Edmundo Camargo Ferreira
ALISON MENDIETA ROSAS - RAFAEL RODRIGO MARQUEZ REYNOSO
ALISON MENDIETA ROSAS - RAFAEL RODRIGO MARQUEZ REYNOSO
Biografía
Poeta boliviano, nacido en Sucre (capital del departamento de Chuquisaca) el 21 de enero de 1936, y fallecido en Cochabamba (cabeza del departamento homónimo) el 27 de marzo de 1964. A pesar de su breve existencia -falleció, víctima de una virulenta enfermedad intestinal, a los veintiocho años de edad-, dejó una interesante producción poética, que, marcada por la huella indeleble del Surrealismo, le sitúa entre los autores más originales y sugerentes de la lírica boliviana contemporánea.
Hijo de Hilarión Camargo Lanza y Judith Ferreira, se le ha incluido en muchas ocasiones en la nómina de los literatos de Cochabamba, pues, aunque vino al mundo a Sucre, se trasladó con toda su familia a dicha ciudad cuando sólo contaba cuatro años.
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OBRAS DE EDMUNDO CAMARGO FERREIRA
Del tiempo de la muerte (1964) y Obras completas (2002).
Oficio
Yo sé que he de morir un día
en que no encuentre mi soledad junto a mi sombra
habrá un olor a casas barbadas por el musgo
y un aire lleno de rostros olvidados.
Ya la ciudad respira con pulmones metálicos
la piedra es cuenca vaciada del silencio
y el agua detenida es cielo muerto.
Conmigo va mi sangre como un lobo de lengua fatigada
y mis ahijadas lágrimas
que siempre llegan viejas en el vino
estoy ronco de viento color de calamina
entre tanta ventana que jadea
y tanto árbol de luto encarcelando pájaros.
Llevo un entierro en mí alma
y el recuerdo de un día que llegué sobre el mundo
a la muerte de un dios en orfandad
que sólo tuvo cielo,
El corazón me duele a telaraña de lluvia tejedora
y me suenan los clavos de mi crucifixión.
Si han venido a cobrar mi soledad
sólo ha de ser el frio rezando en el metal
el agua como una concertina de barro derramada
la piedra en tentativa de soñar
y estas últimas sílabas robadas a la muerte.
Es ya un asombro a tierra mi pisada
y un cementerio de humo mi cansancio.
Quizás sea yo mismo convocando al entierro
de mi alma
o un viejo enterrador de rostros mutilados.
Si han venido a cobrar mi soledad
sólo ha de ser el día sangrando entre los dientes
dé los perros. Sólo será mi sombra
y un miedo ronco respirando las casas.
(De El tiempo de la muerte)
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