La educación no es meramente un ejercicio intelectual, sino un acompañamiento del hombre en su desarrollo personal y en su búsqueda y definición del sentido de su vida en la dimensión espiritual, académica, moral y social.
El Proceso educativo incluye entonces mucho más que la adquisición de informaciones y habilidades; comprende una formación integral de la persona, capacitándola para vivir una vida de acuerdo con su esencia humana y la intensión de su Creador.
El docente no es considerado solamente un instructor, sino más bien un educador, modelo, animador y compañero de diálogo para el educando.
El educando como personalidad entera es la razón de la existencia de nuestra Escuela, por que el hombre es una unidad y a consecuencia todo proceso educativo ha de ser integral, valorando a la persona en su totalidad y fomentando el desarrollo adecuado de todas las dimensiones del ser humano: espiritual, moral, intelectual, cultural y ambiental.
El valor como ser humano es considerado muy alto, pues ha sido creado a la imagen de Dios.
El hombre, creado con una voluntad libre, es capaz de tomar decisiones personales, voluntarias y responsables. En todo proceso educativo se toma en serio este hecho.
Por eso, su personalidad y singularidad, como también su experiencia de la vida son respetados y valorados. Además, es miembro de una familia, la cual es la unidad básica de la sociedad y primera responsable de la educación de los hijos, según el plan de Dios.
Todo el universo fue creado por Dios, quien lo sustenta, lo gobierna y dirige la historia de la humanidad.
Por lo tanto, toda cultura sea científica, artística o educativa, como también la vida social, se orienta según esta verdad revelada en la Biblia.
La relación entre Dios y el hombre ha sido destruida por el pecado y necesita ser restaurada por Cristo Jesús.