En el nombre de la Fuente, del Camino y de la Inspiración.
Soy Ligia, soy mujer, humana y creyente. Soy hija de Diana y Julián. Soy nieta de los abuelos Nene y Salomón y de las abuelas Delia y Marga. Ellos son mi familia de origen, de ahí recibí la Vida, que honro y agradezco. Soy hermana de Leticia y tía de Lucio. Soy amiga, compañera, comunidad con todos ustedes acá presentes. Hoy los hago testigos/as una vez más, de mis pasos, de mis saltos.
Reconozco a Jesús como mi Maestro Inspirador. Me siento su discípula. Camino buscándolo y encontrándolo en ustedes, en la humanidad y en los acontecimientos. Así discierno mi camino vital, vocacional, mi originalidad, mi perfume: discípula, peregrina, orante, servidora, ciudadana, trabajadora, educadora, artesana, acompañante, animadora y cuidadora de la Vida.
Casabrazo es el lugar que elijo para vivir, para hacerme vecina, cercana, hermana. Mi casa está al servicio de la Iglesia-Pueblo de Dios, del barrio y la humanidad. Es espacio de oración, de reflexión, de sanación para mí y para otros/as; es lugar para tejer vínculos, la mesa expansiva e inclusiva nos reúne y encuentra. La casa está abierta al barrio y quiere ser abrazo de todas las personas que llegan a ella. El barrio Santa Elena de Presidente Derqui hoy es mi barrio. Como yo, está en crecimiento. Es un lugar de Dios que elijo para vivir la transformación y la justicia del Reino en este tiempo.
Mi trabajo es otro lugar significativo dónde puedo vivir mi discipulado, poniendo en juego mis manos, mis habilidades, mi corazón. Como profe, como catequista, como compañera, animando; allí también se despliega mi vocación. Otro espacio de Reino. La comunidad lasallana es hoy también para mí comunidad eclesial, comunidad de misión. Las adolescencias, la discapacidad, la educación, la formación de catequistas, la formación docente, la red de adultos educadores y la animación pastoral son núcleos de sentido en mi vida.
Mi discipulado nació y creció en la Iglesia diocesana, la comunidad donde conocí a Jesús y me apasioné por su proyecto/sueño de transformación para la humanidad en la vida comunitaria y de fe de una parroquia de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Mi vida de discípula me permitió conocer también –en orden cronológico- la diócesis de San Martín, la Arquidiócesis de Santiago de Chile, la diócesis de Reconquista y la diócesis de Zárate-Campana. En ese caminar: me nutrí de distintas espiritualidades cristianas: carmelita, beruliana, ignaciana, pasionista, lasallana, foucaldina. Otros lenguajes sagrados también me interpelan y animan mi vida de discípula de Jesús. Abrazo toda espiritualidad humana que me ayude a vivir cada vez más libre. Todas estas pertenencias geográficas y simbólicas, de comunitariedad, de eclesialidad y de misión, alimentan mi corazón contemplativo y místico; a la vez mi corazón de acción, profético, solidario y ministerial buscando encarnar una vida según Evangelio, desde los modos de Jesús, para el siglo XXI.
Deseo vivir mi discipulado cada vez con mayor profundidad, mi ser de hija de nuestro Dios que es Madre y Padre; ahondando también en mi capacidad de ser hermana, escribiendo con mi vida una página más del evangelio del pueblo, de la gente; ofrendando la vida y el perfume, haciéndome pequeña y habitando todo lo que soy, cultivando mi vínculo con la Ruaj, consagrando lo cotidiano, perfumando la Vida, honrando el camino andado, abriéndome a lo nuevo, compartiendo la mesa de la sororidad/fraternidad hasta que la fiesta sea con todos y todas.
Deseo como la mujer del perfume, “anticiparme” a palabras oportunas y gestos provocadores: a vivir el amor, la ternura, la compasión, la acogida, el servicio, la disponibilidad, la libertad, la alegría y la fiesta, la lucidez y el discernimiento, una fe sencilla que avanza entre certezas y dudas.
Dios mío, camino en tu Presencia desde siempre y para siempre. Deseo seguir descubriendo lo sagrado en todo y todos y en lo pequeño de cada día sorprenderme por el misterio de la Vida.