Trabajos en la EADO (Escuela de Artes Dionisio Ortiz) Córdoba. España.
Trabajos recientes.
Proyectos futuros.
En la imagen se puede ver un ejemplo de una de las piezas de aquellos años en la que aparecen combinados esmaltes de baja temperatura con otros de alta.
Todo comenzó siendo un niño, cuando iba a la vaquería de l padre de Cirilo a comprar leche, todos los días pasaba delante de un taller de alfareros, el taller de la familia Luceno. Yo me quedaba un buen rato contemplando aquellas maravillas, cantaros y botijos. Un día me decidí a entrar, los amigos decían que el dueño no dejaba a nadie entrar, pero en realidad era un hombre muy amable, solamente me dijo que caminase con mucho cuidado de no rozar ningún cántaro. estaban todos apilados secándose a la corriente de aire. No recuerdo cuando fue la primera vez que aquel hombre puso un trozo de barro en mis manos, tampoco la primera vez que me subió al torno para que llegase a la pieza que estaba haciendo el, ya que yo con mis pies no llegaba a tocar la rueda.
Muchos días me daba un trozo de arcilla para que jugase en casa, allí hacia mis monigotes y jugaba con ellos, convirtiéndolos en figuritas del belén, indios, cowboys, personajes de Semana Santa o lo que tocase aquellos días.
Muchos años mas tarde, siendo ya profesor de dibujo en la localidad de Alcaudete, Con mi amigo Manuel Zafra, pusimos un horno a andar. La experiencia con la optativa de cerámica en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, no cuenta, no fue nada trascendente. En el IES Príncipe Felipe de Alcaudete había un horno en la sala de la fotocopiadora, que servía como soporte a unas cajas de folios, lo sacamos de allí y lo limpiamos y lo colocamos en la clase de dibujo. era un horno Duncan de carga superior que alcanzaba alta temperatura, era como un brasero, tenia dos fases de resistencias y había que controlar la temperatura visualmente. Se puede decir que no teníamos ni idea de como iba aquello, para suerte nuestra había en Granada una tienda de suministros cerámicos regentada por Eusebio, el cual nos iba vendiendo los productos y al tiempo nos enseñaba como utilizarlos, descubrimos los conos Seger y unas barritas de Seger que se doblaban cuando llegaban a una temperatura.
Eusebio no fue el único maestro, para la practica si pero la teoría nos buscábamos libros y lo probábamos todo, Manuel se intereso mas por la cerámica primitiva y se apaño un horno de serrín y yo me dedique mas a la cocina y a indagar libro de recetas en mano todo tipo de formulas sobre todo las de los esmaltes de gres, ya que solo había que mezclar los componentes y meterlos en el horno a la temperatura que necesitaban. tuvimos mucha suerte y no se nos rompió nada en el horno...