Cantique de Jean Racine - G. FauréUna Palabra igual al Altísimo, nuestra única esperanza.Día eterno de la tierra y del cielo.De la noche tranquila rompemos el silencio.Divino Salvador, echa tus ojos sobre nosotros.Extiende sobre nosotros el fuego de tu poderosa gracia.¡Huye toda la gehena al sonido de tu voz!Disipar este sueño de un alma languideciente.¡Lo que la lleva al olvido de tus leyes!¡Oh Cristo! estar a favor de este pueblo fiel.Para bendecirlos ahora reunidos.Recibe las canciones que ofrece a tu gloria inmortal.Y de tus regalos regresa lleno.Ave Maria - Ch. GounodHallelujah - L. CohenOí que existía un acorde secretoQue David tocaba y complacía al SeñorPero en realidad a ti no te importa la música, ¿verdad?Dice así: El cuarto, el quintoLa caída menor, la mayor ascensiónEl rey desconcertado componiendo AleluyaPanis angelicus - C. FranckEl pan de los ángelesEs hecho pan de los hombresEl pan de los cielosTermina con las antiguas figuras:¡Oh, regalo maravilloso!Se alimentan del SeñorLos pobres, los pobresLos siervos y los humildesLos pobres, los pobresLos siervos y los humildesIntermezzo - Cavalleria Rusticana, MascagniRecordare - Requiem, VerdiRecordare, Iesu piequod sum causa tuae viae,ne me perdas illa die.Quarens me, sedisti lassus,redemisti crucem passus;tantus labor non sit cassus.Iuste iudex ultionis,donum fac remissionisante diem rationis.Ingemisco, tanquam reus,culpa rubet vultus meus;supplicanti parce, Deus.Qui Mariam absolvistiet Latronem exaudistimihi quoque spem dedisti.Preces meae non sunt dignae,sed tu bonus fac benignene perenni cremer igne.Inter oves locum praestaet ab haedis me secuestrastatuens in parte dextra.
Traducción:
Acuérdate, piadoso Jesús,ya que soy la causa de tu venida,de no perderme aquel día.Buscándome, te sentaste cansado,me redimiste padeciendo la cruz;tanto trabajo no sea vano.Juez que castigas justamente,otórgame el perdónantes del Día del Juicio.Gimo, como un reo,el pecado enrojece mi rostro;perdona, Dios, a quien te implora.Tú que absolviste a Maríay perdonaste al ladrón,también a mí me has dado esperanza.Mis ruegos no lo merecen,pero tú, bueno como eres, haz benignamenteque no sea yo quemado en el fuego perenne.Dame un lugar entre las ovejasy separándome de los cabritoscolócame a tu derecha.
Ave Maria - Caccini