Disfrute aquí, de algunos de los cuentos e historias que rodean la ancestralidad de este bosque seco tropical
LA PUERTA
Memorias de la caliente.
Al lector.
En las horas más oscuras de la tierra, un cuento, una historia se levanta; abriéndose paso a punta de lápiz por las memorias del alma. Se yergue por hallarle sentido al valor del recuerdo que reposa, en sus manos. La historia de un cuento pintado con amarillo, naranja y café, propios de la tierra caliente, un cuento de vacaciones.
En un paisaje lejano.
La tierra y sus culturas gritan desde lugares inimaginables, clamores a la memoria… que tocan al hombre para reclamarle un compromiso con su casa, con los suyos. Para no dejarle olvidar que sombras cubren el futuro haciéndolo, a más de inevitable, cambiable, incierto. Sombras para recordarle al hombre que del tiempo, solo se puede saber, lo que ya pasó.
Y por allá casi perdida en una memoria feliz de la infancia, echó raíces sobre el paisaje la historia continuación. Escrita en los árboles, en los arroyos y cañadas; piedras, arenas, playas, montañas. En la gente que transita por las carreteras, de la ciudad hasta el campo, buscando aventuras, buscando divertirse, buscando descansar, buscando crecer. Si…
No a todo el mundo los meses le llegan igual. Para Ezequiel y Esmeralda el mes de Junio llegaba, como una puerta gigante por donde abierta, se cruza hacia la libertad. El último día en la escuela marcaba el comienzo de las esperadas vacaciones. ¿Qué dónde serán? Esta sería la primera vez que los niños, dejaran la ciudad solos. Papá y mamá accedieron a separarse de ellos, dándoles permiso para ir lejos de las benditas comodidades del progreso, lejos, de su brazo a veces, sobre-protector. Irán a Sopetrán, a una vereda desconocida, interna en las montañas de la cordillera central muy cerca del rio Cauca. Se quedarán un mes aproximadamente en la finca del Abuelo; sabían, que allí todo era diferente… Papá y mamá querían que sus hijos retornaran a su tierra, a su naturaleza, a su aire puro, a sus flores. Que conocieran el lugar donde niños jugaron largas horas sin descanso, que conocieran la casa de los ancestros. Así fue, que comenzaron las vacaciones de Esmeralda y de Ezequiel.
Continuará...
Lo que sabemos del pasado vivido por los ancestros Afrocolombianos, puede cambiar con el tiempo. Lo que sabemos de ellos y como afrontaron su paso de la existencia sobre la tierra, quizás sea posiblemente solo un destello incipiente de memoria vaga, que palidece con la muerte de la última abuela. Una memoria que dé común con el olvido forzado hoy por hoy guarda silencio, en el mundo de los libros.
Lo que sabemos es memoria viva en la tradición oral legada por los ancestros a sus hijas y ellas a nuestras madres. Pero la memoria desvanece con la muerte de los últimos abuelos que sabían esas historias con las que crecimos de niños hasta grandes. Esas historias que nos hablaban de otras historias, lugares, sabores y saberes del agua, del monte y los animales que les ayudaban en las labores diarias.
Esas historias que nos hablan de sus orígenes 200 años después que los procesos de independencia desembocaran en la abolición de la esclavitud y naciera La república de Colombia. Nos corresponde hacer memoria hoy, para poder comprender y contar que vivimos en Sopetrán, Antioquia. Eso nos da unidad territorial. Que somos Colombia, eso nos da identidad con una nación, que es algo más grande que nosotros todos juntos, más inmenso y que trasciende hasta cada individuo, al sí mismo reconocido, llamado Colombiano.
Naturalmente, contar la historia de los ancestros negros nos lleva a su pasado compartido con los ancestros Blancos, promotores ilustrados del conocimiento, de la justicia y la libertad para un pueblo sin distingos de raza. De modo que los negros tienen muchas historias para contar. Su historia, nos invita caminar por el tiempo y los espacios atrás de nuestros días hasta un poco antes de la independencia de 1819. A transitar por lugares y modos de decir o expresarse atrapados en los significados de la vida y la naturaleza que tenían de su tiempo, hombres, mujeres, niños, abuelos, abuelas predecesoras.
La historia no llega hasta donde los libros dicen. Tampoco, es una historia sin precedentes ya que no se aleja por completo de los giros que el mundo ha venido dando, desde el alba de los tiempos; contar la historia significa reconocer en gran medida los impactos o efectos de otros hechos relativos a la libertad, como la Revolución francesa en 1789, la traducción de los derechos del hombre hecha por Antonio Nariño hacia 1793, la invasión napoleónica en España dada entre 1808 y 1814, entre otros antecedentes de talla histórica como el renacimiento, la ilustración Europea que relaciona directamente tensiones de poder entre ciencia, política y religión.
@semillatropical