El 25 de Mayo de 1810 se instaló la Primera Junta compuesta por Cornelio Saavedra como presidente, Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios y Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matéu, como vocales.
La Junta se encargó de presentarse como heredera de las autoridades metropolitanas que estaban en manos de Napoleón Bonaparte. Por eso, sus miembros juraron fidelidad al monarca Fernando VII.
Las primeras tareas de la Junta fueron difundir sus ideas, lograr el reconocimiento de su autoridad ante los pueblos, sofocar los epicentros contrarrevolucionarios y reunir un Congreso en que hubiera representación de los distintos territorios del virreinato.
Entre otras medidas, se ordenó la realización de un censo a los habitantes de Buenos Aires; para conocer los recursos naturales y bienes disponibles. Los criollos fueron incorporados para desempeñarse en cargos administrativos; los indígenas que conformaban los batallones de Pardos y Morenos fueron equiparados e incorporados a los batallones de criollos. El Estado se dedicaría a la fabricación de fusiles en Buenos Aires y Tucumán y ordenó la creación de una fábrica de pólvora en Córdoba. Además, la Junta retuvo la dirección de la Iglesia y logró incorporar en cargos superiores a los curas criollos que adscribían a las ideas revolucionarias. Se encargó a los curas de las diócesis la lectura de La Gazeta desde el púlpito “para instruir al pueblo de los principios del nuevo gobierno al que se debía obediencia".
Días después de conformada la Primera Junta, sus integrantes evaluaron la necesidad de que el nuevo gobierno contara con un órgano de difusión de ideas y de noticias que excitara a los habitantes a abrazar deliberadamente la causa de la libertad de la Patria. Fue así que el 7 de junio de 1810 salió a luz el primer número de la "Gazeta de Buenos Ayres", primer periódico de la etapa independentista argentina del que serían redactores Mariano Moreno -su director-, Manuel Belgrano, el deán Funes, Bernardo Monteagudo, Pazos Silva, Juan José Castelli y Julián Alvarez. En la portada de cada ejemplar podía leerse la frase del historiador romano Publio Cornelio Tácito: "Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo".
En 1938, los miembros del Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, eligieron esa importante fecha para conmemorar el Día del Periodista.
A mediados de febrero de 1812, Belgrano instaló en Rosario dos baterías de artillería a efectos de impedir el paso de los navíos realistas por el río Paraná. Denominó a los dos campamentos Libertad e Independencia, respectivamente.
Manuel Belgrano se dirigió por nota a los miembros del Triunvirato, sugiriéndoles que establecieran la escarapela nacional que debían utilizar las tropas. Le respondieron que la escarapela debía ser de dos colores, blanco y azul celeste.
En el momento de inaugurar la batería Libertad, el 27 de febrero de 1812, Belgrano presentó a sus tropas una bandera confeccionada por María Catalina Echavarría de Vidal, que tenía dos paños verticales, uno blanco –del lado del asta- y otro celeste. Mientras flameaba la bandera, arengó a sus soldados diciendo que: “… la América del Sud será el templo de la Independencia y de la Libertad…”
Los miembros del Triunvirato desautorizaron el acto de Belgrano porque comprometía la política prudente que el Ejecutivo sostenía respecto a la declaración de la independencia del país.
Desconociendo la oposición del gobierno, Belgrano marchó al norte con sus tropas y se hizo cargo del ejército. El 25 de mayo de 1812, aniversario de la Revolución, hizo bendecir y jurar en Jujuy la bandera celeste y blanca.
Será el Congreso de Tucumán quien apruebe oficialmente en 1816 el pabellón nacional.
El 3 de junio de 1770 nació Manuel Belgrano en Buenos Aires. La casa de la familia estaba ubicada en la calle Santo Domingo 430 (actualmente, la calle lleva el nombre Belgrano). Así se presenta en su Autobiografía:
“El lugar de mi nacimiento es Buenos Aires; mis padres, don Domingo Belgrano y Peri conocido por Pérez, natural de Onella, y mi madre, doña María Josefa González Casero, natural también de Buenos Aires. La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación mejor de aquella época".
Manuel Belgrano, Autobiografía.
Hacia 1750, el padre de Belgrano pasó de Génova a Cádiz para ejercer el comercio y después de naturalizarse español, viajó a Buenos Aires donde prontamente, se convirtió en un prominente comerciante. Con una buena posición económica, le brindó a sus hijos varones una buena educación. Así lo recuerda Belgrano:
"Me proporcionó la enseñanza de las primeras letras, la gramática latina, filosofía y algo de teología en el mismo Buenos Aires. Sucesivamente me mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí estudié en Salamanca; me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí de abogado en la cancillería de Valladolid.
Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público, y que en los primeros momentos en que tuve la suerte de encontrar hombres amantes al bien público que me manifestaron sus útiles ideas, se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho general, y adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto, dirigiéndolos particularmente a favor de la patria.”
Manuel Belgrano, Autobiografía.
El Congreso
Las comunicaciones
Las comunicaciones en tiempos del Congreso de Tucumán
Para asegurar las comunicaciones entre las distintas regiones de los dominios españoles en Sudamérica, se crearon "servicios públicos fijos" de transporte de correspondencia entre el Río de la Plata, Perú y Chile. Fueron organizados a partir de 1748 por el Correo Mayor de Indias, que tenía su sede en Lima. Los correos eran chasquis de a caballo y en los caminos, había postas para que se pudiera mudar el animal y recibir servicios mínimos.
Veinte años después de su creación, estos correos fueron reorganizados, ampliados y puestos a cargo de un oficial de Real Hacienda. La idea era que estos correos terrestres pudieran llegar antes de que zarparan los correos marítimos que comunicaban con Europa. La coordinación entre ambos fue difícil de establecer. Había demoras en los correos terrestres por lo que se buscó evaluar el funcionamiento a través del trabajo de Comisionados Visitadores de Correos quienes tenían como misión crear nuevas postas, establecer las tarifas y designar el personal necesario.
Las postas eran lugares de recambio de caballos en los caminos, dispuestas a una distancia de dos o tres leguas entre una y otra, para que una vez mudado los tiros, los correos y los viajeros pudieran completar su viaje.
En lo que actualmente es el territorio de la República Argentina, las primeras postas fueron establecidas por el Visitador de Correos y Postas, Don Alonso Carrió de la Vandera quien, a partir de 1771, fue estableciendo postas en el trayecto entre Buenos Aires y Cuzco.
29 de Juliio Día de la Cultura Nacional
Presentación
En 1982, un decreto presidencial del gobierno de facto estableció el 29 de julio como "Día de la Cultura Nacional" en homenaje a los veinticinco aniversarios del fallecimiento de Ricardo Rojas. Su producción intelectual -que abarcó la literatura, la filosofía, la historia, la pedagogía, el arte y la política- y su actividad docente y militante lo convirtieron en referente del “primer nacionalismo cultural” en la Argentina.
Cultura
A menudo oímos o leemos frases tales como:
- cultura de la empresa, entendida como sistema organizativo y de valores de una institución concreta;
- cultura de la pobreza, como la aplicación del concepto antropológico a un determinado grupo social;
- cultura del consumo, como la denominación de una mentalidad, ethos o actitudes asociadas a un colectivo o sociedad concretos.
- cibercultura, la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación como internet.
- cultura como sinónimo de civilización y progreso.
- cultura escolar, física, del fútbol, de la violencia, acepciones que se aplican, sin demasiado rigor, a los más variados fenómenos;
Tales frases expresan el carácter polisémico, es decir, con multiplicidad de sentidos asignados a la palabra cultura según el contexto en que aparezca, como también, la confusión generada por el uso equívoco del término.
El Diccionario de la Real Academia Española (vigésima segunda edición) asigna varias acepciones al vocablo cultura.
Lo presenta como 1) cultivo –sin más- lo que lleva a pensar en la labor del campo o el ejercicio en que se emplea el labrador o el jardinero; 2) lo vincula al culto religioso, en el sentido de reverencia o adoración; 3) lo describe como el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, es decir como el cuidado y aplicación para que alguna cosa se perfeccione, como la enseñanza en un niño o un joven, para que pueda lucir su entendimiento.
El 25 de febrero de 1778, Gregoria dio a luz a su cuarto hijo, bautizado José Francisco de San Martín.
(José Francisco de San Martín y Matorras; Yapeyú, hoy San Martín, Corrientes, Argentina, 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 1850) Héroe de la independencia americana, libertador de Chile y Perú.
La singularidad del perfil heroico de José de San Martín viene dada, más que por sus hazañas exteriores, por la grandeza interior de su carácter. Pocos hombres públicos pueden exhibir una trayectoria tan limpia en la historia de América: habiendo alcanzado la máxima gloria militar en las batallas más decisivas, renunció luego con obstinada coherencia a asumir el poder político, conformándose con ganar para los pueblos hispanoamericanos la anhelada libertad por la que luchaban.
Sus campañas militares cambiaron el signo de la historia americana durante el proceso de descolonización acaecido a principios del siglo XIX. A su lucidez estratégica se deben los planteamientos militares que llevarían a la independencia de Chile y de Perú, centro neurálgico del poderío español cuya caída conduciría a la de todo el continente. Si luego dejó en manos menos nobles las extenuantes guerras civiles y partidistas que acabaron por malbaratar los más bellos sueños de los patriotas, fue por esa misma pureza y rectitud de principios. Achacoso, postergado y ciego, San Martín moriría decentemente en su cama, en un remoto rincón de Francia, cargado de honores y exonerado de toda responsabilidad sobre el destino tortuoso de aquellas amadas tierras cuya independencia había ganado con el valor de su sable.
El programa que diseñó Sarmiento para la educación de la población del país consistía en una escuela abierta a todos; es decir, incorporando los distintos géneros, sectores sociales, posturas políticas. Planteó también la necesidad de incorporar la enseñanza del idioma inglés. La educación debía acercar a los escolares a la ciencia para aplicarla al progreso material, económico y espiritual de la nación.
Para él, era necesario que la enseñanza fuera laica, porque tenía en vista que ingresaran al país inmigrantes que pudieran contagiar de civilización a la población autóctona tal como rezaba el artículo 14 de la Constitución de 1853. Estaba a favor de un régimen que permitiera la coexistencia de escuelas laicas y otras confesionales.
Tomando a las personas desde los catorce años en adelante, el censo de 1869 arrojó un 77,4% de analfabetos. Éste era para Sarmiento, un fuerte indicio de la necesidad de operar sobre la educación. Si se pretendía instaurar en el país un régimen republicano y democrático era necesario contar con una población que estuviera informada y formada en esos valores: “La instrucción pública, que tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento aunque rudimental de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón, es una institución puramente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espíritu democrático de la asociación actual” (p. 13).
Durante muchos años, la fecha se distinguió por alentar una visión parcial y reductora. Las ideas de conquista, descubrimiento y crisol de razas, entre otras, conformaban una postal estancada en el tiempo, intencionadamente alejada de los elementos no queridos por la historia oficial, indiferente a cualquier cuestionamiento sobre el pasado y el presente de las comunidades involucradas.
«Pensar en América como una [única] cultura es un disparate desde todo punto de vista. Lo mismo, pensar a Europa como una sola cultura (…). Lo que se dio en América no fue el encuentro entre dos culturas ni el choque de dos culturas; fue un proceso mucho más complejo», comenta Massotta, que también se encarga de cuestionar una concepción muy arraigada: el derecho de conquista.
El 10 de noviembre se celebra el Día de la Tradición en Argentina, en conmemoración del nacimiento del popular escritor José Hernández, autor del emblemático libro "Martín Fierro", obra literaria considerada ejemplar del género gauchesco.
Este día es una oportunidad de celebrar la cultura, mucho más allá de la vida gaucha, puesto que las tradiciones se aprecian en todos los aspectos de la vida, desde la comida típica, las bebidas como el mate, los deportes, la cultura, el arte, la vestimenta y mucho más.