Mi lenguaje pictórico actual es el resultado de una búsqueda profunda dentro de la pintura que inició en 2017. Desde entonces, me he permitido recorrer caminos diversos, romperme y reinventarme constantemente con el objetivo de encontrar una forma de expresión propia y honesta. Hoy siento que he encontrado un lenguaje con el cual me identifico plenamente, una síntesis de esa exploración constante entre lo íntimo y lo colectivo.
Este lenguaje se caracteriza por una abstracción que agrisa el color sin perder su intensidad, como una forma de reflejar la tensión entre memoria, identidad y presente. Utilizo un gesto curvilíneo y redondeado que evoca el círculo, símbolo asociado a la continuidad, la comunidad y el movimiento. Esta forma orgánica se ha consolidado como un elemento central en mi obra, tanto en lienzo como en muro, articulando una estética que atraviesa lo pictórico, lo urbano.
A partir de archivos visuales, referencias históricas y experiencias cotidianas, construyo imágenes que resignifican símbolos e imaginarios colectivos desde una mirada afectiva. Mi pintura dialoga con la memoria, las infraestructuras culturales y los relatos compartidos, en un cruce constante entre lo analógico y lo digital, lo íntimo y lo territorial. Esta búsqueda formal y conceptual responde a una práctica que entiende la pintura como herramienta de reflexión, acción y encuentro
Invernadero Urbano fue un proyecto que nació en 2023 como una residencia artística en la Casa Patrimonial de Chahuarchimbana, en la Plaza del Herrero. Ahí dimos inicio con Pintura Experimental Vol. 1, una muestra colectiva junto a Askito y Mondúber, que marcó el arranque de lo que luego se convertiría en mucho más que una residencia: un espacio de trabajo, creación y gestión constante.
Después de esos primeros meses, la Dirección de Cultura nos abrió las puertas a un nuevo espacio en el barrio El Vado. A partir de ahí, Invernadero Urbano tomó forma como galería-taller y empezó a moverse a otro ritmo: organizamos exposiciones, ferias, colaboraciones con colectivos de otras ciudades, y sobre todo, nos activamos desde la gestión cultural independiente, entendida como práctica cotidiana y real.
Pero lo más importante de todo este proceso, al menos para mí, fue que en ese espacio encontré el lugar para desarrollar mi obra de una manera distinta. En el taller del Invernadero Urbano nació mi línea gráfica más personal, esa con la que hoy me identifico de lleno. Fue un espacio clave, un detonante, donde pude pensar y construir mi pintura desde otro lugar, desde la práctica, el tiempo y la convivencia con otros y con el entorno.
Durante dos años, Invernadero Urbano fue ese punto de encuentro entre producción, comunidad y pensamiento. Hoy el proyecto ya no tiene un espacio físico, y se encuentra en pausa .
ENTRE EL BIEN Y EL C.MAL 2022
Reseña personal por C-MAL
Entre el Bien y el C-MAL fue mi segundo solo de pintura, expuesto en noviembre de 2022 en la Sala Vitrina de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay. Representa el cierre de un ciclo de cuatro años desde mi primera muestra individual en 2018, y el inicio de una nueva manera de ver, pintar y habitar mi obra. En ese lapso gané el Premio Revelación del Salón de Octubre y tomé una decisión radical: romper con lo que venía haciendo. Abandonar lo seguro para explorar con mayor profundidad la figura humana, el autorretrato, el caos y la memoria.
La exposición fue curada por Mafo López, quien logró entretejer las piezas en un relato que cruzaba la pintura de estudio con el arte urbano. Uno de los ejes centrales fue el paste-trash collage, una gran obra colectiva y mutante hecha de piezas que produje durante seis meses sobre papel. A este collage lo alimentaron también aportes de colegas y amigxs, conformando un cuerpo común que sobrevivió en fragmentos: algunos fueron a Guayaquil, otros se quedaron en Cuenca, algunos se perdieron en el camino. El “trash” venía de la estética cruda, noventera, urgente, llena de referentes personales como Goya, caricaturas, la Virgen del Panecillo transformada en la Virgen del Graffiti. Lo “paste” venía de la calle, del gesto de pegar, de esa necesidad de habitar lo público con el caos interno.
En total, la muestra reunió alrededor de 25 obras producidas entre 2019 y 2022. Algunas de las series y piezas destacadas incluyeron:
Hincha del Ponce Lorenzo: cuadros inspirados en referencias visuales de hospitales psiquiátricos rusos, cargados de un gesto emocional y desbordado.
Adelante Ambulante: mostrada por última vez en esta exposición, con piezas previamente expuestas en el Salón de Machala y del 2020.
Collages y dibujos sobre pintura rusa: una serie basada en un libro que me regaló mi tía, quien estudió en la URSS.
Obras autorreferenciales: como el homenaje a mis gatos Mili y Tocino, que funciona como autorretrato emocional.
Regales Realidad Nacional: inspirada en una foto callejera que tomé de dos niños betuneros en Cuenca, junto a mi sobrino.
After Party: una escena oscura, entre el punk ácido y la descomposición urbana.
Obra sobre el paro de octubre 2019: una de las piezas más duras de la muestra, nacida desde mi experiencia en la primera línea universitaria durante el estallido social, previamente expuesta en el Salón de Octubre 2020.
Además de las obras, la muestra incluyó un mural in situ en el subsuelo del edificio: llaves con las siglas P.I.B. y D.N.C., una cubeta, una brocha con la frase “no voy a parar”, una escalera, una tijera (símbolo que ya no uso), y la palabra “caos” pintada con rodillo. Esa palabra sintetizaba mi proceso de entonces: una práctica de pintura intensa, veloz, emocional, nacida desde la vida misma y atravesada por lo cotidiano, lo económico, lo afectivo.
También fue una exposición viva. Durante su desarrollo hubo activaciones como el concierto con los Zuchos del Vado, una banda que escuchaba desde niño y con quienes pinté en vivo junto a Askito, mi mejor amigo y compañero de colectivo. Esa noche, como muchas otras de ese año, entendí que pintar no es solo estar frente al lienzo: es estar presente, compartir, vivir y resistir.
Entre el Bien y el C-MAL no fue solo una exposición, fue una radiografía de mi mundo interno y externo. Hoy, en 2025, siento que esa etapa fue vital para comprender el valor del caos, para honrar el origen y proyectarme hacia una pintura más calmada, pero igual de honesta. Cada obra, cada intervención, fue parte de una búsqueda por encontrarme —y perderme— en la pintura.
Exposición individual
Cuenca, Loja y Guayaquil – 2018
C MAL SALSA fue mi primera exposición individual y una experiencia decisiva en la construcción de mi identidad pictórica. Realizada en 2018 en las ciudades de Cuenca, Loja y Guayaquil, la muestra reunió 16 obras seleccionadas de una producción mayor de aproximadamente 40 piezas. La curaduría fue realizada por el maestro Olmedo Alvarado, quien acompañó y sostuvo este proceso de búsqueda visual y conceptual.
Este proyecto nació como un ejercicio de libertad pictórica. En ese momento, mi pintura era una exploración intuitiva y visceral del color, la forma y la figura humana, profundamente influenciada por referentes como Van Gogh, Picasso, Cézanne y Basquiat. A través del gesto expresivo, la intensidad cromática y la fragmentación del cuerpo, buscaba una forma de narrar lo cotidiano desde la emoción directa y el trazo urgente.
REGISTRO DE 16 OBRAS
2018 Salón Regional Artes Plásticas Cañar , Junio 2018 - ¨Regale Realidad Nacional ¨ Lienzo Mixta
2018 Salón Internacional Musa Artes Plásticas Machala , Julio 2018 - serie Adelante Ambulante lienzo mixta
2019 Salón de Pintura ‘Luis A. Martínez’ Ambato Ecuador, Título de la obra : Adelante Ambulante
Cuenca 2024