Tal vez, muchos padres coinciden hoy en día que uno de los puntos en los que menos se han percatado en cuanto al desarrollo de sus niños, sea la evolución del lenguaje . Algunos quizás hayan notado que sus niños no están hablando al igual que otros niños contemporáneos a los suyos; no obstante no le han prestado la atención respectiva ya que consideran que éstos alcanzarán el nivel de lenguaje que les corresponde en algún momento. A través de una serie de preguntas más frecuentes buscamos informar y darle a conocer algunos puntos importantes que como padre debería saber.
Uno de los temas que nos debe mantener en máxima alerta hoy en día es, cómo se viene desarrollando el lenguaje en nuestros niños. Muchos padres no se percatan de esto sino hasta que sus hijos acuden a un Nido. La mayoría de familias tienen un solo niño, por consiguiente al no haber un modelo lingüístico similar al de su niño no encuentran un punto de comparación lingüísticamente hablando.
Muchos padres consideran gracioso que sus hijos hablen como bebés o que éstos vayan creando códigos lingüísticos, los cuales ellos y el entorno que rodea comprende a la perfección; no obstante, cuando empiezan a relacionar a sus niños con otros de similar edad descubren que no todos vienen desarrollando su lenguaje del mismo modo, puesto que algunos han adquirido un mayor caudal léxico, mientras que otros apenas emiten unas dos o tres palabras y algunos ni eso, sólo se limitan a señalar para obtener lo que desean habiéndose cumplido el proceso de la comunicación y no teniéndose necesidad de articular palabra alguna. Pero, cómo saber si nuestro niño está desarrollando su lenguaje de manera adecuada, ¿existe algún rango de edad que debiéramos tomar en cuenta?. Usualmente muchos padres relacionan problemas del lenguaje cuando sus hijos no pronuncian la “rr” y apenas sus niños cuentan con dos o tres años, a esa edad que el niño no pronuncia adecuadamente el fonema vibrante múltiple/r/ no constituye un problema propiamente dicho ya que éste es el último fonema que sus niños van a adquirir, además de los sinfones laterales y centrales, más conocidos como trabadas o licuantes(/pr/,/tr/,/tl/,Pl/, etc.), esto se da alrededor de los 4 ó 5 años; sin embargo, existen algunos indicadores que sí nos pueden alertar como los siguientes:
Su niño “entiende todo pero no habla”.
Parece no escuchar cuando le hablan o no entender lo que se le dice.
Tiene dos años y no habla más que tres o cuatro palabras o usa gestos para comunicarse.
No mira a las personas cuando le hablan o cuando desea algo, parece como “metido en su mundo”.
No cumple instrucciones como “párate” “ven” “dame” “dale a mamá”.
Tiene conductas raras o extrañas: darse vueltas, fijarse en un objeto o agredirse a sí mismo.
Parece no reaccionar ante el ruido, los sonidos ambientales y/o la voz humana.
Tiene tres años y se le entiende muy poco o nada cuando habla o sólo las personas allegadas al niño lo entienden.
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Un niño es obediente si se somete sin rechistar a la autoridad de sus padres y de otras personas mayores.El niño que no crea problemas, que se adapta a todas las situaciones y personas, que jamás se queja ni revela…, es un niño ¡obediente! y ¡bueno! Y cuando no se somete a los dictámenes, órdenes y deseos de los padres y personas adultas se le califica de desobediente.
En realidad, en la mayoría de los casos, el niño rechaza la autoridad porque ésta se manifiesta arbitraria e impositiva sin razones y, por tanto, la considera inútil.
Jean Piaget introduce los Procesos Mentales del niño. A través de sus investigaciones pretende saber cómo piensa, en qué aspectos es muy diferente al pensamiento del adulto. Esto lo consigue explicar en los diferentes estadios o periodos por los que atraviesa el niño, y en los que según este autor, se desarrolla física y mentalmente.
La estimulación sensorial es fundamental para el desarrollo integral de los niños. A través de experiencias y actividades que involucran los sentidos, se promueve su aprendizaje y crecimiento. Aquí tienes algunas ideas de actividades sensoriales:
Tacto:
Juegos con diferentes texturas como arena, agua, gelatina o plastilina.
Masajes suaves con aceites o cremas.
Oído:
Escuchar música de diferentes géneros y ritmos.
Jugar con instrumentos musicales.
Vista:
Observación de imágenes coloridas o con patrones.
Juegos con luces y sombras.
Propiocepción (conciencia del cuerpo):
Utilizar juguetes de diferentes colores, tamaños y formas.
Jugar con espejos y superficies que reflejen la imagen.
Percepción vestibular (equilibrio y movimiento):
Esconder o tapar juguetes para que el niño los busque.
Utilizar juguetes con luces, como proyectores.