Sentado bajo la sombra que desprendían los árboles de la avenida principal de Ciudad Real, Elías observaba el ir y venir de los transeúntes que caminaban por la acera de enfrente. A doscientos metros de aquel antiguo poyete sobre el que se posaba, se situaba una de sus cafeterías favoritas. Habían pasado más de doce años desde que la visitó por primera vez y aun así seguía mirándola con el mismo entusiasmo de siempre.
En el fondo—y aunque no lo quisiese admitir—no le gustaba tanto como quería creer, sino que añoraba todos los recuerdos que allí se formaron. Cuando era adolescente, entre las mesas de marrones terrosos que estaban dispuestas a lo largo de todo el establecimiento, conoció a Ilusión, de quién se enamoró perdidamente. Su figura delicada y su mirada profunda capturaron el corazón de Elías desde el primer momento en que sus ojos se encontraron. Se sumergían en largas conversaciones que hacían detener las agujas del blanco reloj de pared de la cafetería.
Para Elías, Ilusión era más que una musa; era una guía que le enseñaba el arte de soñar con los ojos abiertos. Fue ella la que le hizo comprender que los sueños no eran solo fantasías lejanas, sino posibilades tangibles esperando ser alcanzadas. Sin embargo, todo aquello se desvaneció cuando Envidia tocó a la puerta de su casa. Nunca había visto a una mujer de ese talante, no pudo resistirse a sus encantos y antes de que se diese cuenta, Elías había cambiado y observaba a los demás con los ojos llenos de amargura. Mientras Ilusión le había enseñado a soñar en grande, Envidia le empujaba a codiciar lo que no tenía.
Elías empezó a desprestigiar a Alegría, una compañera de trabajo que solía ser cercana a él. No podía soportar que todos quisieran juntarse con ella—y no con él—, de modo que empezó a expandir rumores sobre ella. Nadie confió en sus palabras y Elías acabó siendo expulsado del trabajo. Perdido y sin rumbo, lloró junto a Nostalgia, una amiga de la infancia con quién había compartido clase, en su habitación, recordando como era su vida hace unos meses y añorando el calor que le proporcionaba Ilusión.
Aquel muchacho de pelo rubio y ojos verdes, de unos veinticinco años, había perdido todo. Ya apenas tenía unos brazos en los que regocijarse ni una sonrisa que iluminara su rostro. Ahora, se encontraba en un mundo que parecía haberse vuelto contra él. Volvió a encontrarse con Nostalgia, quién le sugirió volver a la mesa de aquella cafetería donde había conocido a Ilusión.
Esa misma tarde, a las seis, Elías se sentó exactamente en la silla de la mesa del fondo del establecimiento, esperando a que Ilusión abriera las puertas y entrara al local. Esperaron más de dos horas, a punto de irse y con la cabeza cabizbaja, no aparecía nadie, cuando de repente, abrió las puertas una bella mujer de largo cabello, oscuro como la noche y de ojos brillantes. Elías, después de mucho tiempo, había podido sentir la misma sensación que cuando conoció a Ilusión. Se presentó como Soledad y se sentó enfrente de él. Fue la única que consiguió acceder a su mundo más interno. Desde que la conoció, Elías ya no quería ver a nadie más, no deseaba conocer ni entablar conversaciones con otras personas. Tan solo quería disfrutar de su presencia y envolverse en su mundo.
Todo ese bucle en el que había entrado cambiaría para siempre el seis de abril de ese año, cuando Elías se encontraba recluido en su habitación y decidió mirar por la ventana para ver el amanecer. En ese instante, vio a Luz, quién lo iluminó con una sonrisa como nunca antes había visto. Ella desprendía un carisma muy especial y trataba con mucha simpatía a todas las demás personas.
Cinco días después de haber mantenido el contacto con Luz, Elías estaba decidido a conocer a más gente, a salir de su habitación y a tratar con simpatía y cordialidad al resto de personas. Bajó las escaleras del edifico en el que se encontraba su piso y decidió ir al supermercado que se encontraba en la calle paralela para comprar comida y disfrutar de ella en un parque.
Antes de entrar por la puerta, vio allí a una mujer pidiendo dinero y trabajo, tenía un aspecto desgastado y cansado. Sus ropas raídas revelaban las duras batallas que había librado en las calles de la ciudad. Sin embargo, a Elías le llamó la atención la amabilidad y lucha que emanaba. Se llamaba Esperanza y congenió con ella enseguida. Esperanza le enseñó a tener un futuro y a luchar por él y Elías comprendió que a pesar de las adversidades que enfrentaba en su propia vida, aún tenía la capacidad de encontrar belleza en el mundo que lo rodeaba.
Y allí estaba, sentando en aquel poyete apreciando la belleza de estar vivo, de poder respirar y mirar al resto de personas, que unas más positivas y otras más negativas, todas tenían algo que aportar.
Paco. 28/08/2024.
Hay quienes dicen que el lenguaje es secundario y que no debería tener carácter prioritario en el sistema educativo de nuestra sociedad actual, que es algo desfasado. Nunca han escuchado la famosa cita "¿Para qué quiero yo analizar oraciones? ¿Para qué quiero yo estudiar autores de décadas atrás? ¿Y tener un diccionario?".
Todos los seres humanos tenemos ideas que necesitan ser expresadas. De hecho, muchas de las empresas, de redes sociales, son muy conscientes de esta necesidad y la llevan a su explotación. Recientemente, lo podemos observar con "la politización de X". El lenguaje es tan importante, que de no compartirlo, crea enormes barreras entre las personas. Probablemente, si usted viaja a un país completamente distinto al que habita y cuyo lenguaje no comparte ni las letras del abecedario que usted conoce, notará como se siente aislado y no será capaz de integrarse en esa sociedad y ser funcional.
¿Nunca ha notado que quiere comunicar algo, tiene la imagen mental de lo que quiere decir, pero no puede expresarlo? Es por eso que es fundamental conocer el lenguaje, ampliar su vocabulario y conocer numerosos términos, porque entonces, encontrará la palabra que se ajusta para decir lo que piensa. Y si, es algo que se debe fomentar el sistema educativo de cualquier país que aspire a ser exitoso. Hoy en día, este conocimiento está viéndose gravemente amenazado por el surgimiento de la inteligencia artificial. ¿Para qué esforzarme en desarrollar más competencias si ya lo puede hacer la tecnología por mi?
En cierto modo, estoy agradecido de haberme educado en una década en la que todavía no existía esa inteligencia y donde todas las redacciones, exposiciones y reflexiones debías de hacerlas tu mismo. El aprendizaje de algo tan simple como una palabra no solo permite a la persona ampliar su riqueza y diccionario mental, sino que es de especial interés y utilidad para la comprensión de las noticias, documentos e informes con los que se encontrará a lo largo de su vida y que muchos de ellos, rigen las políticas actuales y le acaban influyendo.
Cada vez son más los profesores que afirman como la comprensión lectora se está perdiendo en las nuevas generaciones venideras y es una tristeza. Haga el esfuerzo de ampliar su diccionario y verá como será consciente de muchas más cosas que antes para usted pasaban desapercibidas.
No hay mayor placer que un café al lado de una buena compañía y una buena conversación sobre el mundo que le rodea; el lenguaje se lo permite. Es conocimiento y el conocimiento le otorga a usted la capacidad de protegerse frente al engaño y le abre oportunidades que nunca jamás se habría imaginado.
¿Quién no quiere poseer tal riqueza?
Paco. 12/06/2024.
Cuando en 1923, el partido de Adolf Hitler—el entonces Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán—intentó realizar un Putsch (golpe de Estado) sobre Múnich, no previeron la emboscada en la que se verían envueltos en cuestión de minutos. Fue toda una declaración de violencia y un manifiesto de sus intenciones de tomar el poder por la fuerza. El Putsch fue un fracaso absoluto; las autoridades les estaban esperando. A Hermann Göring, uno de los grandes líderes del partido y quien tomaría la iniciativa, le dispararon en la pierna y resultó gravemente herido. No pudo caminar, tan solo arrastrarse. En medio de una calle estrecha—y del desastre—no quedó otra que la retirada; los nazis perdieron dieciséis hombres. Sin embargo, Hitler consiguió salir airoso de la emboscada, burlando la muerte y esquivando una bala que rozó su cuerpo a escasos centímetros. Como si por azar del destino el cuerpo de Adolf fuese impenetrable, esta no sería la última vez que burlaría la muerte.
En otoño de 1939, cuando el partido nazi ya estaba en el poder tras las elecciones de 1933 y en parte, habiendo ascendido, beneficiado por la crisis económica del crac de 1929 y la situación nacional desastrosa después de que los EE. UU. reclamasen la devolución de la deuda, los altos cargos del partido nazi se reunieron en Múnich para conmemorar el Putsch fallido de 1923. Hitler se dispuso a dar un discurso en la cervecería Bürgerbräukeller, el lugar donde Hitler conoció al partido nazi y decidió alistarse, donde empezó todo.
Esa misma tarde, tenía pensado volar a Berlín, pero debido a la espesa niebla, el piloto de Hitler, Hans Bauer, no pudo coger la avioneta, por lo que a Hitler no le quedó otra que coger el tren. De tal manera que, debió abreviar el discurso y salir antes de la cervecería para poder cogerlo. Exactamente, trece minutos después de abandonar la cervecería, estalló una bomba situada a escasos metros del atril desde donde estaba hablando. Hubo múltiples heridos y murieron ocho personas. Si no hubiese habido niebla y Hitler hubiese dado su discurso completo, esa bomba le habría estado esperando. Como por azar del destino, del tiempo, de la meteorología, Hitler volvió a burlar a la muerte. ¿Quién sabe cómo hubiera repercutido en el resto de la historia? ¿Se habrían salvado miles y miles de vidas?
Parecía ser cierto lo que pensaban muchos fanáticos alemanes: Adolf Hitler era casi como una deidad, una divinidad destinada a crear un nuevo mundo y el universo conspiraba a su favor. Era un hombre destinado a cumplir su misión.
Hitler se vería de nuevo en un futuro atrapado en una situación similar: la Operación Valkiria, el atentado del 20 de julio de 1944. En la Guarida del Lobo, el cuartel de Hitler situado al este de Prusia, una bomba estalló en el complejo; en la sala de conferencias. Nuevamente, Hitler sobrevivió y sufrió heridas leves. Tantos intentos fallidos de asesinato y tantos resentimientos. Muchos lectores pueden pensar: ¿cómo puede ser posible? ¿cómo puede un hombre que llevaba el odio por ideología y que causó tanto sufrimiento, no morir?
¡El mundo no es justo! ¿Dónde está Dios? ¿y el universo? ¿por qué el universo permite estas cosas? ¿por qué el destino permitió esto?
Esta es la historia de un hombre que burló a la muerte. ¿Una persona que es el líder de un partido que ha matado a tantas y tantas personas merece la muerte? Puede que para ti sí, pero si le preguntamos a muchos de los alemanes de esa mentalidad que se inculcó en esa época, ¿tú crees que para ellos Hitler merecía la muerte? ¿Merecer para quién?
El destino es casi como una fuerza sobrenatural destinada a actuar sobre las acciones de los humanos, algo que está fuera de nuestro alcance, pero nada de lo que sucede tiene por qué tener un sentido en sí mismo o una causa demostrable, simplemente sucede. Nosotros le otorgamos un sentido e intentamos establecer las reglas para poder convivir en un entorno más favorable. Es así como el destino no es ni un concepto alentador ni una palabra a la que culpar.
La justicia, en numerosas ocasiones—y popularmente—es reemplazada por la venganza. Aunque la justicia sea—o deba ser—ciega, el pensamiento de la gente busca venganza.
Es importante salir de la visión personal, conocer más del mundo, más mentalidades y desarrollar un pensamiento crítico. En definitiva, conocer la complejidad del ser humano y del mundo que lo rodea.
Paco. 16/05/2024
La moral cambia con los años según el conjunto de patrones de comportamiento y valores que adapta una sociedad. Para que una persona se comporte bien, no es condición necesaria la existencia de un término como bondad, más bien; el nivel de adaptabilidad de un individuo a la moral existente.
La moral es ese espacio que establece los límites de lo que está bien y lo que está mal, fuera del cuál determinadas acciones, creencias o pensamientos no tienen cabida, simplemente está mal. La moral es ese conjunto de reglas que establecen las sociedades, pero ¿quién decide lo que está bien y lo que está mal?
En nuestras sociedades es muy común la “política de censura” o la fuerte represión de determinadas ideas, expresiones y opiniones situadas fuera de ese espacio moralista.Sin embargo, la moral puede ser muy peligrosa y puede supeditar el pensamiento libre e individual al pensamiento colectivo. A lo largo de la historia, las mayores atrocidades se han hecho en nombre de la moral.
No pienso que el hombre sea bueno o malo por naturaleza, creo que todo depende de la circunstancias y el contexto. La existencia en el ser humano de la capacidad fisiológica empática—como las neuronas espejo — explica que el ser humano no tiene porque ser malo por naturaleza, aunque si bien es cierto que en épocas de escasez de recursos, este mismo buscará su propio beneficio y el de sus allegados.
Si podemos afirmar que el ser humano es un ser social y que la maldad no puede erradicarse en nuestra civilización actual, sino que el concepto del mal se va moldeando y se reprimen ciertos impulsos naturales más agresivos para pasar a ser sustituidos por un sentimiento de adaptabilidad, imprescindible para la propia supervivencia.
Esta represión queda numerosas veces en el inconsciente. Todo el mundo tiene una luz y una sombra y las ideologías moralistas más rígidas niegan la existencia de esta sombra implícita en ser humano. El reconocimiento de la sombra es el primer paso para aceptarla.
Al universo le es indiferente qué es el bien y qué es mal y se puede llegar a un punto de un sinsentido ¿Qué es el bien y para quién es?
En cualquier caso, el pensamiento libre e individual debe ser primordial para el desarrollo potencial de un individuo y la moral nunca debe de coartar, sino facilitar la convivencia en una sociedad de individuos que piensan diferente.
Paco.
No creo que el objetivo de la vida vaya más allá que el de asegurar la supervivencia de la especie y transmitir el ADN. Considero que el fin de las cosas es el fin en sí mismo. En el caso que nos concierne, el fin de la vida es la propia vida.
Puede parecer un poco frío e insensible, pero no creo que en la vida haya que ser feliz como siempre se trata de vender, de hecho, a mi cerebro lo único que le importa es que esté vivo y que se suministre la cantidad de nutrientes, sangre y oxígeno necesarios para realizar sus funciones básicas. Ser más o menos feliz es algo secundario y opcional.
Seguimos siendo animales, pero civilizados y nadie puede renegar de su propia naturaleza. Podría decir que la vida es maravillosa y que el conjunto de sucesos y probabilidades que han hecho que hoy estemos aquí era infinitamente improbable ,y soo por eso, ya es razón suficiente para vivir al máximo y para ser feliz. Pero la vida puede ser o no maravillosa dependiendo donde hayas nacido, si tienes dinero o no, si has tenido la oportunidad de tener una educación, si tienes una familia y gente que te apoya. Aún así puedes tener todo esto y no ser feliz, o no estar bien. Siempre están las enfermedades u otros acontecimientos, como los accidentes, las crisis, etc.
Cuando era más pequeño solía pensar. La vida es muy injusta. ¿Por qué no podemos tener todos las mismas oportunidades? ¿Por qué no todos podemos tener poder para decidir sobre nuestro futuro? ¿Por qué hay gente con tanto dinero y gente muriendo de hambre? ¿Por qué existen los terroristas?
No todos podemos decidir sobre nuestro futuro y formar parte del poder, porque en toda organización, asociación o estructura jerarquizada se cumple la denominada ley de hierro de la oligarquía, según la cual el poder acaba residiendo en muy pocas manos. Por eso, las organizaciones o partidos políticos no son democráticos porque su mera existencia implica la tendencia a la oligarquía.
No todos tenemos las mismas oportunidades porque no somos iguales. Una persona guapa por el hecho de serlo va a tener más oportunidades en la vida que una que no lo es. Hay personas que nacen más inteligentes que otras. Hay culturas que no pueden ofrecer las mismas oportunidades porque simplemente son opuestas o incompatibles.
En cualquier caso, no hay respuestas correctas. Cada uno tiene las suyas y simplemente son.
El mundo perfecto no existe porque somos humanos, no somos seres perfectos. La perfección es una entelequia. Y los humanos, como animales, muchas veces cometen atrocidades.
En cualquier caso, siempre podemos ser más justos. Tan injusto es las injusticias que cometemos con los demás como las injusticias que permitimos que terceros nos hagan.