Dios diseñó el matrimonio para que sea un pacto de amor que refleje a Cristo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Efesios 5:31). Por eso, antes de dar el paso, vale la pena caminar con intención y con Biblia abierta: conocerse de verdad, aprender a amar con paciencia y verdad, y construir una relación con fundamentos que no se muevan cuando vengan los vientos.
Nuestro anhelo es que cada pareja llegue al altar no solo con emoción, sino con dirección: con un amor que se decide cada día, con acuerdos claros, con sanidad en el corazón, y con Cristo en el centro.
Si estás por casarte, este es un espacio para crecer, hacer preguntas, ordenar prioridades y preparar un hogar donde la presencia de Dios sea la base y la meta.