Si durante el siglo XV, Florencia fue la ciudad por excelencia del Quattrocento italiano, durante el siglo XVI, será la actual capital italiana, Roma la capital del arte por antonomasia durante el Cinquecento, configurándose como la capital artística de la actual Italia, destacando como motivos, la fuerte influencia ejercida por el Papado, teniendo un papel esencial en el desarrollo del arte, donde los papas-príncipes pasando actuaban como protectores de los artistas y mecenas, destacando figuras como Julio II, León X o Clemente VII, sin obviar el hecho de que por sí sola, Roma contenía una gran herencia clásica, configurándose como una ciudad de aprendizaje para miles de artistas que buscaban hacerse un nombre en las artes artísticas.
A lo largo del periodo correspondiente al alto Renacimiento italiano, denominado Cinquecento, el arte deberá atenerse y adaptarse a las normas que el decoro imponga, dado que la mayor parte de las obras serán encargos destinados a la decoración de edificios religiosos. Junto con esto, hay que añadir que el arte renacentista clásico alcanzará en estos momentos su culminación, además de que el espíritu revisionista y exhaustivo propio del Renacimiento dará origen a la aparición de tratados compendiosos del lenguaje empleado, sin olvidar tampoco que ésta será una época condicionada artísticamente por el quehacer de grandes figuras tales como Miguel Ángel, Rafael o Leonardo da Vinci.
En cuanto a la división que suele establecerse del siglo XVI italiano en lo que respecta al arte se puede decir que, a rasgos generales, el clasicismo adquirirá una enorme transcendencia durante la primera mitad del siglo siendo sustituido, a lo largo de la segunda, por un barroquismo de las formas correspondiente al sentir manierista.
El Renacimiento es uno de los grandes momentos de la historia universal que marcó el paso de mundo Medieval al mundo Moderno, siendo un fenómeno muy complejo que impregnó todos los ámbitos yendo más allá de lo puramente artístico como ha querido verse. Históricamente, el Renacimiento fue contemporáneo de la Era de los descubrimientos y las conquistas ultramarinas. Esta «Era» marcó el comienzo de la expansión mundial de la cultura europea, con los viajes portugueses y el descubrimiento de América por parte de los españoles, rompiendo con la concepción medieval del mundo, fundamentalmente teocéntrica. El fenómeno renacentista comienza en el siglo XIV se trata de un proceso que hunde sus raíces en la alta Edad Media y va tomando forma gradualmente.
El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma Protestante, la introducción de la imprenta , entre 1460 y 1480, y la consiguiente difusión de la cultura fueron uno de los motores del cambio. El determinante, sin embargo, de este cambio social y cultural fue el desarrollo económico europeo, con los primeros atisbos del capitalismo mercantil. En este clima cultural de renovación, que buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica surge el Renacimiento en Italia.
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