MTRA. ROSA HERMINIA WONG VILLARREAL
DIRECTORA DE LA UPN, UNIDAD 072 TAPACHULA
CONCURSO DE ALTARES: BASES
CONCURSO DE CATRINAS Y CATRINES: BASES
CONCURSO DE PUERTAS: BASES
CONCURSO DE CALAVERITAS: BASES
YA INICIÓ LA CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE MUERTOS EN LA UPN 072 TAPACHULA. FUERTE DESPLEGADO DE LOS ALUMNOS PARA PARTICIPAR CON EL MEJOR DISEÑO Y CREATIVIDAD EN LOS CONCURSOS DE ALTARES, PUERTAS Y CATRINAS.
ALUMNOS DEL PRIMERO "A" ELABORANDO ARREGOS PARA DECORAR VENTANA Y ALTAR DE MUERTOS.
ALUMNOS DEL 1° SEMESTRE DE LA LIE, HACIENDO PREPARATIVOS PARA EL DÍA DE MUERTOS.
ALUMNA DEL TERCER SEMESTRE DIRIGUIENDO LAS ACTIVIDADES DE SU GRUPO PARA CONMEMORAR EL DÍA DE MUERTOS.
EL 1° SEMESTRE GRUPO "D" EN LA VÍSPERA DEL DÍA DE MUERTOS.
ALUMNOS DE 5° "B" DE LA LIE, LÍNEA EPJA, PREPARANDO ARREGLOS PARA EL DÍA DE MUERTOS.
RESEÑA DE LA FESTIVIDA DE DÍA DE MUERTOS EN LA UPN 072 (TEXTO ENVIADO POR LA MTRA. YOLANDA CABALLERO)
LA UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONAL UNIDAD 072 TAPACHULA, a través de la Dirección y Coordinación de la Licenciatura en Intervención Educativa (LIE), en el marco de la Celebración del Día de Muertos Convoca a la comunidad estudiantil a Participar en el concurso de Altares Prehispánicos, Catrinas y Catrines, Decoración de Puertas y presentación de Calaveritas Literarias este 30 de octubre del año en curso, con el objetivo de promover, preservar y difundir una de las tradiciones culturales más emblemáticas de México. Esta tradición está llena de misticismo y significado que enorgullece a nuestro país México en todo el mundo, por lo que se comenzará con el concepto de Mictlán, fundamental en la mitología en las culturas mesoamericanas, especialmente en la Mexica (Azteca). Su significado proviene del Náhuatl Mictlán o Miktlan, el cual se traduce como “Lugar de los Muertos” (de mikki “muerto” y tlan “lugar de”), por lo que en la cosmovisión mexica el Mictlán es el inframundo o el lugar del descanso final al que se dirigían las almas de las personas que morían de forma natural o por causas comunes, no así las que morían en batallas, por agua o en el parto, ya que estas tenían otros destinos como el Tlalocan o el Paraíso del Sol. A diferencia del concepto cristiano, el Mictlán no era necesariamente un lugar de castigo eterno, aunque sí era un lugar frío, oscuro y lleno de desafíos, se le consideraba simplemente el lugar de destino final para la mayoría de las almas. Este lugar estaba gobernado por los dioses de la muerte, Mictlantecuhtli, el señor del Mictlán y su esposa Mictecacihuatl la señora del Mictlán. Se llegaba tras una travesía larga y difícil que duraba cuatro años, durante ese tiempo el alma tenía que superar varios obstáculos distribuidos en nueve niveles, ríos, montañas de obsidiana, frío, siendo el objetivo final del viaje purificar el alma en el noveno nivel el Chicunamictlán, donde el alma finalmente alcanza el descanso; así también el Xoloitzcuintle , era el perro guía que ayudaba a las almas a cruzar el último río. Por tanto, el Mictlán es el destino de la mayoría de los difuntos en la mitología mexica, que se traduce en un complejo y largo viaje de transformación y descanso eterno. Todo ello ha sido elemento central en la tradición de Día de Muertos en México.
}Así los altares prehispánicos conocidos como Tlamanalli en náhuatl, significaba "La Ofrenda", su principal significado radicaba en la continuidad de la vida y el apoyo al difunto en su travesía por el inframundo. En la cosmovisión prehispánica, la muerte no era el fin trágico de la existencia, sino la culminación de la vida terrenal y el inicio de un viaje. A diferencia de los altares actuales, que son elaboradas estructuras de niveles, los Tlamanalli eran inicialmente ofrendas funerarias que se colocaban en las tumbas o en el lugar donde se recordaba al difunto. Los elementos eran simbólicos y prácticos para el viaje: Maíz, frijol, chiles, amaranto, tamales y cacao. No eran solo un recuerdo, sino el alimento que el difunto consumía en vida y que necesitaría para el largo y arduo camino, el copal, resina aromática era el único "incienso" conocido. Su humo se elevaba y se creía que era alimento para las divinidades, y servía para limpiar y purificar el ambiente, abriendo un camino seguro para el espíritu. La flor de Cempasuchil, conocida como la "flor de veinte pétalos". Su color amarillo (solar) y su fuerte aroma se utilizaban para marcar el camino (desde el cementerio o la entrada de la casa hasta la ofrenda) para guiar el alma de regreso al hogar. También en lugar de las calaveras de azúcar, los mexicas utilizaban cráneos reales (los Tzompantli). Estas calaveras simbolizaban la muerte y el renacimiento, un recordatorio de que la vida es transitoria y la muerte es la puerta a otro estado. Otro elemento es el agua, que representa la vida y, sobre todo, servía para calmar la sed del alma después de su viaje y para purificar su regreso. Además, se incluían objetos personales, tales como herramientas del oficio, armas, o bienes que pudieran ser útiles para que el difunto se presentara en el inframundo. En estos rituales no podía faltar la puerta, que simboliza la "entrada al hogar y al corazón" para las almas que han viajado desde el Mictlán para visitar a sus familias; Los elementos simbolizan la bienvenida, utilizando principalmente la flor de cempasúchil que tiene un color amarillo-anaranjado intenso y un aroma penetrante. Se utiliza para crear un camino de pétalos que va desde la puerta principal hasta el altar, sirviendo como guía olfativa y visual para el alma. Hoy en día se utiliza el papel picado, se cuelga en el marco de la puerta, sus vibrantes colores (especialmente morado, que simboliza el duelo; y naranja, que simboliza la alegría y el sol) y sus figuras (calaveras, esqueletos, flora) representan el aire y la alegría festiva de la celebración.
Asimismo, figuras de la Catrina (esqueletos vestidos elegantemente) se colocan a los lados de la puerta. Simbolizan la aceptación festiva de la muerte como parte de la vida. En esencia, la decoración de la puerta no es un simple adorno; es una extensión fundamental del Altar de Muertos. Es el primer paso en el gran ritual anual donde México, con su color, aroma y profunda espiritualidad, abre literalmente sus puertas a la memoria y al amor por aquellos que se han adelantado. Ahora bien, también se hablará del personaje de la Catrina Elegancia Esquelética y Símbolo de la Identidad Mexicana, considerada como un ícono de la celebración de Día de muertos en México a nivel mundial. La Catrina es quizás el ícono más reconocido del “Día de Muertos” y de la visión mexicana de la muerte. Más que una simple figura, representa una poderosa síntesis de la historia, la sátira social y la filosofía cultural del país ante la inevitable parca. El origen de este personaje se remonta a principios del siglo XX, con el grabador, ilustrador, crítico y caricaturista José Guadalupe Posada (1852-1913). Quien denomina con el nombre original de la creación "La Calavera Garbancera", que se trataba de un grabado en metal que mostraba un esqueleto con un sombrero elegante, sin vestimenta. A la cuál Posada la concibió como una “sátira social”, una burla a las personas (particularmente mujeres de origen indígena) que negaban sus raíces y adoptaban modas y estilos de vida europeos para pretender pertenecer a las clases altas de la época (llamadas "garbanceras"). Posada la utilizó para recordar que, a pesar de las apariencias o la riqueza, "la muerte es democrática", ya que al final, "güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera". La figura adquirió su vestimenta elegante y el nombre de "La Catrina" (diminutivo de "catrín", que se refiere a un hombre elegante y bien vestido) gracias al muralista Diego Rivera (1886-1957) incluyéndola en su famoso mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" (1947), donde le otorgó el porte aristocrático que se le conoce hoy, consolidándola como un personaje popular. Hoy en día, La Catrina ha trascendido su origen de crítica social para convertirse en un “símbolo festivo” y la “imagen central” de la celebración del Día de Muertos, la cual simboliza la “aceptación” y la “celebración de la muerte” como parte integral de la vida. Su sonrisa estilizada refleja la actitud lúdica y sin temor del mexicano hacia la muerte. Así, hoy por hoy, es la figura más representativa de la tradición del Día de Muertos a nivel mundial, a menudo apareciendo en artesanías, ofrendas, altares y desfiles. Y en nuestra sociedad, se ha vuelto una tradición popular para hombres y mujeres (Catrinas y Catrines) “maquillarse y disfrazarse” con su imagen. Los atuendos suelen ser elaborados, elegantes y llenos de flores de cempasúchil y colores vibrantes, honrando la dualidad entre la muerte y el color de la vida. Por tanto, La Catrina es el recordatorio festivo de que, bajo la superficialidad de la riqueza o las apariencias, “todos somos iguales ante la muerte”, invitando a vivir la vida plenamente y a honrar a los difuntos con alegría y respeto. En consecuencia, la representación de catrinas y catrines no podía faltar en esta pasarela de alumnos y alumnas de la comunidad universitaria, mostrando su creatividad, colorido, fantasía, contexto, historia, e incluso uso de materiales que respetan el medio ambiente. Con ello se ha concebido una cultura del pensamiento universitario de no dejar pasar las tradiciones y costumbres de nuestras raíces que ha sido considerada patrimonio intangible de la humanidad. Asimismo, en este festejo, se suele realizar, versos, sátira como parte de la tradición mexicana, mejor conocidas como “Calaveritas literarias”, las cuales son composiciones poéticas populares mexicanas, llenas de ingenio, sátira y humor negro. Se escriben tradicionalmente en vísperas del Día de Muertos (1 y 2 de noviembre) y su propósito es "retratar" a personas vivas (o muertas) como si la mismísima Muerte (personificada como la "Huesuda" o la "Flaca") estuviera a punto de llevárselas al panteón Pero esto no es nuevo ni moda, se tiene noción que las primeras expresiones satíricas sobre la muerte se remontan a la época colonial (influenciadas por las "Danzas de la Muerte" europeas), las calaveritas tal como las conocemos hoy nacieron a mediados del siglo XIX. Surgiendo como versos satíricos publicados en periódicos. Su función inicial fue principalmente la crítica política y social, burlándose de figuras públicas, políticos y miembros de la élite que se creían invulnerables o que negaban sus raíces.
Uno de los registros más antiguos data de 1849, en el periódico El Socialista de Guadalajara. Así el género se consolidó y popularizó durante la Revolución Mexicana. El grabador José Guadalupe Posada usó versos de calaveras para acompañar sus famosas ilustraciones, como la icónica "Calavera Garbancera" (luego conocida como La Catrina), reforzando el vínculo entre el esqueleto elegantemente vestido y el texto de burla a las apariencias y la jerarquía social. Por ello, La calaverita literaria es una manifestación del complejo y único sentido del humor mexicano ante la muerte. En lugar de temerle, se le enfrenta, se le interpela y se le llama por nombres cariñosos ("La Catrina," "La Parca," "La Flaca," "La Tostada"). Es decir, al escribir sobre la muerte de alguien con humor, en realidad se está celebrando su vida y sus características distintivas. Por lo que las calaveritas siguen siendo un ejercicio literario popular y vivo en México. Ahora bien el pensamiento universitario de la Licenciatura en Intervención Educativa vincula sus contenidos curriculares con el reconocimiento de la historia y la relación con el momento actual de acontecimientos, rituales, que van sumando significado e identidad a la cultura mexicana, promoviendo que el interventor educativo adquiera la capacidad de analizar críticamente la relación entre la cultura, la identidad y los procesos educativos, entender la diversidad social, territorial, lingüística y cultural de los sujetos y grupos con los que trabajará, reconociendo que la identidad se construye en múltiples contextos. Esto implica ver la educación no solo como un proceso formal, sino como una construcción social y cultural. Es decir, utilizar el conocimiento de la cultura y la identidad como base para diseñar, implementar y evaluar propuestas de intervención educativa que sean pertinentes, respetuosas y contextualizadas a las necesidades específicas de la comunidad o grupo. Finalmente, lo que hoy se vive en nuestra máxima casa de estudios es el resultado de prácticas y colaboración de las generaciones de alumnos, directivos, personal docente, administrativos, e invitados que nos han acompañado, que año con año han aportado a esta celebración un cúmulo de saberes, reflexiones, creatividad, gastronomía, convivencia e inclusión, caracterizándonos como una familia universitaria, porque esta celebración representa la unidad en la diversidad.
EDUCAR PARA TRANSFORMAR