Orígenes
¿Dónde nace Crónico, quién es?
Crónico, yo, Nahuel Olivera, soy de Bahía Blanca, nací el 4 de febrero del 2001 y tengo 25 años.
¿Cuándo comenzaste a tatuar y a pintar? ¿Qué vino primero?
Son momentos diferentes: pintar y tatuar. Empecé a tatuar cuando llegué a los 17. Antes ya venía en contacto con la pintura, siempre tuve contacto con el material porque dibujaba y me gustaba la técnica mixta, probar cosas diferentes, mezclar elementos. Pero nunca me había visto en la posición de una persona que pinta. A los 17 o 18 años, no recuerdo bien, fue cuando decidí que quería aprender a usar el material al 100%. No sé si lo logré, pero fue el inicio, estudié con una profesora y aprendí bastante. A veces pienso en lo bien que hice en seguir mis ganas de aprender.
¿Cómo llegaste al tatuaje? ¿Fue autodidacta o tuviste un maestro/estudio de formación?
Llegué al tatuaje hace más o menos cinco años. Vine a estudiar Artes Plásticas y, apenas llegué a la ciudad, vivíamos con mucha gente y no tenía la exigencia de trabajar para sustentarme, mis viejos me estaban ayudando mientras desarrollaba alguna habilidad de oficio. Ahí encontré el tatuaje: empecé comprándome agujas comunes y tatuándome a mí mismo y a quien tuviera ganas. Al poco tiempo me empezó a ir bien, pude empezar a cobrar y sustentarme con eso. Me estaba dando una felicidad que no había encontrado en ningún otro lugar, no solo económicamente sino por el círculo que estaba conociendo: yo recién llegaba a la ciudad, no conocía a nadie y el tatuaje me mostró que había todo un mundo, un montón de gente en mi misma situación, con ganas de dibujar por dibujar sin saber bien cómo subsistir con eso. Fue como una puerta. Muchos de los artistas que conocí en ese momento, y que sigo conociendo ahora, te incorporan a un mundo muy lindo donde todos van para adelante. Fui autodidacta.
¿De dónde viene el nombre "Crónico"?
El nombre viene de una búsqueda constante por encontrar mi identidad, de pensar con qué nombre podía representarme, una especie de autobautismo. Me gusta mucho el hip-hop, dentro de muchos géneros, pero fue lo que más me formó la cabeza desde chico. "Crónico" viene de "Chronic", por el disco The Chronic de Dr. Dre.
¿Qué recuerdos de infancia o adolescencia conectan con lo que haces hoy?
No sé si tengo algún recuerdo vívido que pueda relacionar directamente con lo que hago artísticamente. Siempre fue mucho tratar de proyectar cómo me siento en el día que pinto, en el día que pienso ideas, o lo que sea que haga; una forma de contar un poco lo que me está pasando a mí en ese momento. Entonces no suelo recurrir mucho a recuerdos puntuales, no sé si hay uno tan vívido como para narrar. Lo que sí tengo son muchos recuerdos de muy chico esforzándome por desarrollar ciertas habilidades, no sé si de expresión o de autoescucha, tratar de entender en qué situación me encuentro y qué imágenes resuenan con eso, el porqué de la elección de ciertos elementos, colores, materiales. Siento que es una habilidad que desarrollé en mi adolescencia, y vuelvo mucho a ese tipo de recursos.
Proceso creativo
¿Cuál crees que es la similitud entre tus pinturas y tus tatuajes? ¿Y las diferencias?
Entre el tattoo y la pintura, la verdad que hay un abismo. Yo no busco que sean similares, no me interesa. Creo que la idea es que sean dos facetas diferentes, dos formas de expresión que no tengan nada que ver entre sí. En el tatuaje trato de que sea anatómico, que cumpla una función estética —no sé si la palabra es "protección"—, pero me gusta mucho cuando los tatuajes parecen herramientas del cuerpo que no se pueden identificar del todo: no es que te voy a hacer un tornillo, un martillo o un cuchillo, pero siempre intento que tengan ese lado de funcionalidad. Y siento que eso también habla mucho de la gente, de lo que elige, de ciertas zonas, en base a lo que yo hago.
¿Cómo eliges las referencias con las que trabajas?
Para las referencias la verdad que soy bastante variado: suelo usar fotos, archivos de revistas, me gusta mucho indagar por internet y tratar de encontrar la referencia que nadie está viendo. Me preocupa mucho eso, ser un buen ladrón y no ser alguien que ve lo que ven los demás como algo bueno solo porque se ve mucho y se repite. Prefiero que aparezca algo que no sea rítmico, que sea más de la búsqueda personal y de la identificación de elementos que me interesan a mí y que hablen de lo que yo quiero contar.
¿Pides permiso a las personas por las fotos que usas?
No, no pido permiso. No sé, estamos en un momento del mundo en el que la gente no pide permiso, y no creo que sea algo malo tampoco, al menos desde mi lado. En algún momento, si alguien nota una similitud con lo que hago, no me enojaría, sería más con algo de orgullo, de ser parte del proceso creativo de alguien más, me parece que está muy bueno. Así que no me hago la cabeza con eso, no me esfuerzo en que no me digan copión. De hecho, soy un copión —o más bien un ladrón, un gran ladrón— y creo que es una virtud.
¿Por qué el blanco y negro, y no el color?
El blanco y negro, primero, me encanta. Creo que junto con los azules es la gama que más me representa. No sé, la oscuridad tiene algo que me atrapa estéticamente, que me hace razonar bastante. Creo que también tiene algo de nostálgico. El negro me huele a recuerdo, me huele, cómo se dice… a sueño. No sé por qué, pero me trae como una imagen no actual: no algo que está pasando sino que ya pasó, o que se interpreta de una forma totalmente distinta. Ya me fui por las ramas.
Quiero volver a lo del blanco y negro y no el color. Siento que el blanco y negro representa la crudeza de los momentos, sin nada que distraiga más que lo que lo ilumina. Siento que mi forma de verlo es más, no sé si estética, en relación a lo emocional. Porque las luces son como el ángulo desde el que se ven las cosas: cómo veas algo hace que reacciones o lo interpretes de una manera, y eso afecta tu día a día o lo que producís. La luz es lo que direcciona el punto de vista, creo yo, y es a lo que más le presto atención. Siento que con los grises, el negro y el blanco es cuando más se puede apreciar un buen trabajo de luces.
También tiene que ver con los elementos que me llevan a esto: mi obra está atravesada bastante por, no sé si la tragedia o los momentos tristes de la vida, o los recuerdos actuales, algún recuerdo feliz, hay algo de eso. Está muy atravesada por la muerte, y muy atravesada por el conflicto sistemático: por el desamor, por el cariño, por la falta, por la ausencia, por la presencia de unos pocos. No sé.
¿Cómo es tu proceso desde que ves una imagen, una foto, un recuerdo, hasta que se convierte en obra?
Me dejo llevar por lo que veo en el día a día. Trato de no consumir muchas imágenes, sino de estar atento a las que veo, es algo que tengo muy presente todo el tiempo: en la calle, sacando fotos, en videos, en Instagram, en internet, en películas. Muchos recursos los saco de películas: por ahí veo una escena, me gustan los planos y pienso en una composición a partir de eso. Esa composición nunca la vi tal cual, pero la armo con imágenes que voy encontrando, o por ahí me queda la idea en la cabeza y, durante esa semana o ese tiempo que la tengo presente, busco algo que se relacione con eso positivamente, en elementos o en recursos. Porque a veces no es solo lo que elegís sino cómo lo volvés a pintar, cómo lo interpretás; eso funciona como una pregunta y pienso mucho en eso. Después, sobre esa idea base, suelo hacer mucho collage de imágenes. Me gusta no partir de cero, sino modificar, ir de un 100 a un 200. Creo que eso es lo que me define: no quería hacer algo de cero a cien, sino creer que puedo mejorar algo positivamente con los recursos y las imágenes que voy encontrando, con lo que tengo en la cabeza. Es como una convivencia entre lo existente y lo que trato de crear, entre comillas.
¿Qué rol juega el error o lo imperfecto en tu trabajo, considerando la precisión que exige tatuar?
Bastante, más aún teniendo en cuenta el elemento que uso: el error como algo que no se puede controlar. A veces el error sale directamente y ya está, no podés hacer nada más que borrarlo o aceptarlo. Pero tampoco tanto, creo que es más técnico que conceptual. Siento que una vez que los errores suceden sobre el lienzo, en el proceso, logro mirarme con el resultado y hasta encontrar una virtud en eso, quizás hasta expandir un poco más el error. Eso me parece que es lo que más lo caracteriza.
¿Hay una diferencia entre el Crónico que tatúa piel y el que pinta sobre lienzo o papel?
Sí, total. El Crónico que tatúa suele ser más buena onda, más sociable; y el Crónico que pinta prefiere encerrarse a pintar de madrugada, con poca luz y con auriculares. Creo que eso es lo que más los diferencia, cómo funciona cada uno. Lo que más me gusta del tatuaje, y a la vez lo que menos me gusta, es que tiene un punto social muy fuerte, con procesos largos para después poder compartirlo y recibir un feedback —que se pueda asociar o no—, pero eso no me afecta en el proceso, creo.
¿Cómo ha influido Instagram y la vida digital en tu forma de mostrar y construir tu obra?
Me parece que facilitó mucho las cosas para el inicio y las complicó mucho para el futuro. Es una herramienta super fuerte a la hora de compartir: literalmente, sin tener seguidores, con un clic podés compartir lo que hacés y puede llegar a gente en cualquier lado del mundo, es increíble. Pero también tiene su lado negativo: a la hora de compartir es muy bueno, a la hora de construir no creo que tanto. Porque el algoritmo hace que todo el mundo esté tratando de replicar una idea que ya funcionó y termina dictando qué es "mejor" —incluyéndome a mí—. Es algo muy complicado de lo que escapar, porque todos sabemos que hay que pintar "para que nos vaya bien". No creo que sea tan complicado el tema, en realidad: se trata de poder ir en contra de esa idea y hacer lo que a vos te gusta, lo que vos necesitás, y no lo que necesita Instagram.
Presente y proyección
¿Dónde te encuentras ahora mismo, en lo personal y en lo artístico?
Ahora mismo, en lo personal, me siento bien. Me encuentro en un momento de mejora, creo, de mis hábitos y rutinas. Vengo hace bastante tiempo tratando de meter la pintura dentro de mi vida de forma más estructural: tener horas para pintar, momentos que sean como un trabajo. Artísticamente, en ese sentido, también me siento muy bien: con nuevas ideas, muy predispuesto a sentarme, a equivocarme, a hacer algo que no llegue a ningún lado, a pintar por pintar y buscar otros elementos, a dibujar por diversión, a compartir con artistas que me gusta lo que hacen —o no—, quizás por una sensibilidad con su persona o con su proceso creativo, quizás por admiración artística y personal, también amigos. Creo que estoy en un buen momento artísticamente: me siento cómodo, me siento feliz con la gente que me rodea. Encontré un lugar en particular donde me siento contenido, avalado, querido, necesitado a veces. Donde también me divierto trabajando en un taller, dando clases, que es más que nada compartir conocimientos e ideas, preguntas y respuestas.
¿Qué proyecciones ves desde estos lugares?
Sobre todo, mejorar mucho más, tratar de ser mi mejor versión, poder identificar mi mejor faceta y quedármela artísticamente. Trabajar en la producción, en sentirme conforme con lo que provoca en los demás, en aceptar lo que me dicen. Obvio que siempre se puede mejorar, pero no estoy peor que ayer, ni loco, siempre estoy mejor que ayer y peor que mañana, y eso me pone feliz. Voy a Saltillo en dos meses, así que me propongo ser un gran tío, estar más presente, visitar a mi familia. Para eso lo artístico también influye mucho, porque necesito estar conforme con lo que produzco para poder darme ese lujo; soy un poco autoexigente, pero trato de no ceder. Un viaje a ver a mi mamá siempre es necesario, a veces ayuda mucho más, como ir a Bahía a pintar y encerrarme dos semanas solo pintando, y volver más tranquilo; o, al revés, ir a Bahía sin llevarme nada para pintar y solo ir a hacer otra cosa. Me ha pasado muchas veces ir y no hacer nada, no porque no quiera ni porque no pueda, sino yendo con la cabeza despejada, a no hacer nada. Y está bueno, porque cuando volvés, volvés con un cuaderno lleno de dibujos y con una lista llena de ideas, conceptos, palabras clave, imágenes. Entonces vuelvo como más motivado.
Mi proyección, en definitiva, es pintar. Me gustaría vivir no en una ciudad muy grande, se puede hacer mejor con mi familia, pero sobre todo poder estar laburando, pudiendo pintar, que sea redituable económicamente y que sea redituable en satisfacción. Igual, la ciudad es algo necesario también para el proceso creativo.
¿Qué es lo próximo para Crónico: exposiciones, proyectos, líneas nuevas de trabajo?
No tengo mucha proyección la verdad, suelo vivir mucho el presente, y me gusta. Exposiciones no tengo actualmente, pero estoy colaborando con un espacio que expone cada dos meses, y ahí estoy, en eso. Después, proyectos: tengo ganas de pintar con amigos, de tener mi propio taller, de compartir con gente nueva, de poder pintar todo lo que pueda. Cada fin de año me gustaría terminar teniendo el doble o el triple de obra que tengo; ese es mi único objetivo: obra que me guste, que hable de mí, que desarrolle un poco la línea que vengo trabajando, que no sea pretenciosa y que sea lo más honesta posible. Creo que lo que más me cuesta es el laburo en sí, a veces no dejarme llevar, por eso está bueno exigirme un poco más y pintar algo que me guste. Si no tengo ideas, pinto algo basado en un artista que me gusta, alguna idea basada en una canción, en una letra, en un párrafo, en un poema, en una imagen. Eso: dejarme llevar.