más joven de Josías, fue el último rey de Judá.
Los egipcios exigían un fuerte tributo a Judá (2 Reyes 23:35), algo que indudablemente le produjo graves problemas económicos a la nación, tampoco quiso Joacim oír las predicciones del profeta. Cuando Jeremías profetizó la destrucción del templo, tanto el pueblo como el monarca quisieron darle muerte.
En 605 a.c., Nabucodonosor, el hijo del rey Nabopolasar, expulsó a los egipcios del territorio anteriormente dominado por los asirios. Las tropas babilónicas atravesaron victoriosas Siria y Palestina. Nabucodonosor llegó a las fronteras de Egipto, pero al recibir noticias de la muerte de su padre, volvió de prisa a Babilonia para ser coronado rey del imperio de los caldeas. Al siguiente año estuvo nuevamente en Siria. Joacim se vio obligado a someterse al poderoso monarca babilónico, haciéndose su vasallo.
Joacim se sublevó y Jehová envió contra Joacim tropas de caldeas, de sirios, de moabitas y de amonitas (2 Reye s 24:2), como castigo por su maldad y por haber perseguido a los piadosos de Jerusalén. Entonces Nabucodonosor volvió a marchar contra la Tierra Santa en 598 a.c. Antes de que llegara el gran monarca con su ejército a Jerusalén, murió Joacim, es probable que fuese asesinado por sus súbditos, como un medio para aplacar la ira de los babilonios.
Tuvo que entregar la ciudad de Jerusalén a los babilonios después de reinar sólo tres meses. Los babilonios despojaron de sus tesoros al templo, y transportaron a Babilonia la flor y nata de la nación, más de 10.000 cautivos, mayormente la nobleza, los líderes, los artesanos y los soldados, incluyendo a Ezequiel. Anteriormente, habían llevado a Babilonia unos cuantos prisioneros, entre ellos a Daniel y a sus compañeros. Nabucodonosor puso al tercer hijo de Josías, Matanías, en el trono y cambió el nombre de éste por el de Sedequías.
Era más débil que malo. Parece que el pueblo de Judá nunca lo consideró como un monarca legítimo, porque había sido puesto en el trono por Nabucodonosor. El partido antibabilónico constantemente lo presionaba para que buscase ayuda en Egipto y se rebelase contra Babilonia. Los falsos profetas le aseguraron que Dios había roto el yugo de Babilonia y que al cabo de dos años los desterrados en Babilonia volverían a Jerusalén (Jeremías 28:2-4). Jeremías trató de persuadir al rey y a su pueblo de no ir en contra de la voluntad de Dios.
Nabucodonosor atacó inmediatamente a Jerusalén, colocando frente a las murallas un poderoso equipo de sitio y pesados arietes, pero la ciudad era demasiado fuerte para ser tomada en una acción abierta de asalto. El sitio fue abandonado por un breve período, pues los egipcios enviaron un ejército para ayudar a la ciudad. Los israelitas recuperaron la confianza, pero pronto los babilonios derrotaron al ejército del faraón y sitiaron nuevamente a Jerusalén. Duró el sitio un año y medio y fue un período de hambre y de sufrimientos increíbles.
En el verano de 586 a.c., los babilonios hicieron una brecha en las murallas. Sedequías y sus tropas intentaron escaparse huyendo de noche, pero fue capturado en la llanura de Jericó y llevado a Ribla, la sede militar de Nabucodonosor al norte de Damasco. Allí fue juzgado y condenado. Sus hijos, uno por uno, fueron muertos ante él y luego Sedequías fue cegado y llevado encadenado a Babilonia, donde pasó el resto de sus días en la cárcel.