Además de las prácticas profesionalizantes que realizo en el marco escolar, he tenido algunas experiencias laborales que considero muy importantes en mi proceso de formación personal y profesional.
Una de ellas es mi trabajo como mozo, que realizo en algunas noches. Esta actividad me permite generar mis propios ingresos, aprender a organizar mi tiempo y desarrollar habilidades de atención al cliente, trato con personas, responsabilidad y manejo del estrés en momentos de mucha demanda. Es un ambiente dinámico en el que se aprende a trabajar en equipo y a mantener una actitud profesional, incluso en situaciones exigentes.
También estuve trabajando como leñador durante las vacaciones de invierno. Me levantaba temprano, alrededor de las 9:00 de la mañana, y me pasaban a buscar para ir a un campo donde nos dedicábamos a hachar varios metros de leña. Esta experiencia me enseñó el valor del esfuerzo físico, la constancia y el trabajo duro. No es un trabajo fácil, pero me permitió valorar el sacrificio que muchas personas hacen diariamente para ganarse la vida.
Estos dos trabajos todavía puedo seguir haciéndolos, pero es un sacrificio muy grande, ya que me compromete con los horarios escolares, de mi estudio de folclore como profesor y a veces compromete mis horarios de mozo o de leñador.