José asintió lentamente, entendiendo ahora la importancia de lo que su maestro le decía. Desde ese día, cada vez que pasaba cerca de las vías del tren, se detenía, miraba las señales y cruzaba con mucho cuidado, recordando la historia del conejo Rolo y la lección que había aprendido. 


El maestro Bustavo sonrió satisfecho, sabiendo que a través de un simple cuento había logrado enseñarle a José una lección que le protegería por el resto de su vida.