La capacidad de decidir es una de las facultades más distintivas de la experiencia humana.
Desde tiempos inmemoriales, hemos sido los arquitectos de nuestro destino, esculpiendo nuestro camino a través de una serie de elecciones.
En el núcleo de esta facultad yace el poder de la decisión. La palabra "decisión" proviene del latín "decidere", que significa "cortar" o "escoger entre opciones".
Cada vez que tomamos una decisión, estamos, de hecho, haciendo un corte entre caminos, una selección consciente que determina el rumbo de nuestras vidas.
Nuestra capacidad de decisión es lo que nos distingue como seres autónomos y conscientes.
En cada elección, encontramos una oportunidad para definir quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. Ya sea decidir qué carrera seguir, con quién compartir nuestra vida o cómo enfrentar un desafío, nuestras decisiones moldean nuestro presente y construyen el puente hacia nuestro futuro.
Para alcanzar el bienestar y la plenitud, debemos abrazar tanto nuestras victorias como nuestras derrotas.
Cada elección pasada, cada camino recorrido, moldea nuestra identidad y nutre nuestro crecimiento personal.
La aceptación de los hechos pasados nos libera del peso del arrepentimiento y nos permite avanzar con claridad y determinación.
A menudo, nos aferramos a las decisiones pasadas, lamentándonos por lo que podríamos haber hecho de manera diferente.
Sin embargo, al aceptar plenamente nuestras elecciones pasadas, podemos aprender de ellas y utilizarlas como trampolín hacia el futuro.
Reconocer que nuestras decisiones pasadas no nos definen, sino que nos impulsan hacia adelante, nos permite abrazar la libertad de elegir con confianza y sabiduría.
Cada decisión que tomamos es una bifurcación en el camino, un paso hacia adelante que también implica dejar algo atrás.
Al elegir un camino, nos acercamos a ciertos destinos mientras nos alejamos de otros. Esta paradoja de las decisiones es un recordatorio constante de la complejidad y la riqueza de la experiencia humana.
Quiero que recuerdes lo siguiente: Cada elección, por pequeña que sea, construye las variables que dan forma a nuestra vida.
Es importante reconocer que en todas nuestras decisiones, convergen dos mundos: el mundo interno y el mundo externo. Desde mi etimología, Mundo Interno es el Mundo Causal, el aspecto creador; y el Mundo Externo, es el Mundo de los Efectos, aspectos virtuales. (Virtual: Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.)
El Mundo Interno es donde se gestan nuestras motivaciones, aspiraciones y temores, mientras que el Mundo Externo es donde se despliegan las consecuencias tangibles de nuestras acciones.
Reconocer esta dualidad nos permite tomar decisiones más alineadas con nuestros valores más profundos.
En cada decisión, estamos en una constante danza entre nuestro Mundo Interno y Mundo Externo.
Nuestros deseos, miedos, esperanzas y valores se entrelazan con las realidades prácticas y las circunstancias externas.
Aprender a equilibrar estos dos mundos es fundamental para tomar decisiones que nos conduzcan hacia el bienestar y la realización personal.
Quiero dejarte 5 tips muy útiles que me han sido de mucha ayuda cuando debo tomar decisiones imprtantes de manera consciente:
1. Conoce tus valores fundamentales y utilízalos como brújula en tus decisiones: Antes de tomar cualquier decisión importante, tómate un tiempo para reflexionar sobre cuáles son tus valores más profundos; esto te deriva en dos preguntas: ¿Qué es lo que realmente te importa en la vida? ¿Qué principios guían tus acciones? Identificar tus valores fundamentales te ayudará a tomar decisiones alineadas con tu verdadera esencia. Cuando estés enfrentando una encrucijada, pregúntate cómo cada opción se relaciona con tus valores.
Esto te dará una guía clara sobre qué camino seguir y te ayudará a tomar decisiones más coherentes y satisfactorias a largo plazo.
2. Practica la atención plena para sintonizar con tu mundo interno y discernir con claridad: La atención plena te ayuda a estar presente en el momento y a sintonizar con tu mundo interno. Cuando estés enfrentando una decisión importante, tómate un momento para conectarte contigo mismo. Cierra los ojos, respira profundamente y presta atención a tus pensamientos, emociones y sensaciones físicas. Observa cómo te sientes con respecto a cada opción y qué te dice tu intuición. La atención plena te permite discernir con claridad y tomar decisiones desde un lugar de sabiduría y autenticidad.
3. Acepta la incertidumbre como parte inevitable del proceso de toma de decisiones y abraza la flexibilidad: La vida está llena de incertidumbre, llena, plagada, y tomar decisiones siempre implica un cierto grado de riesgo. En lugar de resistirte a la incertidumbre, acéptala como parte natural del proceso de toma de decisiones.
Reconoce que no siempre tendrás todas las respuestas y que es imposible prever todas las consecuencias de tus acciones.
En su lugar, abraza la flexibilidad y la capacidad de adaptarte a medida que surjan nuevos desafíos. Recuerda que incluso si una decisión no resulta como esperabas, siempre tendrás la oportunidad de aprender y crecer a partir de la experiencia.
4. Busca el consejo de personas de confianza, pero recuerda que la última palabra siempre será tuya: Es valioso buscar la opinión y el consejo de personas de confianza cuando estás enfrentando una decisión difícil.
Habla con amigos, familiares, mentores o profesionales que puedan ofrecerte una perspectiva diferente o ayudarte a ver las cosas desde un ángulo nuevo.
Sin embargo, recuerda que la última palabra siempre será tuya.
Toma en cuenta los consejos y opiniones de los demás, pero no pierdas de vista tu propia intuición y sabiduría interior. Confía en ti mismo para tomar la mejor decisión para ti, incluso si difiere de lo que otros te recomiendan.
5. Aprende de tus errores y celebra tus éxitos, sabiendo que cada experiencia te acerca más a tu mejor versión: recuerda que cada decisión que tomas es una oportunidad para crecer y aprender.
Si una decisión no da los resultados esperados, no te castigues a ti mismo. En su lugar, reflexiona sobre lo que puedes aprender de la experiencia y cómo puedes aplicar esa lección en el futuro.
Del mismo modo, celebra tus éxitos y logros, reconociendo el coraje y la sabiduría que mostraste al tomar una decisión difícil. Cada experiencia, ya sea un éxito o un fracaso, te acerca más a tu mejor versión y te ayuda a construir la vida que deseas.
Somos las decisiones que tomamos. Cada elección nos moldea, nos desafía y nos impulsa hacia adelante en nuestro viaje hacia el autodescubrimiento y la realización personal. Al abrazar el poder de nuestras decisiones, nos convertimos en arquitectos de nuestro destino, forjando un camino hacia el bienestar y la plenitud.