Cultivar nuestro corazón y carácter a través de vivir con principios universales, es la clave para la armonía.
Nuestro primer impulso, al enfrentar un problema, puede ser golpear a nuestro adversario. Hay situaciones en la cual la lucha parece necesaria. Las personas a menudo sienten la responsabilidad de luchar en defensa de su familia, de su nación o de su propio ser. Pero solamente en la lucha no termina el conflicto, porque no puede resolver los puntos fundamentales en debate. Aún si el lado justo y recto gana, la causa de la pelea por lo general permanece sin resolverse, por consiguiente, la victoria de un lado parece provocar la venganza del otro lado. A veces se negocia para terminar el conflicto, por ejemplo, dos naciones, cansadas de la guerra, firma un tratado de paz. Sin embargo, un arreglo no siempre significa la resolución del conflicto, especialmente si uno de los dos lados lo hace bajo presión. Los conflictos más profundos y más duraderos pueden hacerse ver con el paso del tiempo, por ejemplo, después de la Primera Guerra mundial, las victoriosas naciones aliadas exigieron a Alemania el pago de reparaciones por toda la destrucción material en los países de los aliados. Estas demandas generaron muchas dificultades económicas en Alemania, tales así que Adolfo Hitler pudo tomar el poder usando el resentimiento y el orgullo destruido de la población alemana para construir el fascismo. En consecuencia, se abrió el camino hacia la Segunda Guerra mundial. Pensando en los conflictos matrimoniales, en definitiva, el marido y la esposa están dispuestos a resolver sus conflictos. Sin embargo, si el marido forcejea a su esposa con su autoridad masculina o su poder económico, por lo general se pierde el corazón y esto lleva a problemas matrimoniales aún más serios. Hablando más en general, las negociaciones, la mediación, el arbitraje y los juicios solo pueden dar soluciones temporales o parciales al conflicto. La resolución de los conflictos empieza, cuando examinamos nuestras creencias y nuestras actitudes fundamentales. El primer paso es convertirse en una persona humilde, escuchar atentamente a aquellos que estuvimos ofendiendo, para poder trascender nuestro propio punto de vista y desarrollar la empatía. Necesitamos un núcleo sólido de principios éticos y Morales que nos guíen en este proceso. Puede ser que nuestro desafío más grande sea escuchar profundamente a las personas que describen su sufrimiento. Escuchando de esta manera, nos hace conscientes de nuestros propios problemas. De nuestros puntos de vista superficiales y auto centrados, generalmente creemos que nuestras acciones son justificables. La ignorancia, el malentendido, los errores, las ilusiones y las mentiras pueden cambiar a las personas en seres codiciosos y violentos. En el calor del conflicto, aún personas con buenas intenciones pueden abandonar sus principios para hacer cosas, que nunca quisieron. Se necesita coraje, para poder reconocer nuestros errores, aprender de ellos y resolver no repetirlos más.
La comunicación es importante para los dos lados, escuchando profundamente a la persona del otro lado del conflicto ayuda a desarrollar la empatía y el respeto. La experiencia de ser escuchado y ser entendido es una parte importante en el proceso de la sanación. Una vez que entendamos nuestra parte en la contribución hacia el conflicto, podemos ayudar a encontrar caminos para resolverlo.
Nuestra mente y nuestro cuerpo, al interactuar motivados por el amor verdadero y con la raíz en el corazón, nos conducen al seguro desarrollo de un carácter Maduro. Una persona que se encuentra unida en pensamientos, palabras y obras y que vive para el bien mayor en forma consistente, se puede decir que tiene un carácter Maduro. Cuando las obras coinciden con las palabras, se puede confiar y contar con esa persona.
La imagen que tenemos de nosotros mismos y la imagen que los demás tienen de nosotros, son consistentes, porque nuestras palabras y nuestras acciones están en armonía, en el Occidente, muy a menudo el carácter se considera como una fuerza moral. Sin embargo, el carácter es lo que nos distingue de los demás seres y es enteramente humano. Los seres humanos tienen el potencial más alto entre todos los demás seres existentes de la creación y también tienen el potencial para alcanzar la autorrealización.
Sin ser auténticamente nosotros mismos, no podremos entender nuestro significado y nuestro valor como seres humanos. Por consiguiente, nuestra primera meta de la vida es cultivar un carácter Maduro, el grado de madurez es relativo al contexto y a la situación del individuo. Estamos sugiriendo un estándar objetivo de madurez basado en el estándar y las normas dentro de una comunidad. Este punto de vista puede estar más cerca del “autocultivo”, de la cual hablaba Confucio. El auto cultivo empieza con nuestro corazón y nuestra conciencia. Todos nuestros pensamientos y acciones crecen a partir de este centro moral. Por ende, desarrollarse en una persona de carácter Maduro significa armonizar nuestra mente y nuestro cuerpo.
¿Qué es lo que une la mente y el cuerpo? Una persona moral significa ser una persona que cumple. El autocontrol está basado en fortalecer el poder de la conciencia a través de la práctica de las buenas obras. Parte del autocontrol tiene que ver con cortar los deseos físicos, disciplinandolos para someterse a la voluntad de la conciencia. La persona con carácter malvado, tiene la mente demasiado débil para poder tomar la posición de sujeto sobre el cuerpo y se convierte en un esclavo del cuerpo. Estas personas permiten que sus deseos físicos sean más fuertes que su conciencia. Fracasan en cumplir con la primera meta de la vida auténtica. Por consiguiente, su mente se convierte en sirviente para su cuerpo. Las personas inmorales no piensan en el bien de los demás, si no solamente en lo que les hace sentir bien según ellos mismos. Desarrollar un buen carácter se asemeja a nadar contracorriente en una sociedad que se apura a practicar la “buena vida” satisfaciendo los deseos corporales. Las personas experimentan la alegría cultivando su propio carácter. Sin embargo, la razón más profunda para desarrollar nuestro carácter, es para ser capaces de amar bien a los demás. La vida auténtica no es egoísta, si no altruista. A través del servicio a los demás, nos levantamos espiritualmente y recibimos nueva energía. Prácticamente despertamos con energía y buenos sentimientos, porque nuestra mente y nuestro cuerpo se encuentran centrados en el propósito del amor verdadero.