Los objetivos de Estados Unidos  están centrados en proteger la soberanía nacional y preservar la prosperidad económica sin sacrificar la vitalidad de su industria ni el bienestar de sus ciudadanos. Dichos objetivos precisan que una economía estadounidense fuerte es el motor que garantiza la estabilidad y crecimiento globales, simbolizada por el implacable impulso del Toro de Wall Street. Estados Unidos rechaza modelos de transición que impliquen pérdida masiva de empleos y políticas autodestructivas, y exige que la innovación tecnológica y la libertad de mercado sean los verdaderos pilares para avanzar, sin ceder la primacía de sus intereses ni participar en acuerdos multilaterales que debiliten su economía.