Objetivo: Que el hermano reconozca que Dios lo ha hecho libre, para hacerse responsable de su vida, mediante la toma de decisiones que lo acerquen a Él.
A. La libertad: ¿Hacer lo que quiero o querer lo que hago?
Para el joven actual, la libertad suele confundirse con el "libertinaje" o la ausencia de límites. Se cree que ser libre es hacer cualquier cosa que nos pase por la mente sin restricciones. Sin embargo, desde la espiritualidad franciscana, la libertad es un don sagrado que Dios nos otorga para que podamos elegir el Bien.
San Francisco de Asís fue un hombre radicalmente libre. Renunció a las riquezas, al prestigio y a las expectativas de su padre, no por rebeldía vacía, sino porque descubrió que esas cosas lo encadenaban. La verdadera libertad comienza cuando nuestras decisiones no están dictadas por el miedo, por la presión social o por nuestros impulsos, sino por una voluntad orientada hacia el amor.
B. La libertad para la responsabilidad
Dios nos hizo libres, pero esa libertad tiene un propósito: la responsabilidad. Ser responsable significa tener la "capacidad de respuesta" ante la vida y ante Dios.
Dueños de nuestros actos: Reconocer que nacimos para ser libres implica dejar de culpar al destino, a la suerte o a los demás por nuestra situación actual. La libertad nos coloca el timón de nuestra vida en las manos.
El servicio como expresión de libertad: Tomando el ejemplo de grandes líderes como Moisés, entendemos que la libertad llega a su plenitud cuando se convierte en servicio. Moisés fue libre para sacar a su pueblo de la esclavitud, pero esa libertad lo hizo responsable de guiarlos. En la Jufra, somos libres para servir, no para ser servidos.
C. La toma de decisiones y el discernimiento
Nuestra vida es el resultado de las decisiones que tomamos. Cada elección es un ejercicio de nuestra libertad que nos acerca o nos aleja de Dios.
Decisiones que construyen: Una decisión libre es aquella que se toma con conciencia. El joven franciscano debe preguntarse ante cada opción: "¿Esto me hace más hermano?", "¿Esto me hace más humano?", "¿Esto me acerca a Dios?".
Elegir a Dios diariamente: La libertad no es algo que se gana una vez y para siempre; se ejerce todos los días. Elegir asistir a la fraternidad, elegir ayudar a alguien, elegir ser honesto en los estudios; todas son pequeñas decisiones que fortalecen nuestra libertad espiritual.
D. Las cadenas modernas de la libertad
Irónicamente, hoy tenemos más opciones que nunca, pero muchas veces somos menos libres.
Esclavitudes invisibles: Las adicciones (sustancias, tecnología, juegos), la necesidad de aprobación en redes sociales y el consumismo son cadenas que nos quitan la libertad de ser nosotros mismos.
La liberación franciscana: Francisco eligió la pobreza para ser libre de las preocupaciones del dinero; eligió la obediencia para ser libre de su propio orgullo. La ascesis franciscana no es castigo, es entrenamiento para que nada ni nadie nos quite la capacidad de amar a Dios sobre todas las cosas.
E. El fin de la libertad: El encuentro con Dios
Nacimos para ser libres porque Dios es libre y nos quiere a su lado por amor, no por fuerza. La libertad es el espacio donde ocurre la amistad con Dios. Al hacernos responsables de nuestra vida, dejamos de ser "espectadores" para convertirnos en "protagonistas" del Reino. Nuestra mayor decisión libre es la de seguir a Cristo al estilo de Francisco, sabiendo que, en Su voluntad, reside nuestra verdadera y definitiva libertad.