La Samaritana de Crevillent es una cofradía de Semana Santa fundada en esta localidad alicantina el 4 de octubre de 1.865, por lo que es una de las más antiguas del pueblo con sus actuales ciento sesenta años de existencia.
De hecho, sus imágenes, que datan de 1.866 y son obra del valenciano Francisco Pérez Figueroa, son el grupo escultórico más antiguo con esta misma referencia iconográfica de la Comunitat Valenciana, y el segundo en toda España después del original de Roque López de 1.799 que es propiedad de la Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Cristo de Murcia. Otros grupos escultóricos similares que les precedieron (como el de Salzillo en Cartagena, de 1.773, o los de Santiago Baglietto en Orihuela, de 1.833, y en Hellín de 1.840) fueron destruidos durante la guerra civil española.
Su libro de actas, que ha sabido conservar desde su misma fundación, el 4 de octubre de 1.865, constituye hoy un auténtico tesoro para quienes deseen estudiar el origen de nuestras tradiciones. El libro, depositado en el Museo de la Semana Santa de Crevillent, es posiblemente el documento histórico más importante de la Semana Santa crevillentina. En él podemos encontrar referencias a aspectos tales como las tradiciones gastronómicas del viernes santo, la participación de la música en las procesiones crevillentinas, la evolución del papel de hombres y mujeres en la cofradía, la de la organización de las procesiones, cómo se recaudaba los donativos, los cambios históricos en la vestimenta de los penitentes, etc.
Sin duda, con su antigüedad La Samaritana es uno de los principales responsables del importante legado cultural característico de la semana santa crevillentina. Su archivo histórico permite conocer el origen de algunas de las características más emblemáticas de nuestras fiestas de semana santa, como la tradición musical o el típico almuerzo cofrade del Viernes Santo, a base de un humilde pan tostado, habas tiernas, ajos y bacalao asados. Éste apareció como consecuencia de la necesidad de proporcionar a los “agarraós” (costaleros en el lenguaje propio local) un alimento energético -pero a la vez austero y apropiado para una jornada de ayuno y abstinencia- que les permitiera afrontar la dureza de un día en el que el paso desfilaba a hombros hasta en tres procesiones distintas en una misma jornada. En nuestras actas tenemos datos de aquellos primeros ágapes desde 1.911. Hoy se han convertido en puntos de encuentro para crevillentinos y forasteros y han generado una tradición hondamente sentida por todos los locales.
La música, presente en nuestras procesiones desde 1.867, es fundamental en la Samaritana. Algunos autores del siglo pasado, como Manuel Aznar, nos han dedicado sus composiciones, marchas procesionales que siguen acompañándonos cada año dando lugar a otra importante tradición local: “les passarelles”.
En la actualidad, la cofradía está integrada por 325 socios cofrades. La Samaritana participa en la procesión de la Pasión de Cristo que tiene lugar el miércoles santo por la noche y en las procesiones de subida y bajada del Calvario que se desarrollan durante la madrugada y la mañana del viernes santo, respectivamente.
Una peculiaridad de la Semana Santa Crevillentina es su carácter marcadamente fiel al desarrollo de los textos de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Por esa razón nuestro paso encabeza las mencionadas procesiones (después de la Cruz de la Convocatoria que abre todas las procesiones crevillentinas), y le siguen el resto de pasos hasta un total de 16, según el orden cronológico en que sucedieron los hechos de la Pasión. Estas procesiones, de un marcado carácter levantino, llenas de luz, música y colorido, son radicalmente distintas de las que podemos encontrar las noches de martes, viernes o sábado santo, en las que impresiona la sobriedad y la belleza de sus imágenes o la participación de coros acompañándolas en medio del silencio nocturno.
Estas son, entre otras, algunas de las razones que hacen de nuestra Semana Santa y de nuestra Samaritana unas auténticas joyas de la cultura pasional mediterránea.