La serie La esquina comenzó sin anunciarse. Un día, mientras observaba un rincón cualquiera de mi casa, entendí que ese pequeño ángulo contenía más de lo que parecía: luz, silencio, memoria, incluso una forma de estar en el mundo. Dibujé esa esquina por primera vez sin imaginar que se convertiría en el eje de un recorrido que me acompañaría durante años.
Al principio fue sombra. Un espacio mínimo donde la luz apenas entraba y donde yo buscaba refugio en medio de momentos inciertos. Luego llegó la claridad: objetos cotidianos, colores precisos, líneas que ordenaban lo que estaba dentro y fuera de mí. Más adelante, el color se expandió y la esquina dejó de ser límite para convertirse en apertura. Los planos vibrantes, las líneas negras y los fondos blancos empezaron a hablar de equilibrio, de respiración, de conciencia.
Cada obra de esta serie es parte de esa historia. Un fragmento de un proceso que empezó en un rincón físico y terminó revelando un territorio interior. La esquina me enseñó a mirar lo mínimo con profundidad, a encontrar sentido en lo cotidiano y a transformar el espacio en pensamiento.
Este portafolio reúne ese viaje: una búsqueda que comenzó en silencio y que hoy se expresa en color, estructura y luz.