Ps. Cecilia Caggiano
Cambios superficiales, cambios radicales. Todos implican tomar decisiones que son una apuesta y una pérdida. Incluso cuando creemos que un cambio es reversible, nunca lo es. Porque una vez que avanzamos en una dirección, aunque vayamos al casillero anterior, ya no somos los mismos.
Nos pasamos la vida intentando que no se noten los cambios. El paso del tiempo en nuestro aspecto físico, que parimos hijos, que nos duele algo, que estamos más cansados o incluso angustiados. Pero de forma muy contradictoria, cuando vemos fotos viejas nos reímos aliviados de no ser aquellos que usaban esa moda, ese corte de pelo, que salíamos con ese fulano o fulana “impresentable“, etc. También festejamos con inmensa alegría conseguir un título académico o un logro que requiere destreza física. Todas cuestiones que requieren del paso del tiempo, el crecimiento y la madurez. Decisiones que implicaron valentía, perseverancia y constancia para cambiar, y al mismo tiempo, múltiples pérdidas. Cosas que dejamos de hacer para jugárnosla por lo que queríamos a mediano o largo plazo, personas de las cuales nos alejamos porque nos hacían sentir mal con nosotros mismos, y hasta qué dejamos de comer para cambiar por otros hábitos y así sanar orgánica y psíquicamente.
En una época donde sólo DEBE notarse lo bueno, sólo DEBE disfrutarse el momento, no hay lugar para la falta. No hay espacio para eso que nos permite desear. Y desear es cambiar, es decidir, es perder para ganar. Es angustiarse un poco para reír después y volver a renegar un poco más. Porque la vida es eso. Es ir cambiando. No es marchitarse, es dar cuenta de todo lo que uno ha vivido y experimentado. ¿Acaso un tigre es tigre si no se le notan las rayas?
Si hablamos de perder, hablamos de duelos. Este término no sólo se refiere a la pérdida de un ser querido, sino a todo lo importante en nuestra vida que vamos dejando atrás. Siguiendo un poco a nuestro querido Sigmund Freud en su escrito “Duelo y Melancolía” de 1917, sin duelo no hay elaboración. Es un proceso, es “una reacción frente a la pérdida”, pero que no implica un estado patológico. Elaborar lo perdido es lo que nos permite seguir y crecer.
Y llegado a este punto me desdigo, porque sí existe un cambio que es absoluto e irreversible (desde un punto de vista científico): la muerte. Y como ella va a llegar, y sí que se va a notar, mejor se note también todo lo que has cambiado.