Por la protección del entorno de la Dársena y el Canal de Castilla
Un cambio radical de carácter, de ser una zona verde tranquila, semi-rural, con todos los beneficios asociados para toda la ciudadanía, pasaría a convertirse en un área más densamente urbanizada, incluyendo bloques de apartamentos más altos que los que hay actualmente, más aparcamientos, alumbrado público y parcelas comerciales. En otras palabras, naturaleza reemplazada por ladrillo y hormigón. La Palencia de 2020 no es la de 2008. Estos últimos años hemos crecido en respeto hacia el entorno natural y en el cariño a nuestras fortalezas, una de ellas es la de contar con una zona semi-rural y natural, rodeando la dársena y el canal, que supone un bien compartido por todos los palentinos.
Se fomenta un mayor abandono y descuido del centro de la ciudad. El fomento de la expansión urbana en la zona verde ocurre en detrimento de zonas amplias del centro de la ciudad. Gradualmente, algunas zonas de Palencia se están deshabitando y descuidando. Al alentar la expansión de la ciudad a zonas de alrededor, se acelerará el abandono y descuido del centro de la ciudad y las áreas residenciales urbanas existentes.
La progresiva expansión urbana amenaza a las áreas verdes que rodean la ciudad. Solo las leyes pueden proteger estos cinturones verdes. El PERI 5 antes tenía la consideración de suelo rústico de especial protección y las autoridades de planificación decidieron cambiar su uso para permitir el desarrollo urbano. Si las autoridades de planificación pueden hacer eso para el PERI 5, entonces ¿qué les impide hacer lo mismo en las áreas rústicas actualmente protegidas? Esta es la razón por la que se han creado cinturones verdes en muchas ciudades, para evitar este tipo de apropiación de tierras, y es un misterio que el estado protegido del PERI 5 (1992) se eliminara en 2007, especialmente dada la histórica relevancia del Canal de Castilla y su importancia como un lugar de belleza natural tan cerca del centro de la ciudad.
Como se recoge en el PGOU de 2008, este se proyectó cuando Palencia tenía 82.000 habitantes, con la previsión de que creciera en 2016 hasta los 90.220 habitantes. La realidad de nuestra ciudad es otra, su población disminuye progresivamente. En el año 2019 Palencia tiene 78.412 habitantes. Ahora, menos. La población y la actividad económica de Palencia han disminuido de manera constante durante los últimos años. Las tiendas y los negocios locales han ido cerrando sus puertas y muchas propiedades comerciales y residenciales, incluso en el centro, yacen vacías con sus escaparates tapiados. Es inexplicable que se plantee ahora un nuevo desarrollo residencial y comercial en esta zona. Tiene más sentido cuidar, conservar y estimular lo que ya tenemos a crear nuevas zonas residenciales y comerciales mientras decrece la población y la actividad económica.
Como una de las últimas áreas abiertas, semi-rural y natural que existe cerca del centro de la ciudad, esta área no solo es exclusiva de Palencia, sino posiblemente de cualquier ciudad comparable en España. Permitir que la belleza y el carácter de esta zona verde y tranquila se destruya permanentemente para dar paso a este desarrollo propuesto, podría ser un clavo en el ataúd para cualquier esperanza que la ciudad pueda tener de un futuro diferente, un futuro que, de acuerdo a los tiempos que corren, haga de Palencia un modelo para la vida del siglo XXI, una ciudad envidiable de paisajes ecológicos y agradables, una ciudad accesible para peatones y ciclistas, una ecociudad moderna del siglo XXI que ofrezca una calidad de vida que atraiga a las generaciones actuales y futuras para permanecer y para que lleguen nuevas personas. Una ciudad atractiva para empresarios y turistas. Pensemos en las posibilidades del teletrabajo, por ejemplo, para atraer a gente que busque belleza, tranquilidad y calidad de vida.
La importancia histórica y la belleza del Canal de Castilla y la Dársena, una joya de ingeniería hidráulica del siglo XIX, declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1991. Es una parte importante del patrimonio de la ciudad. Merece tener sus alrededores inmediatos protegidos y atesorados, no construidos en complejos residenciales y comerciales. Su belleza e importancia pueden ser un impulso muy necesario para la industria turística, que podría florecer en Palencia, con inversión y estímulo, pero no si esta área se ve afectada por un mayor desarrollo residencial. Los turistas y los palentinos preferimos ver el canal en su entorno natural, con su flora y su fauna, que estar rodeado de modernos bloques de apartamentos, aparcamientos y parques artificiales, sin personalidad.
Durante las últimas semanas de confinamiento, esta área junto a la Dársena se ha convertido en un lugar único, multiplicándose su uso de conexión, para todos los palentinos, hacia el campo cercano, los caminos de sirga y el monte El Viejo. Un paraíso amable para familias, caminantes y ciclistas. Un remanso de tranquilidad cercano al centro de la ciudad. Permitir que los constructores conviertan una de las áreas más bellas de la ciudad en otra parte de la expansión urbana es imperdonable. Si la pandemia del Covid-19 nos ha enseñado algo, es que no podemos volver a los modelos económicos del pasado para revivir nuestras economías, debemos construir nuevos modelos que respeten el medio ambiente, el aire y nuestra calidad de vida.
Clima económico actual. Dadas las proyecciones de consecuencias económicas sin precedentes debidas a la pandemia de Covid-19 y la probable presión económica a la baja sobre todas las empresas, incluidas las constructoras privadas, existe un riesgo muy real de que las empresas constructoras se declaren en quiebra o simplemente abandonen el proyecto, después de comenzar a trabajar, dejando la zona arruinada por trabajos a medio terminar y abandonados. Esto ya ha ocurrido en muchos lugares y podría volver a ocurrir.
Se permite la construcción de edificios de una altura mayor que incluso los más altos que actualmente tiene el barrio. Un criterio extraño. Cuanto más cerca del canal, más alto el edificio. El impacto ambiental y visual desde la Dársena y el ramal del Canal será el de un paisaje desolador.
Aumento del tráfico por carretera. El aumento de la densidad del alojamiento residencial traería consigo muchos problemas asociados con niveles más altos de contaminación del aire causados por más coches, problemas de seguridad vial, aumento del ruido y los atascos que se producen cada día a las horas de cambio de turno en el hospital, que se verían incrementados con el aumento de residentes.
El comercio del barrio es el comercio del centro de la ciudad. Si se construye una zona comercial en el barrio, se dejará de comprar en las tiendas del centro y de la Plaza de Abastos, donde ahora vamos los vecinos de Allende el Río. El comercio palentino de proximidad no merece ser tratado así.
Más estacionamiento. El desarrollo urbano fomentará más estacionamiento en la zona, tanto de los residentes como de los visitantes, que aprovecharían las calles recién creadas y los lugares sin supervisión o abandonados para aparcar. Esto significa más coches estacionados. Esto no solo es visualmente desagradable, sino que también crea más atasco, lo que a su vez crea problemas para la carga y descarga y para maniobrar.
Flujo de tráfico. El Paseo Faustino Calvo es un acceso importante al Hospital Río Carrión, a REPSOL, la fábrica SEDA, al monte El Viejo, etc. El volumen de tráfico y la congestión ya son considerables en el Paseo Faustino Calvo y en el Camino Collantes, especialmente durante las horas punta, como el almuerzo. Las colas ya son interminables, con más tráfico van a ser un problema aún más serio. Esto, más el tremendo aumento de las entregas de compras realizadas en línea, podría ser un problema importante si esta área se vuelve más densamente poblada y urbanizada. Pensando en el futuro y los accesos al hospital, esto supone un riesgo para el tráfico de ambulancias, puesto que la zona sufrirá más atascos y bloqueos. Esta es una de las tres entradas posibles hacia el hospital, y estaría frecuentemente congestionada.
Pérdida de vegetación, como árboles y arbustos. El desarrollo inevitablemente tendrá un precio para la naturaleza, incluida la pérdida de vegetación y el impacto negativo que esto tendrá en la vida silvestre y la belleza natural de la zona. Se debería priorizar un enfoque de conservación de la naturaleza y el entorno natural.
Aumento de la densidad y el movimiento de personas, consecuencia inevitable de la creación de más viviendas. Asumiendo que cada vivienda albergue, por ejemplo, a 4 personas de media, eso es potencialmente un aumento de 1168 residentes que viven en el área, que deben transitar, cruzar el Puente Mayor, etc. Esto ocurriría en una ciudad que cada año tiene menos habitantes. Por tanto, no supone un aumento de habitantes para toda la ciudad, sino un aumento por desplazamiento de habitantes de otras zonas de Palencia a esta. Esto incentivará que no se arreglen las viviendas actuales, que crezca el número de viviendas vacías, especialmente en el centro, y que el crecimiento urbano no se deba a una necesidad poblacional, sino a un movimiento de personas por abandono de otras zonas.
Perturbación duradera y ruido del trabajo de construcción para los residentes actuales. Una alteración enorme para todos los residentes actuales de la zona causada por los trabajos de construcción. Esto durará años. A partir de la experiencia de otros desarrollos urbanos recientes de vivienda en Palencia, uno puede predecir cómo este nuevo desarrollo propuesto podría proceder y afectar la calidad de vida. La Julia, por ejemplo, está implicando años de construcción ruidosa y disruptiva. Algunas parcelas siguen actualmente abandonadas e incompletas, tras la crisis económica de 2008. Un paisaje triste.
Mayor desperdicio y contaminación. Una consecuencia inevitable de una mayor densidad de viviendas y una mayor población en la zona.
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