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Conoce más de mi trabajo a través de mis historias
Conoce más de mi trabajo a través de mis historias
Por Claudio Pérez A., Founder & CEO UMBRÆ Studio | Mentor en Emprendimiento de Impacto
Cuando la discusión se simplifica demasiado
Las recientes declaraciones del Presidente José Antonio Kast respecto a que gran parte de la investigación científica termina convertida en “libros guardados en bibliotecas” han vuelto a abrir una discusión que, aunque incómoda, es profundamente necesaria para el futuro de Chile.
Porque detrás de esa frase existe un problema real. Pero también existe un riesgo enorme cuando la complejidad del problema se simplifica hasta transformarse en una justificación para debilitar la investigación, la educación o la generación de conocimiento. En un país en vías de desarrollo como Chile, donde históricamente hemos dependido de economías extractivas, baja sofisticación productiva y limitada inversión en innovación, reducir el debate a si la investigación “sirve” o “no sirve” constituye una mirada extremadamente corta para un desafío mucho más profundo y estructural.
La discusión relevante no es si debemos investigar menos. La verdadera discusión es cómo transformamos mejor la investigación en impacto social, económico, ambiental y territorial. Y ahí sí existe una deuda importante, porque el problema existe: investigación desconectada del impacto. Negar que existe una desconexión entre investigación y desarrollo sería ingenuo.
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Por Claudio Pérez A., Founder & CEO UMBRÆ Studio | Mentor en Emprendimiento de Impacto
Chile vuelve a ser premiado como uno de los mejores destinos turísticos del mundo. Esta vez, el reconocimiento llega desde los Forbes Travel Awards 2026. Y aunque estos logros generan orgullo, también abren una pregunta que incomoda: ¿Por qué estos premios no se traducen en una transformación estructural del desarrollo turístico del país?
La respuesta no está en la falta de potencial. Chile tiene una geografía única, biodiversidad excepcional, cielos privilegiados y una riqueza cultural profundamente diversa. El mundo lo ve, lo valora y lo reconoce.
El problema es otro.
Mientras afuera existe claridad sobre el valor estratégico de estos territorios, Chile aún no los integra plenamente en su modelo de desarrollo económico. El turismo sigue siendo tratado como un sector secundario, cuando podría ser uno de los principales motores de una economía más sostenible y distribuida.
El Turismo de Intereses Especiales ofrece una oportunidad concreta: generar valor sin destruir, dinamizar economías locales, fortalecer identidades territoriales y proyectar una imagen país coherente con los desafíos del siglo XXI. A diferencia de otras industrias, aquí el crecimiento no depende de extraer más, sino de comprender mejor. De conservar, interpretar y compartir.
Pero esta transición no es automática. Implica decisiones. Implica visión. Implica redefinir qué entendemos por riqueza. Porque quizás la mayor paradoja de Chile es esta: ha construido su economía en torno a materias primas, pero aún no reconoce como tales sus activos más valiosos —su naturaleza, su cultura y sus territorios—, precisamente porque no se exportan en toneladas, sino en experiencias.
Hoy, el mundo ya entendió el valor de Chile. La pregunta es si Chile logrará entenderlo a tiempo.
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SOMA Bosque nace como una práctica innovadora que promueve el bienestar humano, la cual tiene como base 2 disciplinas provenientes de las artes y la naturaleza que se integran. La primera es la danza de Contacto Improvisación.
La segunda disciplina base de SOMA Bosque son los baños de bosque (Shinrin-Yoku), una práctica nacida en Japón que ha sido investigada y difundida mundialmente por sus beneficios neuro fisiológicos.
Hemos realizado múltiples pruebas con ayuda de tecnología neurocientífica de punta para analizar los efectos de la integración entre ambos mundos. Los resultados son auspiciosos y por eso queremos llevarlos a Chile y sus territorios.
De esta forma, hemos logrado diseñar, probar y estandarizar un modelo que permite impactar positivamente diversos indicadores neuro fisiológicos, un camino en el cual aún queda mucho por recorrer, pero que ya nos permite generar impacto social y ambiental.
Por Claudio Pérez A., Founder & CEO UMBRÆ Studio | Mentor en Emprendimiento de Impacto
En un mundo donde la salud mental, el bienestar emocional y la conexión con la naturaleza se han vuelto urgencias sociales, SOMA Bosque irrumpe como una propuesta profundamente transformadora. Desde el corazón creativo de Eduprisma, organización pionera en innovación educativa en Chile, nace esta experiencia que entrelaza arte, ciencia y tecnología para reimaginar cómo habitamos nuestros cuerpos y los ecosistemas.
La inspiración detrás de SOMA Bosque es una visión audaz: rediseñar metodologías de educación socioemocional para contextos formales y no formales, integrando disciplinas que históricamente han vivido en mundos separados. Bajo la dirección de Claudio Pérez, CEO de Eduprisma y project manager del proyecto, SOMA Bosque se convierte en una sinfonía entre el contact improvisation, el shinrin-yoku o baños de bosque, la neurociencia aplicada y la tecnocreatividad.
La metodología de SOMA Bosque parte desde el cuerpo en movimiento. Gracias al aporte fundamental de la profesora Bernardita Prieto, especialista en danza de contacto-improvisación, se han explorado patrones corporales que promueven la regulación emocional y la conciencia sensorial. Pero la danza aquí no es solo expresión: es también información.
Gracias a una alianza con la empresa Cencomex y el neurólogo Dr. Eloy Mansilla, SOMA Bosque ha incorporado el uso de iMediSync, un casco portátil que mapea la actividad eléctrica cerebral y que es capaz de sugerir y realizar terapias a nivel neurológico. Esta tecnología, de uso clínico en Corea del Sur, ha sido recientemente introducida en Chile, abriendo posibilidades inéditas para el diseño de experiencias terapéuticas basadas en datos cerebrales.
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Por Claudio Pérez A., Founder & CEO UMBRÆ Studio | Mentor en Emprendimiento de Impacto
Cuando la discusión se simplifica demasiado
A veces siento que en Chile todavía no alcanzamos a dimensionar el valor profundo que tienen el emprendimiento y la innovación cuando nacen desde el territorio, desde la observación sensible de lo que somos y de los recursos que históricamente hemos tenido frente a nosotros. Por eso, historias como la de esta startup chilena que desarrolla tablas de surf a partir de espuma de cochayuyo, no veo solamente un emprendimiento creativo o una curiosidad tecnológica: veo una señal potente de hacia dónde podríamos avanzar como país si realmente apostáramos por conectar naturaleza, ciencia, identidad y propósito.
Me parece profundamente simbólico que sea justamente el cochayuyo —un alga tan cotidiana para nuestra cultura costera, tan propia de Chile— el que se transforme en la base de una innovación capaz de cuestionar materiales altamente contaminantes utilizados históricamente por la industria del surf. Hay algo muy poderoso en esa idea de “devolver al mar lo que es del mar”, como plantea el proyecto. Y creo que ahí aparece una conversación mucho más grande que una tabla de surf: la posibilidad de construir modelos de desarrollo donde innovación y regeneración no sean conceptos opuestos, sino complementarios.
Durante años nos acostumbramos a pensar que innovar era copiar lo que hacían afuera, importar tecnologías o perseguir tendencias globales. Pero muchas veces las soluciones más valiosas están precisamente en nuestros ecosistemas, en nuestros materiales, en nuestras dinámicas culturales y territoriales. Chile tiene una biodiversidad extraordinaria, capacidades científicas relevantes y una nueva generación de emprendedores que ya no quiere construir empresas únicamente desde la lógica extractiva tradicional, sino desde una mirada más consciente respecto del impacto que generan.
Y quizás eso es lo que más me inspira de iniciativas como esta: no buscan solamente vender un producto, sino replantear una relación. Una relación con el océano, con los materiales, con el consumo y con la forma en que entendemos el progreso. Porque cuando alguien decide enfrentar una industria altamente dependiente de derivados químicos y se atreve a experimentar con biomateriales nacidos desde el territorio, lo que está haciendo en el fondo es abrir una grieta en el paradigma dominante.
También creo que este tipo de proyectos nos recuerdan algo importante: las ideas transformadoras casi siempre parten siendo vistas como una locura. El propio creador relata que al comienzo hubo burlas y escepticismo, hasta que el proyecto comenzó a demostrar resultados reales. Y eso ocurre constantemente en los procesos de innovación de impacto. Primero incomodan, luego generan dudas y finalmente terminan abriendo nuevos caminos.
Personalmente, siento que Chile necesita mucho más de esto. Más proyectos capaces de integrar ciencia, diseño, sostenibilidad, identidad local y visión de futuro. Más emprendimientos que entiendan que competir no es solamente vender más, sino también generar nuevas formas de relacionarnos con el entorno. Porque en un contexto global marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de modelos económicos tradicionales, probablemente las ventajas competitivas más importantes del futuro surgirán justamente desde quienes logren regenerar en vez de destruir.
Y quizás ahí está una de las preguntas más importantes para nosotros como país: ¿seguiremos exportando solamente materias primas y destruyendo ecosistemas para capturar valor en el corto plazo, o seremos capaces de desarrollar industrias basadas en conocimiento, innovación y propósito utilizando inteligentemente lo que nuestro territorio nos ofrece?
Historias como esta me hacen pensar que sí es posible. Pero también me recuerdan que ese futuro no aparece solo. Hay que diseñarlo, impulsarlo y sostenerlo colectivamente.
Por Claudio Pérez A., Founder & CEO UMBRÆ Studio | Mentor en Emprendimiento de Impacto
Soy un convencido de que la trayectoria profesional es todo un popurrí de experiencias, conocimientos y herramientas adquiridas en diversos frentes de la vida. En mi caso, no se si de forma muy consciente, desde muy temprano en mi formación profesional orienté mi formación como geógrafo a temas vinculados a negocios. Lo hice desde mi tesis que abordaba las problemáticas del desarrollo agrícola en Rapa Nui -donde hice mi práctica profesional- y luego, al estudiar un diplomado en geomarketing "el dónde de los negocios", un tema bastante incipiente en esos años. Luego estudié un Magíster en Antropología y Desarrollo, y en vez de investigar sobre etnias o patrimonio, me enfoqué en comportamiento de consumo, comunicación en las organizaciones, segmentos de gustos y preferencias, todo lo cual me acercó aún más a temas de negocios.
Pero no fue hasta que comencé a trabajar en una consultora argentina con base en Chile que pude realmente integrar lo que había aprendido y llevarlo a la práctica. Fue ahí donde pude formar parte de equipos de diseño metodológico para generar soluciones empresa que involucraban modelos de servicio, generación de productos, reglas comerciales y entrenamiento comercial en diferentes niveles y formas, desde coaching para gerencias y mandos medios, hasta clases grupales y acompañamiento 1:1 para cargos de primeras líneas en diferentes industrias.
Supongo que no lo hice mal porque uno de nuestros clientes, Directv, me hizo una interesante propuesta y me fui a vivir a Talca como jefe regional del Maule. Ahí comenzó un proceso de casi 6 años en que tuve que asesorar a empresarios, quienes eran las empresas distruibuidoras -los "socios estratégicos"- de Directv.
Esta mirada, la de socios estratégicos, fue muy interesante al ser llevada al día a día, porque implicaba ser muy consciente de los objetivos estratégicos, metas, pero también los valores de la compañía base, teniendo que traducir todo eso -que a veces puede parecer lejano o ajeno- a prácticas concretas en el día a día.
Supongo que nuevamente no lo hice mal, porque luego me fui de gerente de sucursales a una cadena de retail, pero esa es otra historia.