Desde la sexta hora, descendió oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.* 46 Como a la hora novena* Jesús exclamó a gran voz diciendo:
—¡Elí, Elí! ¿Lama sabactani? -que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?* -
47 cuando algunos de los que estaban allí le oyeron, decían: Este hombre llama a Elías.
48 y de inmediato uno de ellos corrió, tomó una esponja, la llenó de vinagre, y poniéndola en una caña, le daba de beber.
49 pero otros decían: Deja, veamos si viene Elías a salvarlo.
50 pero Jesús clamó otra vez a gran voz y entregó el espíritu.
51 y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, y las rocas se partieron. 52 se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de hombres santos que habían muerto se levantaron; 53 y salidos de los sepulcros después de la resurrección de él, fueron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.
54 y cuando el centurión y los que con él guardaban a Jesús vieron el terremoto y las cosas que habían sucedido, temieron en gran manera y dijeron:
—¡Verdaderamente éste era Hijo de Dios!
Al día siguiente, esto es, después de la Preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato, 63 diciendo:
—Señor, nos acordamos que mientras aún vivía, aquel engañador dijo: "Después de tres días resucitaré." 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan* y roben el cadáver, y digan al pueblo: "Ha resucitado de los muertos." Y el último fraude será peor que el primero.
65 Pilato les dijo:
—Tenéis tropas de guardia. Id y aseguradlo como sabéis hacerlo.
66 ellos fueron, y habiendo sellado la piedra, aseguraron el sepulcro con la guardia.