The devil wears Prada 1
The Devil Wears Prada (conocida en español como El diablo viste a la moda) es mucho más que una película sobre ropa y glamour. Dirigida por David Frankel y protagonizada por Meryl Streep y Anne Hathaway, la cinta mezcla comedia, drama y crítica laboral de una forma que sigue vigente casi 20 años después.
La historia sigue a Andy Sachs, una joven periodista que entra a trabajar en la prestigiosa revista de moda Runway, bajo las órdenes de la temida Miranda Priestly. Lo interesante es que la película no trata realmente de moda, sino de ambición, sacrificio personal y presión profesional. Andy empieza rechazando ese mundo superficial, pero poco a poco termina absorbiéndose por él hasta perder parte de su identidad.
El mayor acierto de la película es la actuación de Meryl Streep. Su interpretación de Miranda es elegante, fría y dominante, pero también deja ver momentos de vulnerabilidad. En lugar de construir una villana caricaturesca, la película presenta a una mujer poderosa atrapada en un sistema laboral despiadado. Muchos análisis actuales consideran que el “verdadero antagonista” no es Miranda, sino la cultura de explotación laboral y éxito obsesivo que representa la industria.
Visualmente, la película destaca por su vestuario y estética sofisticada. Además, logró convertir la moda en una herramienta narrativa: la transformación de Andy refleja su evolución interna y cómo el entorno cambia su personalidad. Incluso quienes no están interesados en la moda suelen conectar con el tema universal del equilibrio entre trabajo y vida personal.
Otro punto fuerte es que envejeció mejor de lo esperado. En 2006 muchos la veían como una comedia ligera; hoy se interpreta también como una crítica al burnout, la competitividad tóxica y el costo emocional del éxito.
Como puntos débiles, algunas subtramas románticas son poco memorables y ciertos personajes secundarios quedan desaprovechados. Además, parte del humor relacionado con la apariencia física o la presión estética puede sentirse anticuado para audiencias actuales.
En general, El diablo viste a la moda sigue siendo una película entretenida, inteligente y sorprendentemente profunda. Funciona tanto como comedia elegante como reflexión sobre el trabajo, el poder y la identidad. Por eso se convirtió en un clásico moderno del cine de los 2000.
Calificación sugerida: 8.5/10.
The devil wears Prada 2
The Devil Wears Prada 2 intenta hacer algo difícil: continuar una película considerada ya un clásico moderno sin sentirse como una copia nostálgica. Y, en gran parte, lo logra. La secuela trae de regreso a Miranda Priestly, Andy Sachs, Emily Charlton y Nigel, pero ahora en un mundo donde las revistas impresas están perdiendo poder frente a lo digital y las redes sociales.
La película mantiene el tono elegante, sarcástico y sofisticado de la original, aunque con una visión más madura. Andy ya no es la joven insegura del primer filme; ahora es una periodista reconocida que vuelve a Runway desde una posición mucho más fuerte. Eso cambia completamente la dinámica con Miranda y hace que la historia se sienta fresca en vez de repetitiva.
Meryl Streep vuelve a dominar cada escena. Miranda sigue siendo intimidante y brillante, pero aquí el personaje refleja algo nuevo: el miedo a quedarse atrás en una industria que cambia demasiado rápido. La película usa ese conflicto para hablar sobre la caída de los medios tradicionales, la cultura digital y la presión por mantenerse relevante.
Emily Blunt también destaca mucho más que en la primera entrega. Su personaje ahora tiene poder propio y algunas de las mejores escenas vienen precisamente del choque entre Emily y Miranda. Stanley Tucci vuelve a aportar el lado humano y emocional de la historia.
Visualmente, la película es espectacular. Nueva York y Milán funcionan casi como personajes secundarios, y el vestuario vuelve a ser uno de los mayores atractivos. La secuela entiende perfectamente que la moda no es solo estética: es una forma de mostrar estatus, personalidad y evolución emocional.
Sin embargo, la película tiene algunos problemas. Quiere tocar demasiados temas al mismo tiempo —inteligencia artificial, crisis editorial, redes sociales, cultura corporativa— y en ciertos momentos parece saturada de ideas. Algunos personajes nuevos también quedan poco desarrollados.
Aun así, funciona muy bien como secuela porque no intenta copiar exactamente la fórmula original. En lugar de repetir “la chica nueva aprendiendo moda”, presenta personajes más cansados, más complejos y enfrentando un mundo distinto. Tiene menos inocencia que la primera, pero más reflexión.
En general, The Devil Wears Prada 2 es una secuela elegante, entretenida y sorprendentemente actual. Quizá no supera a la original, pero sí la complementa de forma inteligente y demuestra que todavía había algo interesante que contar en ese universo.
Calificación sugerida: 8/10.