La diferencia nos enamora, realza, revive. Nos hace especiales, nos crea. La variedad que aporta en cada uno nos hace ser nosotros mismos. Con nuestros más y menos. Nos hace poder aprender de otros y que aprendan de ti. Crea gustos y opiniones. Nos hace aprender a caer y levantarnos. Y eso en sí, ya es perfección.