Formada en artes visuales principalmente, actualmente estudia en Escuela Sur en el CBA de Madrid el Curso Fundamental de profesiones artísticas donde conoció a su compañera de colectivo.
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Yokai: Confección del ser a partir del espíritu de lo desechado
Patriarcado Nasal
Este proyecto aún en desarrollo, pretende ser una serie de Yokai (monstruos pertenecientes a la tradición folclórica Japonesa).
Para los japoneses, todo ser animado o inanimado posee un alma, de modo que los Yokai son aquellos espíritus de seres o cosas que han caído en el olvido y que de algún modo han sido desechados y rechazados por la sociedad. Estos monstruos o apariciones cruzan la frontera de lo invisible cuando se adentran en el mundo real. Son principalmente utilizados para ilustrar aquellas cuestiones raras o difíciles de explicar.
Por tanto, es un paralelismo entre estos espíritus y la parte del propio ser que muchas veces se oculta por miedo al rechazo.
La idea principal era la confección de este ser por medio de unos cuestionarios íntimos que fueron realizados a diversas personas y a partir de los cuales pude desarrollar el diseño del personaje como disfraz. Los disfraces son confeccionados a mano con retales, desechos y materiales reciclados.
De alguna manera, quería que el disfraz sirviese como desenmascaramiento de la personalidad real de la persona en cuestión.
Por último, quería que estos monstruos tuviesen una vida más allá de su confección, por lo que están pensados como objeto performativo que debe ser vestido por su propietario.
Este proyecto surge de la necesidad de devolverle la nariz a Pepita Jiménez, perteneciente al grupo escultórico construido en honor a Juan Valera en el Paseo de Recoletos de Madrid.
Fue concebida por el sobrino del autor en 1927.
El conjunto se compone de un podio, sobre el que se alza el busto solemne de mirada severa, de Juan Valera. Por otra parte, se posiciona la figura de Pepita, de cuerpo completo y pose complaciente, sentada o recogida por ese monumental busto. Además, se encuentra al alcance de todo transeúnte, en contraposición al distanciamiento e inaccesibilidad de Juan Valera.
La intervención pretende recalcar de manera irónica la imagen de Pepita como una mujer expuesta a la mirada y acción ajena, que busca la aprobación principalmente del hombre, con el n de ser amada.
Todas y cada una de las narices aluden acepciones despectivas que se tienen de la mujer.
La idea de restaurarle la nariz con plastilina roja, esta ligada al concepto de juego utilizando lo dúctil y fácilmente manipulable como algo divertido o entretenido.
Por ello, quería que este proyecto expusiese e ilustrase las ideas anteriores para permitirle finalmente respirar tranquila.