En 1985 Don Gonzalo Curiel comienza un pequeño negocio de fruta rebanada en un mercado no muy lejos de la Basílica de Guadalupe, ofreciendo rebanadas de piña, sandía y melón.
Al poco tiempo, cobró fama entre los vecinos y el resto del mercado, pues Don Gonzalo demostró tener buen ojo y buena mano para identificar la fruta de calidad, ofreciendo las rebanadas de piña más dulces y las rebanadas de sandía más jugosas de la temporada.
Con el paso del tiempo, el negocio fue creciendo. La demanda de más variedad por parte de los clientes, motivó a Don Gonzalo a llevar el negocio al siguiente nivel.
Y en el mismo año, decide incursionar en la elaboración de tepache, fruta picada y dando la opción de condimentarla con limón, sal y chile al gusto... El éxito no tardó en llegar.
Hoy en día, el negocio es administrado por uno de los hijos de Don Gonzalo, José Curiel, quien heredó no sólo el buen ojo y la mano para conseguir las frutas y verduras de más alta calidad, sino también, la tradición de preparar tepache como una rica agua de tiempo.
Don José Curiel, junto con su mano derecha, Erik Hernández y su sobrino Derek Curiel han sido los encargados de continuar con el legado que deja Don Gonzalo, y los encargados también de seguir deleitando el paladar de vecinos, famosos y extranjeros.