Este proyecto se incluyo consideraciones específicas como la integración con el paisaje natural, la sostenibilidad ambiental y el confort rural. Terrazas y ventanas son las que permiten, a su vez, establecer una conversación permanente y cambiante con la frondosa vegetación que rodea el terreno. En el ecosistema de la arquitectura, las plantas cobran un rol protagonista, estableciendo una relación simbiótica similar a la que el musgo o el amate acuerdan con la roca. Desde adentro, las ventanas –que adoptan distintas formas y tamaños– se convierten en aperturas que enmarcan elementos naturales, invitan a mirar el color verde y bañan de luz los espacios de vida. Al mismo tiempo, estas ventanas confunden el umbral que separa interior y exterior, generando en cambio una sensación de amplitud expandida. Desde afuera, una vez rebasadas las plantas que rodean y esconden la construcción como a un valioso objeto olvidado al fondo del baúl, las ventanas ofrecen vistazos fugaces de la vida, apenas un puñado de sugerencias de lo que transcurre a diario. De noche, la casa se pierde en la oscuridad. Lo que queda son pequeños huecos de luz alumbrando un conjunto de cuadros cotidianos.