(Transcripción de podcast realizado con inteligencia artificial a partir de nota periodística,
cuya autoría es de Nacho Panella, para ARN Diario)
Bienvenidos a este intercambio de ideas. Hoy nos adentramos en un fenómeno musical realmente singular, el rock chacarero. Surgió allá por finales de los 70, principios de los 80, en el Este de Mendoza, una zona quizá, bueno, inesperada para un movimiento de rock.
Vamos a fijarnos especialmente en Carlos Calderón, conocido como el Papa del Rock Chacarero y en cómo este género nació y resistió en un ámbito siempre complicado, ¿eh?.
Con la soga al cuello por la economía y bajo la sombra de la dictadura militar argentina.
Exacto. Y la pregunta clave que queremos abordar hoy, basándonos en lo que nos cuentan las crónicas, los testimonios de la época, es qué le dio realmente su fuerza, qué definió su aguante, ¿no?.
O sea, fue sobre todo una explosión de creatividad, un espíritu de lucha, de comunidad artística, lo que lo mantuvo a flote o tenemos que verlo más bien como un grito de resistencia, una forma de plantarle cara a la opresión política y a ese ninguneo de las instituciones.
Pues yo voy a defender que aunque el panorama era negro, vamos, no nos engañemos, ¿eh?.
Lo que de verdad impulsó y dio alma al rock chacarero fue su propia vitalidad artística y ese fuerte sentido de colaboración, de hacer causa entre ellos.
Pues yo lo veo de otra manera. Para mí es imposible separar el rock chacarero de ese ambiente asfixiante. Fue precisamente la necesidad de resistir al régimen y al abandono por parte de todos, lo que prendió la mecha y le dio su carácter único y su fuerza para sobrevivir.
Entiendo tu punto, de verdad, pero déjame que te ofrezca otra mirada. Para mí, el rock chacarero es por encima de todo una celebración de la creatividad y de la fuerza que da el apoyarse unos a otros. Mira, el caso del grupo cultural Nosotros, que nació a finales de los 70 en San Martín.
Aquello era una auténtica cooperativa artística, música, poesía, pintura, teatro, un poco al estilo de lo que fue el Músicos Independientes Argentinos, el MIA en Buenos Aires, ya sabes, aquel colectivo tan importante en la escena progresiva y autogestionada de la capital por entonces. Mirá... que Nosotros se formó antes de que la represión de la dictadura se pusiera en lo peor. Eso ya te dice algo sobre una vocación cultural y de equipo que venía de antes, ¿no?.
Los conciertos de Gaviota Feroz, la banda de Calderón, se describían como oasis de creatividad, donde se mezclaban todas las artes. No ves ahí un impulso creativo propio que iba más allá de simplemente protestar. Las penurias económicas, como no poder grabar o tener que compartir los instrumentos, yo las veo casi como un gimnasio para el ingenio y la colaboración. El propio Calderón, según citan las fuentes, hablaba de una etapa de aprendizaje.
Esas dificultades, pues bueno, les hicieron fuertes desde dentro. Incluso lo de tocar en sitios improvisados, plazas, la orilla de un lago, pues hombre, refleja ese espíritu de buscarse la vida, de crear como fuera algo muy típico de los movimientos culturales que empiezan de cero.
Pues yo, la verdad, parto de un sitio completamente distinto. Sostengo que no puedes entender el rock chacarero si le quitas el marco de la opresión. Su razón de ser es la resistencia.
Gaviota Feroz, la banda clave de Calderón, se formó justo durante la dictadura. Sus conciertos, sí, eran un respiro de libertad, como se ha dicho, pero yo no lo veo sólo como una vía de escape, sino como actos de resistencia directos y conscientes en medio de un clima de miedo generalizado. Y hay un detalle que para mí es fundamental, una especie de sello de identidad de este género nacido para desafiar.
La imagen de Carlos Calderón encarándose con la policía en sus conciertos, diciéndoles que o bailaban o se iban. Eso no es solo arte, hombre, eso es plantar cara al poder, sin rodeos. Y sobre las dificultades económicas de la famosa anécdota del intendente Naser Mansur, soltándole a Calderón aquello de que los artistas crean por amor al arte.
Mira, eso no es solo un político desconectado de la realidad, es el símbolo perfecto del abandono institucional que obligó a Calderón a moverse, a ir al sindicato de músicos a juntar a la gente. Eso es resistir contra el sistema.
Y las letras del grupo Nosotros, que se describen como oscuras, pero con sentido poético enorme y la protesta siempre vigente, incluso en plena dictadura, pues demuestran que la oposición era el meollo del asunto, no un añadido.
Y lo de tocar en sitios marginales, espíritu pionero, venga ya, fue la consecuencia directa de no tener apoyo y de la represión cultural pura y dura.
Vale, vayamos por partes. Hablemos del grupo cultural Nosotros. Insisto en que era una cooperativa artística con todas las letras. Un modelo que ilusionaba de creación colectiva de echarse una mano y con unos objetivos artísticos clarísimos por la variedad de cosas que hacían. Compararlo con el MIA porteño no es una anécdota. Subraya que era un proyecto cultural con entidad propia, con sus propias ambiciones.
Más allá del momento político, aunque este, claro, lo condicionará todo.
A ver, que valoro la idea de la cooperativa, por supuesto. Pero no podemos pasar por alto que aquello nació bajo un régimen militar y sus letras, como ya hemos dicho, llevaban la protesta siempre vigente.
Por muy interesante que fuera artísticamente, ¿no crees que en ese momento histórico su papel principal era el de ser un refugio y una forma de organizarse para resistir, precisamente por culpa de ese ambiente hostil. El arte fue la herramienta para esa resistencia colectiva, ¿no te parece?.
Entiendo lo que dices, pero fíjate en los conciertos de Gaviota Feroz. Sí, el contexto era de represión y sí, eran un respiro de libertad, te lo concedo, pero esa mezcla buscada de artes, música, con pintura, con literatura, a mí me habla de una complejidad creativa que va más allá de una simple reacción política. Ese oasis de creatividad no era sólo para escapar, era también un fin en sí mismo. Era un intento de construir un espacio cultural propio con sus reglas, su lenguaje, al margen o a pesar del régimen.
Yo veo ahí una afirmación de la vida artística por encima de la opresión. Era decir: "Seguimos creando, seguimos vivos".
Pues yo sigo sin verlo así. Ese desafío directo a la policía en los conciertos, esa valentía tan explícita, para mí eso indica que la función primordial en ese clima de miedo y silencio era la resistencia al fin. La mezcla de artes, desde mi punto de vista, no era un fin en sí misma al margen de la resistencia, era una herramienta cojonuda para que esa resistencia fuera más potente, más visible y que llegara más a la gente que iba allí buscando precisamente eso, una bocanada de libertad desafiante. El arte era el arma, claramente.
Pasemos a cómo respondieron a las dificultades económicas. Yo ahí veo sobre todo resiliencia, adaptación como virtudes que desarrolló la propia comunidad artística.
Esa etapa de aprendizaje de la que hablaba Calderón, eso de sacar fuerzas de flaqueza, como tener que compartir instrumentos, demuestra una solidaridad interna muy fuerte, un espíritu de apañárselas como sea forjado en la necesidad, pero también en la convicción de que lo que hacían merecía la pena.
Mira, me parece que eso es ponerle un poco de azúcar a una situación que les vino impuesta. Esa resiliencia fue la respuesta está obligada a un abandono institucional clarísimo, que se ve perfectamente en la respuesta lamentable del intendente Mansur.
Y lo que hizo Calderón después, ir al sindicato, organizar a los músicos, eso no fue solo adaptarse creativamente, fueron actos de protesta y una lucha por unos derechos que les estaban negando, estaban reclamando su sitio.
Y ojo, que lo de no poder grabar no sólo hizo que fueran ingeniosos, también silenció muchas voces y limitó que su mensaje llegara más lejos. No podemos olvidarnos de esa parte.
Y ya que estamos, lo de los espacios de actuación. Vale, no había infraestructuras formales, de acuerdo. Pero en esos inicios en plazas o junto a un lago, yo veo una manifestación muy potente de ese espíritu pionero, de la urgencia por expresarse con lo que hubiera mano.
Eso es algo básico en la ética de muchísimos movimientos culturales que empiezan en todo el mundo, da igual el contexto político concreto. Es ocupar el espacio público cuando el institucional te cierra las puertas.
Ya, ya, pero yo sigo pensando que tocar en esos sitios no fue principalmente una lección estética o un gesto romántico de hazlo tú mismo. Fue, en gran medida, la consecuencia directa de no tener acceso a locales decentes y eso lo que refleja es cómo el poder marginaba esta cultura, que luego buscaran sitios como la Casa de Italia o el Club Agustín Álvarez, no fue sólo una evolución natural, fue una pelea por conseguir legitimidad y reconocimiento, por salir de esos márgenes a los que les habían empujado. ¿No crees que hay una diferencia?.
Bueno, resumiendo mi postura, aunque el telón de fondo de la dictadura y la precariedad económica es innegable y claro que marcó al movimiento, yo creo que el motor principal del rock chacarero fue una pulsión creativa auténtica, una necesidad profunda de expresarse artísticamente de formas diversas, no solo con música y el nacimiento de una comunidad increíblemente sólida y colaborativa. Ese espíritu creativo y de piña es su legado más valioso y duradero.
Yo, por mi parte, insisto en que fue precisamente la naturaleza contestataria, la resistencia activa frente a la opresión política y a ese abandono institucional, lo que actuó como un crisol indispensable. Eso fue lo que forjó la identidad única y la fuerza imparable del rock chacarero. La creatividad fue, sin duda, el vehículo para expresarse, el lenguaje que usaron, pero la resistencia fue la gasolina que lo mantuvo vivo y le dio su significado más hondo en aquel momento histórico tan jodido.
Está claro, después de este intercambio que la creación artística y la resistencia estuvieron íntimamente ligadas en la historia del rock chacarero. La adversidad tanto económica como política fue a la vez un obstáculo tremendo y paradójicamente un un catalizador que hizo surgir un movimiento cultural con una identidad compleja y una capacidad de aguante admirable.
Desde luego, figuras como Carlos Calderón y colectivos como el grupo Nosotros o Gaviota Feroz son clave para entender esa tensión, ¿no?. Y es interesante pensar cómo esa mezcla de aguante y creatividad se manifiesta hoy, porque claro, las dificultades para grabar en los 70 y 80 en plena era analógica eran una odisea comparadas con la facilidad que la tecnología digital ofrece ahora a bandas como, como Parenalila o Raivan Pérez, que son ejemplos actuales que se citan en las fuentes. La lucha era era distinta, claro.
Es una reflexión muy pertinente, sí. Conseguir grabar un disco, entonces, era casi una heroicidad y eso seguramente fomentó una crudeza o un ingenio sonoro que nacía de esas limitaciones.
Hoy, producir música es mucho más accesible y eso abre otras puertas, pero también plantea otros retos. Sin embargo, ese espíritu de comunidad.
Esa búsqueda de una voz propia, quizás heredado de aquellos pioneros del Este mendocino, sigue siendo algo relevante, ¿no crees?. Se adapta a los tiempos.
Exacto. Al final, bueno, analizar este material nos invita a seguir explorando cómo el arte responde, se adapta y a veces, curiosamente, florece con más fuerza en los contextos más difíciles.
Y cómo ese legado, nacido en la adversidad analógica de los 70 y 80, sigue teniendo eco aunque sea de forma distinta en las nuevas generaciones digitales del Este de Mendoza.
Queda mucho por escuchar y por descubrir en la música y las historias de esta escena cultural tan particular.
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Abrazo roquero del Este mendocino
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