PRIMER AÑO DE GOBIERNO: ¿CONTINUIDAD O DEFINICIÓN?
Por: Geovani Pérez Muñoz
Por: Geovani Pérez Muñoz
En política, uno de los elementos más importantes para consolidar gobiernos y proyectos son las expectativas de cambio Si bien, la estabilidad también es importante, cada político debe tener un estilo personal que conecte con los ciudadanos para poder llevar a buen puerto todas sus decisiones. Y, si hay un momento que exige interpretación cuidadosa, es el cumplimiento del primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum.
La primera presidenta de México llegó al poder con el peso de la historia sobre sus hombros. Pero más allá del simbolismo, su gran reto era demostrar que no se trataba únicamente de una continuidad del obradorismo sino el inicio de un proyecto con sello propio, no estamos hablando de un cambio radical en la asignación de programas sociales, esa sería un error fundamental, sino de demostrar que las mujeres realmente gobiernan diferente.
Antecedentes: un liderazgo dominante
El sexenio de Andrés Manuel López Obrador ha sido uno de los más centralizados en la historia reciente del país. Su figura absorbió el proyecto de gobierno, reduciendo a su gabinete y a las instituciones a piezas de un rompecabezas que solo él sabía cómo armar. En ese contexto, Claudia Sheinbaum emergió no como un contrapeso interno o una heredera crítica, sino como una figura de lealtad política absoluta, forjada desde el obradorismo duro de la Ciudad de México.
Durante la campaña, intentó establecer un estilo más técnico, más institucional, con mensajes dirigidos a sectores moderados. Pero la pregunta que quedó en el aire fue si esa narrativa sería suficiente para construir un gobierno propio.
Un año después: señales encontradas
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido, en buena medida, el mismo rumbo de su antecesor: programas sociales populares, disciplina fiscal y un discurso de transformación que se extiende a un “segundo piso de la Transformación”, podemos decir que el discurso de continuidad no ha sido solo simbólico sino programático. Pero más allá de la retórica oficial, lo que el país exige son resultados tangibles en seguridad, justica, salud y transparencia.
Y es precisamente en el terreno de la justicia donde la presidenta enfrenta su mayor desafío. Las recientes revelaciones de huachicol fiscal y de personajes de Morena ligados al crimen organizado no se pueden entender simplemente como golpeteo de la oposición o de los medios de comunicación, nada, como alguna vez lo dijo el expresidente López Obrador, se le puede escapar a la figura Presidencial, y todo lo que ocurre en torno a estos escándalos, es tal vez el intento de Claudia Sheinbaum de sacudirse la influencia de su mentor político.
El huachicol fiscal y el escándalo en el Senado
Los recientes casos de huachicol fiscal, redes de evasión millonaria que operaron durante años con complicidad política y empresarial, así como el escándalo en torno al senador Adán Augusto López, figura central de la 4T, han sacudido el escenario nacional.
Estos hechos no solo ponen en entredicho la narrativa de honestidad del movimiento, sino que ya se han convertido en la primera gran prueba de fuego para el sexenio. La pregunta es inevitable: ¿se actuará con firmeza, o se protegerá a los aliados bajo la sombra de la impunidad?
El peso de las instituciones de impartición de Justicia
El papel de la Fiscalía General de la República es clave. En estos casos, como ciudadano, exigimos evitar las simulaciones y las carpetas congeladas. Lo que se demanda es un castigo ejemplar: sentencias claras, procesos firmes y un mensaje contundente de que la corrupción, venga de donde venga, no será tolerada.
Aquí radica la diferencia entre repetir el guion del pasado o escribir una nueva historia.
Y no solamente es alejarse de la sombra del priísmo corrupto ni del panismo incompetente, es también, aclarar la participación del expresidente Andrés Manuel López Obrador en el caso de huachicol fiscal, la información que poseía o no de la situación y su manera de actuar frente a esa información, eso, le daría una dimensión al gobierno de Claudia Sheinbaum que no hemos visto en nuestro país en el pasado.
El impacto ciudadano
Para millones de mexicanos, la continuidad ha significado certidumbre: los apoyos llegan, los programas siguen, la política social se mantiene. Pero hay también una sensación creciente de desgaste. La paciencia ciudadana no es infinita, y si la nueva administración no marca distancia clara de las prácticas de impunidad del sexenio anterior que se están haciendo públicas, la legitimidad de la presidenta puede verse comprometida.
El ciudadano mexicano, a largo plazo exigirá algo más que lealtad política. Una vez que los programas sociales tengan éxito y que los mexicanos dejen de preocuparse económicamente del día a día, lo que buscarán serán instituciones que funcionen, que los protejan, que les garanticen seguridad y acceso a una justicia que no se negocie.
Un sexenio propio
Al observar el desarrollo de este primer año, la imagen es la de un tren que sigue en el mismo riel. Pero en este punto, la presidenta tiene una oportunidad única: diferenciarse a través de la justicia, la manera en que aborde el tema del huachicol fiscal y los abusos de figuras cercanas al movimiento que la llevó al poder, podría cimentar el legado de su propio sexenio.
El país, los ciudadanos y el momento histórico no van a esperarla. Los ciudadanos críticos y preocupados por el país exigimos y esperamos que la justicia, que tantas veces se nos ha prometido, se cumpla.