No es solo Chocolate, es la imaginación de un niño.
No es solo Chocolate, es la imaginación de un niño.
Mientras otros niños veían dibujos animados, Samuel se subía a un banco para alcanzar el mesón de la cocina. Con solo 5 años, su curiosidad no era comerse el chocolate, sino entender cómo funcionaba. ¿Por qué se derrite? ¿Cómo se hace una figura? Ahí nació todo: entre manchas de cacao y muchas preguntas.
Hoy, a sus 8 años, Samuel no solo crea sabores. Está aprendiendo que un negocio requiere disciplina. Calcula costos (¡matemáticas aplicadas!), diseña sus empaques y revisa la calidad de cada barra. Chocolates Samuel es su escuela de vida, y cada cliente es un profesor que le enseña el valor del trabajo.