En Nicaragua, lo que se está enterrando es la noción misma de universidad. En su lugar emerge un aparato de adoctrinamiento, sin libertad de cátedra, sin pensamiento crítico, sin vínculo con la ciencia, sin legitimidad social. Una universidad subordinada al partido es la negación de la universidad como institución moderna.
Quien aún dude del carácter totalitario del régimen nicaragüense haría bien en observar no solo lo que destruye, sino cómo lo reemplaza. El caso del CNU es emblemático; lo que se extingue es una cultura, una institucionalidad.Lo que sucede es totalitarismo.
La presión por tener un mejor gobierno estudiantil pasa por generar una discusión a la altura y una reflexión profunda sobre las necesidades del estudiantado de la UCR.
Como estudiante federado me veo en la obligación de señalar que la mala administración ha generado millones de colones en pérdidas económicas —recursos que podrían haberse destinado a becas o proyectos académicos.
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