La estupidez como común denominador
La estupidez como común denominador
En democracia todos los ciudadanos tenemos el derecho de hacer conocer nuestros desacuerdos respecto a las políticas que atentan contra las libertades constitucionales; y es justamente eso lo que esta haciendo la población movilizada del país.
La falta de argumentos del oficialismo promueve mensajes de odio y confrontación, tanto Luis Arce, como David Choquehuanca; se encuentran dedicados a organizar la “defensa” de su gobierno instando a salir a las calles a enfrentar a quienes se encuentran protestando contra le Ley 1386 en la que se presume la culpabilidad a sola sospecha de actitud ilícita; en otras palabras el movimiento económico que generemos las personas particulares y jurídicas serán controladas por la Unidad de Investigaciones Financieras; institución omnipotente que, de acuerdo a esta ley; tiene el derecho de congelar nuestras cuentas, a sola sospecha de oficio o denuncia anónima.
En otras palabras, se ha creado una policía financiera que, sanciona, antes de investigar y obliga al ciudadano a probar su inocencia; cuando el debido proceso, en todas partes del mundo, prima la presunción de inocencia y el Ministerio Público quien debe comprobar la culpabilidad.
Pero resulta que ahora la UIF se encuentra más allá del bien y del mal; y ante un atentado semejante, el gobierno pretende que nos quedemos de brazos cruzados…Que permitamos la vigencia de un estado despótico y represivo en el que no tengamos la libertad del disenso.
La incapacidad política y administrativa del régimen, pretenden cubrirlo con el enfrentamiento, un enfrentamiento en el que los sectores afines al gobierno, esos sectores que se encuentran bajo la protección descarada del oficialismo como los interculturales que avasallan territorio indígena, secuestran a periodistas y proveen de materia prima al narcotráfico y no se detiene a nadie, ni siquiera con fines investigativos.
Entre las incoherencias del día resalta también las declaraciones de Freddy Mamani, el Presidente de Diputados menciona que se está convocando al diálogo con los sectores que observan la Ley para que se mencionen los artículos observados…
Es lamentable escuchar esa estúpida escusa de quien preside la cámara de diputados, ¿acaso este señor no se da cuenta que la población no está de acuerdo con la filosofía represiva de las leyes en conflicto?
Dice también, esta ley sólo es aplicable a los que se enriquecieron de manera ilícita… en otras palabras estas leyes son para el cumplimiento de ciertos sectores de la población… Otra estupidez monumental; pues cuando se sanciona una ley es para su aplicación a todos los ciudadanos de un estado, no se dictan leyes por sectores, es decir en una sociedad no puede haber sectores privilegiados, cuando menos desde el punto de vista de la aplicación de la Ley.
No se le puede decir al ciudadano… QUÉDATE TRANQUILO QUE ESTA LEY NO ES PARA VOS.
Reitero… que la oposición del pueblo boliviano no es a tal o cual artículo de la norma legal, sino a la filosofía represiva de las leyes que expresan el principio de presunción de culpabilidad del sospechoso, quien previo al juicio ya se encuentra sancionado por la UIF.
El mensaje de los sectores movilizados es claro… o se derogan las normas draconianas o en el país o vamos a tener problemas, porque si no se llega a un acuerdo y el gobierno da brazo a torcer, las movilizaciones de hoy… sólo podrían ser, la punta del iceberg de los resultados de mañana.
Resumiendo, los conceptos vertidos por el presidente Luis Arce, el vicepresidente Davis Choquehuanca, el presidente de diputados, Freddy Mamani; alguno que otro ministro, viceministro y legislador del MAS, podríamos concluir que el común denominador que los cohesiona… es LA ESTUPIDEZ…
Soliloquio de un izquierdista
La ubicación casual de girondinos; a la derecha y jacobinos, a la izquierda del presidente de la Asamblea Francesa en 1789; significó, en la política universal, la categorización de las fuerzas que proponen la conservación del estado de cosas como derecha; y de quienes promueven un cambio social revolucionario, como izquierda.
Más allá de la casualidad del siglo XVIII; el factor que determina una forma de pensar y de actuar, es el principio y la convicción de hacer lo social y políticamente correcto.
Quienes vivimos el proceso de restauración de la democracia en las décadas de los 70 y 80; fuimos parte de una juventud rebelde que propugnaba democracia, participación y libertad; sentíamos hastía de gobiernos militares cuya “legitimidad” se expresaba en el poder de las armas, el terror, la muerte y el exilio.
Todos quienes pensábamos en las libertades democráticas, como libertad de expresión y pensamiento, éramos tildados de izquierdistas y enemigos del Estado y del orden establecido, pues era delito oponerse al régimen militar que imperaba en ese entonces.
Luego de la movilización social que puso fin al septenio dictatorial de Hugo Bánzer Suárez tres fueron las elecciones consecutivas (1978 - 79 - 80) que no terminaron en la fiesta constitucional que todos esperábamos, sino más bien en una orgía de sangre que enlutó, una vez más, al país; debido a la angurria de poder de una cúpula castrense que no quiso entender que esa página de la historia ya había sido volcada y que la democracia era la forma de gobierno al cual el mundo se inscribía.
En una coyuntura como la descrita, ¿quién no iba a ser de izquierda?; si a esto sumamos la claridad del mensaje de Marcelo Quiroga Santa Cruz que habiendo iniciado una carrera electoral con menos de 30 mil votos en 1978; para las elecciones de 1980 ya había alcanzado un caudal electoral de 170 mil votos y haberse convertido en la cuarta fuerza a nivel nacional. Proceso de crecimiento que sólo pudo ser truncado con su asesinato, en ese fatídico 17 de julio del 80.
Esa convicción revolucionaria que logró instaurar la democracia en el país es la que debe ser revitalizada en la actualidad, en este momento vemos que la democracia ha sido secuestrada por grupos de poder que reducen el debate político a una repugnante explotación publicitaria o a la dramatización de ciertas infidencias que frecuentemente expresan un modo zoológico de disputa, con el perdón de los animales.
Una de esas repugnantes infidencias es el haber posesionado en el imaginario nacional, a un Movimiento al Socialismo, como representante de la izquierda nacional, cuando los rasgos delincuenciales del gobierno y la institucionalización de la corrupción, constituyen la expresión de las nuevas jerarquías económicas y sociales que se han enraizado en los últimos 15 años y que denotan una actitud social y política totalmente contraria a la de una izquierda que permanentemente ha luchado por el respeto a las libertades democráticas y al estado de derecho.
La dominación despótica del MAS enfrentó una crisis cuando el 2019 se diera el factum de las “pititas” un acto heroico de los diferentes sectores de la sociedad cuya consigna movilizadora era la de hacer respetar la voluntad popular, logrando que en un acto de cobardía y carente de argumentos el caudillo del ancien régime renuncie a la primera magistratura del Estado.
Ante el vacío de poder dejado por la cúpula autoritaria del MAS; la decisión de darle una salida política al problema recae en la Asamblea Legislativa Plurinacional; donde asume por sucesión la segunda vicepresidenta del Senado, un régimen que se rodea de aves de rapiña, traicionando, una vez más, a la heroica gesta popular que durante 21 días se volcó a las calles a defender la democracia y la libertad.
Si permitimos que estos actores políticos, los primeros ladrones institucionalizados a lo largo de más de 14 años; y los segundos una secta de delincuentes que en poco menos de dos años entraron a agarrar lo que podían; estaremos condenando a la democracia a un fatal destino.
En el contexto de esta crisis política, es por demás jocoso oír a los traidores del 2019 (Demócratas, Creemos y Comunidad Ciudadana) lanzar furibundas arengas acerca de la unidad, una unidad cuya columna vertebral se basa en un discurso excluyente, en el que no deben participar las fuerzas populares, sino únicamente las élites oligárquicas de Santa Cruz y La Paz.
Por lo tanto, la forma en que se dé la unidad es a partir de que seamos capaces de celebrar una cumbre política con representación de todos los actores sociales, donde se pueda realizar una reinterpretación de la lucha democrática, pues en Bolivia las banderas de democracia, libertad y justicia no sólo se encuentran vigentes sino, tienen una gran trascendencia.
Se impone la necesidad de escuchar, entender y valorar la opinión del otro; y juntos encontrar los consensos necesarios para construir una visión de país, democrática, participativa, justa y autonómica.
El Estado de la mentira
En su libro, más allá del bien o del mal, Nietzsche decía: “no existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos”.
Cuando se pierde la capacidad de discernir entre el bien y el mal; o cuando se ha perdido esa facultad para interpretar moralmente un fenómeno o un hecho; podemos decir que se ha perdido la esencia fundamental de la raza humana, pues la moral y la ética son las particularidades que nos diferencian de los otros seres vivos que cohabitan el planeta.
Es evidente también que los seres humanos elegimos a lo largo de nuestras vidas, a preferencia o capricho, hacer el bien o hacer el mal, es a lo que se denomina “libre albedrío”; conscientes, por su puesto, que esa nuestra actuación conllevará a consecuencias posteriores.
Uno de los principios sobre los cuales se han edificado las culturas es la prevalencia de la verdad y la acción punitiva en contra de la mentira, el octavo mandamiento de las leyes de Moises inscritas en la tradición judío-cristiana señala; “no levantar falso testimonio ni mentir”; en la tradición budista el “acto de verdad”, alcanza paralelismos mágicos, pues se le considera un acto de bendición protectora. En la cultura inca cuando un miembro de la comunidad violaba el principio del “ama llulla” era condenado a la pena de muerte; y así nos podemos pasar horas enumerando la forma como en toda formación social ha prevalecido siempre la verdad como criterio del bien y la mentira como código del mal.
En este punto de mi arenga quiero apoyarme en la obra de Olga Flores Bedregal, “El País sin Fin” quién nos recuerda que cuando decimos una mentira, la deformación facial nos delata, tal es el caso del personaje del cuento de Carlo Collodi; Pinocho, en el que su nariz crecía proporcionalmente a la cantidad de mentiras que emanaban de sus labios. Esa sin duda, fue la descripción más simpática para aleccionar a la niñez del siglo pasado acerca de la malevolencia intrínseca que lleva la mentira.
Todo lo descrito hasta este momento vemos que se encuentra en la tierra del “nunca jamás” o en la isla “Utopía”; en otras palabras, en el limbo de lo mágico, fantástico e inalcanzable, pues la historia de la humanidad se ha edificado a partir de intrigas, mentiras y traiciones, al extremo que en este momento es imposible alimentar la conciencia de la niñez y adolescencia, con criterios de verdad ya que la vida, la sociedad y el estado, les dan ejemplos completamente contradictorios a lo que en teoría se difunde.
La estructura social dantesca en la cual nos encontramos es el producto de un patrón ideológico recurrente y que se funda, utilizando palabras de Einstein; en la infinita estupidez humana; estupidez que queda de manifiesto al ser la única especie en la naturaleza, que destruye su hábitat; o al permitir que obscuros personajes que pasaron a la historia como el arquetipo maquiavélico de un político como José Fouché, (Francia 1789) o Joseph Goebbels (Alemania Nazi 1944); para citar nombres de talla internacional, sin embargo existen también los nativos como Casimiro Olañeta (siglo XIX) y actualmente Juan ramón de la Quintana, entre otros; todos ellos conforman el aquelarre diabólico que independientemente del “macho cabrío” pretenden mantenerse en el poder de forma indefinida, hasta que la muerte ponga fin a sus macabras intenciones.
La crisis política en el país ha resultado ser la prioridad de la élite gobernante, pues con el fin de restituir en el poder al emperador cocalero, ese aquelarre nacional viene generando sistemáticamente en el imaginario boliviano, el fantasma de un golpe de estado, y de esta forma deslegitimar al actual gobierno, sembrar zozobra y promover una nueva elección en un plazo no mayor a un año…
Mientras el grupo de poder real al interior del MAS promueve el ardid para restituir a Morales en el Palacio el Gobierno, la oposición… muy bien gracias…pues hasta el momento no se ha podido estructurar una organización política capaz de derrotar al oficialismo, por eso Evo Morales y su séquito pueden hacer lo que les dé la gana en este país.
En este momento los sectores movilizados, indígenas, gremiales y cooperativistas exigen respuesta a sus demandas, el país requiere solución a la crisis económica, sin embargo, nadie escucha, no hay una sola autoridad, ejecutiva o legislativa que sea capaz de recabar esa demanda social y promover los proyectos de ley necesarios.
Lo que pasa que tanto oficialismo como oposición fundan sus principios en la pirámide de la mentira y el engaño y antes de buscar soluciones reales y objetivas a las demandas sociales, prefieren engañar, urdir y socializar mentiras que les permita mantenerse más allá del bien y del mal; indolentes a la crisis social y económica por la que atravesamos los bolivianos, independientemente del color de la piel o el lugar de nacimiento...
La estrategia de posicionamiento político utilizada por todas las organizaciones que buscan acceder, por un lado, o perpetuarse por otro, en los diferentes niveles de administración estatal en el país, pretende que los ciudadanos nos convenzamos que la confrontación entre izquierda y derecha aún se encuentra vigente.
El oficialismo se atribuye la representación de indígenas, originarios, campesinos y de todos los desposeídos del país, a quienes, según ellos, les ha llegado la hora de dar la vuelta la tortilla y quitar al rico para dar al pobre, y de esta forma alcanzar la “igualdad económica” entre los seres humanos, empobreciendo a quienes han logrado un standard de confort y bien estar. Ese es el mecanismo que utiliza ese autodenominándo “partido de izquierda”.
En la otra vereda una parafernálica oposición cuyo adjetivado discurso no hace más que condenar a la “izquierda” a las llamas candentes del averno y mostrar al liberalismo conservador como la panacea celestial, que nos permita alcanzar el sueño dorado de riqueza y bienestar.
Ambos métodos marketeros, condenan a la sociedad a convertirse en la pasiva audiencia de un nefasto e infinito drama en el que no existen ni vencedores ni vencidos, pues ambos protagonistas dependen, uno del otro, para su supervivencia.
Este es el circo que, durante el primer cuarto del siglo XXI, montaron los protagonistas políticos cuyo guion se inscribe en la burda entelequia de justificar la vigencia o no de los postulados de Marx, Engels, Lenin o Gramsci, por un lado; o Maquiavelo, Smith o Kant por otro.
Sin duda ese falso escenario hace que la agenda política no sea más que una cortina de humo que cubre y distrae a la población, mientras los actores políticos disputan, cuan botín de guerra, la administración estatal, celebrando procesos electorales de los cuales, sin interesar quien salga victorioso, el perdedor recurrente es el pueblo boliviano.
Las acciones represivas del oficialismo y el exacerbado interés porque la justicia funcione a través de amparos y recursos por parte de la incipiente oposición política, son los mecanismos que ambas posiciones políticas utilizan, para no perder los privilegios que ostentan y mantenerse vigentes en un concierto político intrascendente.
Aparentemente estos personajes, nunca se pusieron a pensar que la solución a nuestros conflictos sociales y económicos, no se encuentran en los textos de los clásicos de la ciencia política ni en las disputas bizantinas de una inexistente izquierda vs una imaginaria y mesiánica derecha, la solución a los problemas se encuentra en el momento en que alcanzamos la capacidad de escuchar e interactuar con la sabiduría popular, y seamos todos capaces de humanizar la política y comprender que el sujeto y objeto del proceso de desarrollo es el ser humano.
La balcanización racial de la sociedad es por demás peligrosa, pues la reivindicación de raza únicamente nos conduce a enfrentamientos intersticios cuyo resultado no podrá ser otro que el luto, el llanto y el dolor de familias bolivianas, sin importar si los que sufren son indígenas, cambas, collas, chapacos, o afrobolivianos.
En vísperas de celebrar 39 años de vida democrática en el país es vidente que ha llegado el momento de construir un verdadero escenario democrático, en el qua las autonomías sirvan para la planificación de desarrollo regional, con una visión a mediano y largo plazo; y no pretender vivir bien hoy y mendigar mañana; es la hora de dejar de ser los herederos del pasado, sino convirtamos en los padres del futuro renunciando a nuestra visión cortoplacista y de esta forma legar las generaciones venideras una democracia más humana, participativa y complementaria…
Duele, espanta y corroe el alma al ver en la escena política, la forma como la democracia boliviana se encuentra secuestrada por bandas incendiarias; cuya bandera de lucha fue y es, una candente flama encendida por el más nefasto combustible compuesto por corrupción, centralismo despótico e indolencia social; tres elementos que sirvieron y sirven como pilares ideológicos, tácticos y estratégicos de la actual “clase política”.
No creo que exista un calificativo más adecuado que el de bandas incendiarias, para describir a las élites partidarias que a su turno utilizaron el discurso democrático para lucrar con la miseria, el hambre y la vida de los bolivianos, pues para ellos no existe nada más sagrado que los placeres que brinda el poder y con el fin de no perderlos son capaces de recurrir, al mejor estilo de Nerón; a la incineración del Estado.
A lo largo de nuestra historia, tanto durante las dictaduras como en los últimos 38 años de vida democrática, las estructuras políticas que administraron el estado, se rigieron por esos tres nefastos principios, corrupción, despotismo e indolencia… Corrupción, porque de esa forma lograron abarrotar sus cuentas familiares y solucionar el problema económico de sus generaciones futuras y acumulando recursos para valerse de ellos como su más preciada fuente de poder.
La concentración del poder en una élite despótica es la otra característica de las organizaciones políticas que hoy pretenden monopolizar el escenario, el hablar de “militantes”; es una quimera que se quedó en los anales de la historia como aquellas personas que definían el accionar de un partido político, producto de la interacción y discusión permanente; en la actualidad sólo es posible hablar de “seguidores”; pues el seguidor a diferencia del militante es aquella persona que sólo obedece, justifica, protege y hasta delinque por encubrir al “Jefe”; no tiene autonomía y sus derechos políticos se degradan al extremo de amarrar los zapatos, servirles de proxenetas y gritar fuerte en las concentraciones partidarias.
La forma de accionar descrita es común para las organizaciones políticas y es por ello que las mismas carecen de apoyo ciudadano, ahora ser político es convertirse en el cáncer de la sociedad y como tal debe ser extirpado, para dar paso a expresiones ciudadanas mucho más legítimas que emerjan de los procesos sociales que buscan una verdadera revolución social, en el que la democracia, la participación, la honestidad y la justicia social se constituyan en valores fundamentales de la reconstrucción nacional.
Catorce años de oscurantismo despótico, protagonizados por la ignorante élite masista, se traduce en el escarnio que se hizo de la nobleza del pueblo boliviano; un pueblo que en su momento supo confiar y brindar la oportunidad para que el MAS gobierne como rechazo a la vieja usanza del pacto político, pero también, en otro momento histórico ese mismo electorado tomó la decisión de decir ¡Basta!!!
Ese pueblo movilizado fue capaz de protagonizar una lucha inquebrantable; hasta logra la huida del dictador y la llegada a la Presidencia del Estado de un gobierno de transición, sin embargo; la intervención de esa clase política, que negoció la pacificación social con los esbirros del dictador, actuó de espaldas a las demandas sociales, ahora nos encontramos en el umbral de una dudosa elección, plagada de observaciones de índole legal y en la cual se pretende permitir la participación de un partido político que incurrió en un delito electoral flagrante y que las autoridades del Tribunal Supremo Electoral y el Tribunal Constitucional se niegan a actuar de acuerdo a lo que en Ley, corresponde.
De esta manera queda de manifiesto que, a la clase política, no le interesa el problema de la pandemia, ni la crisis económica, ni mucho menos la reconstrucción de la sociedad boliviana, sino únicamente el llegar, no importa los medios, a la ansiada silla, electrolizando la crisis múltiple y queriendo vender el “fetiche” de que las elecciones son la solución a los problemas del país.
Frente a esa acción ilegal y mentirosa de los actores políticos, sólo queda echar mano de la reacción popular en torno a un objetivo central, exigir la aplicación de la norma y por lo tanto corresponde cancelar la sigla del MAS y no permitir su participación ni en esta ni en futuras elecciones…