HISTORIA DE LA CATA FLAMENCA
HISTORIA DE LA CATA FLAMENCA
La Cata Flamenca de Montilla nace un 16 de Septiembre de 1970 en el marco de la fiesta de la Vendimia de Montilla.
“La Cata Flamenca nació como una necesidad de la afición montillana que quiso hermanar en ella el cante y el vino”, nos explica Ruiz. “El nombre de «Cata Flamenca» se lo debemos a un escritor montillano, Pepe Cobos, del que este año se cumple el centenario de su nacimiento”. Fue tal la fama que adquirió la cita montillana a nivel nacional y el nombre se hizo tan grande que, otros pueblos que quisieron hacer un festival flamenco propio, acuñaron el término, por lo que se solía decir en la época aquello de “la Cata de mi pueblo”.
La Cata Flamenca nació en el seno de una peña flamenca anterior a la del Lucero, en el año 1969, un año antes de la primera Cata Flamenca. Dos grupos de aficionados le dieron vida:
“Unos venían de la peña del bar Terraza, en el Teatro Garnelo, donde estaba de barman Rafael Gómez Márquez, El Lucero. Y de la unión de ese grupo de aficionados, de los años 50, con otro más joven, de veinteañeros de los 60, capitaneados por Luis Pérez y Jaime Luque, nació la actual peña”, recuerda Ruiz, uno de los socios fundadores.
Rafael Gómez Márquez, El Lucero y Jaime Luque
Aquellas Catas Flamencas que hicieron grande su nombre. La del año 70, un 12 de septiembre en las Bodegas Montulia, hoy Navisa, donde actuó Fosforito, “quizás el mejor cantaor de la provincia de Córdoba junto con el Niño de Cabra”, y que estuvo acompañado por “gente nueva de aquella época como Menese o El Lebrijano y su madre, La Perrata; y en la que también estuvo un cantaor de solera antigua, Juanito Barea, y Julián Córdoba, que era de Cabra”.
En aquella Cata Flamenca también estuvo El Pele con 16 años. De baile vinieron Matilde Coral, la única bailaora que tiene la Llave de Oro del baile sevillano, Farruco y Rafael El Negro, el marido de Matilde. En el toque, estaba Paco de Lucía “que entonces era un jovencito que se comía el mundo”; Pedro Peña, hermano del Lebrijano e hijo de La Perrata y el decano de la guitarra montillana, Agustín Ortega Barranco que se conocía en el mundillo por El Patilla, porque su profesión era la de barbero. La presentación, como tantas veces, la hizo Agustín Gómez.
Otra de aquellas “catas” de grandes figuras “fue la que vino Manolo Sanlúcar, otro monstruo de la guitarra. O la 10ª , en el 79, “porque aparte del elenco de cantaores: Fosforito, Camarón… actuó Antonio Ruiz Soler… un sevillano que en el mundo de la danza era «Antonio», a secas, por su peso profesional y quien se despedía aquel año de los escenarios. Era una figura de proyección internacional”, recuerda el crítico flamenco. La 12ª Cata Flamenca, la del 81, se le llamó La Cata de los Viejos, porque “reunió figuras como Rafael Romero, uno de los cantaores con mayor hondura que yo he conocido, y estaba también Joselero de Morón, que no era de Morón sino de la Puebla de Cazalla…(cosas del mundillo flamenco) y Manuel Ávila, de Granada, que vivía en Barcelona»,
Desde aquellos años ya ha llovido un poco, pero siempre han pasado por nuestro festival los mejores artistas del momento. por citar en estas últimas décadas hasta nuestro 50 Aniversario, Miguel Poveda, Arcángel, Argentina, David Palomar, Antonio Reyes, Estrella Morente, Marina Heredia, Diego del Morao, Dorantes, La Tremendita, Capullo de Jerez, Rocio Marquez, Jorge Pardo, Carmen Linares, Mayte Martin, Ezequiel Benítez. entre tantos
EL RITUAL DE LA CATA FLAMENCA, PARA VIVIRLO
La Cata Flamenca nació con el espíritu de ir rotando por las bodegas, al menos por las bodegas más fuertes de la época: Montulia, hoy Navisa; Bodegas Alvear y Bodegas Pérez Barquero, y más adelante su sumarían las Bodegas Navarro. Era una auténtica celebración de la vida, del Arte, del vino, un momento único para vivir unas noches eternas de flamenco que se adentraban en la madrugada: la Cata Flamenca duraba seis horas. Hoy el formato se ha reducido. Con los años, aquella hermandad entre el vino y el flamenco se fue desarticulando, hasta el punto que la Cata Flamenca se ha venido celebrado en otros espacios escenicos. Hoy en día se celebra en las instalaciones de Envidarte (Recinto Ferial) adecuando la escena para que sea lo mas agradable posible.
A la cata siempre han ido muchas charpas de amigos», explica Ruiz. «Que en vez de quedar en un bar, quedaban en la Cata Flamenca». Por eso, se llevaban la comida y la bebida, una tradición que se mantiene aunque en los festivales actuales también haya una barra bien surtida. Y en medio de la alegría de la fiesta del flamenco había veces que veías grupos de amigos que compartían con el resto no solo jamón, queso, gambas… sino hasta vasitos de caldo (bien entrada la madrugada), que corrían desde la primera hasta la última fila…De hecho, aún cuando se accede al recinto todos los asistentes reciben un regalo: una botella de vino y su copa correspondiente. «Lo de cata de vino y cante no se ha dado de esta manera en ningún sitio… » explica Ruiz. «Hay algunos festivales donde se invitaba al consumo de una serie de productos, como la Caracolá de Lebrija o la Porra de Archidona, pero no como este». Pero siempre el publico ha sabido comportarse para escuchar y alternar con mucho respeto.