Origen
Se genera cuando el niño se siente traicionado por uno de sus padres, especialmente en la etapa en que empieza a establecer lazos de confianza. Puede estar influenciada por el complejo de Edipo, donde el niño siente que el progenitor "le quita" al otro, despertando celos y desconfianza. Esta herida surge de promesas rotas, incoherencias o infidelidades afectivas por parte de los padres.
Manifestación en la adultez
El adulto afectado por esta herida desarrolla una máscara de control y autosuficiencia. Frases como: "confía en mí", "déjame hacerlo solo", "yo lo hago mejor" son frecuentes. Cree que solo puede confiar en sí mismo, pues temen profundamente volver a ser traicionados. Pueden ser duros al hablar, impacientes y con dificultad para ceder el control. Les cuesta delegar y tienden a manipular el entorno para evitar sentirse vulnerables. Su mayor miedo es separarse de su pareja o perder su identidad dentro de una relación.
Impacto en salud mental y adicciones
Este perfil suele vivir con ansiedad constante, trastornos de control, desconfianza extrema y dificultad para establecer vínculos genuinos. En cuanto a adicciones, pueden desarrollar dependencia al trabajo, a logros, al rendimiento físico o mental, y en casos más graves, caer en el abuso de estimulantes, alcohol o pornografía como forma de escapar del dolor de la desconfianza.