9 de Febrero 2026
Durante mucho tiempo se ha dicho que la arquitectura moderna fue climáticamente deficiente. Fachadas vidriadas, dependencia de sistemas mecánicos, poca adaptación local.
Pero al estudiar edificios modernos en Chile, y revisar referencias cercanas del contexto latinoamericano, desde su comportamiento ambiental, aparece una pregunta distinta:
¿Y si algunos de sus recursos formales ya estaban intentando operar como dispositivos climáticos, aunque no se nombraran así?
En mi investigación trabajé desde esa sospecha: no evaluar estos edificios solo con estándares energéticos actuales, sino leer sus decisiones formales como estrategias pasivas posibles.
Ventanas horizontales que construyen una relación controlada con el paisaje y la luz. Aleros, brise-soleil, vacíos y uso de pilotis, terrazas jardín, plantas libres, etc. Elementos pensados desde la composición… pero que también afectan radiación, ventilación y confort.
La pregunta entonces ya no es solo:
“¿Este edificio cumple la norma térmica actual?”
Sino: ¿Qué valor ambiental-histórico tienen estos recursos formales y cómo pueden integrarse en una rehabilitación sin borrar su lógica original?
Porque rehabilitar patrimonio moderno no es solo agregar tecnología, sino entender qué ya estaba intentando hacer la arquitectura con el clima, y desde ahí decidir qué conservar, qué reforzar y qué transformar.
26 de Enero 2026
En experiencias de levantamiento digital del patrimonio construído, como el trabajo realizado en el Palacio Larraín Mancheño, entendí que el desafío no estaba en “hacer BIM”, sino en enfrentar los límites reales del software frente a geometrías no estandarizadas.
Nuestro trabajo no tuvo como objetivo desarrollar un proyecto arquitectónico, sino registrar y traducir un edificio existente a un modelo capaz de organizar información sin perder coherencia.
En ese proceso, Revit no aparece como una herramienta neutra, sino como un sistema que exige decisiones constantes: qué geometrías se simplifican, qué se modela externamente, qué información se conserva y cuál se pierde en la interoperabilidad.
El valor del levantamiento no estuvo en el realismo visual del modelo, sino en su capacidad de estructurar información útil según un objetivo concreto, aun cuando ese objetivo no sea una etapa proyectual posterior.
En contextos de inmuebles históricos, levantar no es anticipar un proyecto, sino hacer legible un edificio para que otros procesos —técnicos, históricos o de gestión— puedan ocurrir.
12 de Enero 2026
En vivienda existente y edificios patrimoniales no existe un “inicio del proyecto” en el sentido tradicional.
La orientación ya fue definida, los materiales ya están ahí y el edificio responde a un contexto histórico y constructivo que no se puede deshacer.
Desde esa condición, el desafío no es aplicar criterios contemporáneos como si se tratara de obra nueva, sino entender qué del edificio es invariable y qué puede adaptarse para responder a exigencias actuales, como la eficiencia energética.
En el estudio de edificios del movimiento moderno —muchos de ellos en constante transformación— se vuelve evidente que intervenir sin una lectura previa puede alterar profundamente sus valores arquitectónicos.
Por eso, más que una corrección final, la eficiencia energética puede convertirse en una herramienta de lectura y de proyecto: una forma de reconocer en el pasado posibilidades de futuro, sin negar la historia del edificio ni su razón original.
Especialmente cuando se trata de arquitectura que sigue viva y en uso.