Lugar de oración y paz
RESEÑA HISTÓRICA
La historia de la recientemente erigida Catedral de San Jacinto de Yaguachi se remonta a inicios del siglo XVI y empieza en la orilla derecha del río del mismo nombre, entre lo que actualmente es la Parroquia Cone y el recinto Vuelta Larga. Allí se asentaron los primeros habitantes de Yaguachi, y se edificó la primera iglesia en homenaje a San Jacinto.
Hay varias leyendas sobre los inicios de la devoción al Santo polaco, San Jacinto, pero la más conocida es la que recoge el padre Antonio Metalli. párroco de la comarca desde 1887 a 1891, en el folleto "Rasgos históricos de la aparición de la sagrada imagen de San Jacinto de Yaguachi", publicado en Nueva York en 1894.
Según Metalli, un maderero español bajaba desde las montañas de Yagua chi, por el río Babahoyo, y, a lo lejos, entre la espesa vegetación, observó que algo colgaba de un árbol. Al acercarse notó que se trataba de un lienzo de algodón, lo tomó y al llegar al poblado lo entregó al párroco. El religioso reconoció la imagen del virtuoso polaco y la colocó en el altar de la iglesia. pero en la noche desapareció. Al día siguiente, el maderero la encontró en el mismo lugar y la llevó nuevamente a la iglesia. Como volvió a desaparecer y aparecer en el mismo sitio, el religioso decidió construir una ermita en el sitio donde fue encontrado.
Existen otras leyendas como la que narra el padre Nicanor Espinoza en un cuaderno inédito "Rasgos históricos de la aparición de San Jacinto", y reseña Monseñor Roberto Pazmiño, párroco de Yaguachi (1974-1986), en su libro "El santo andariego", publicado el 20 de abril de 1981. Conforme al relato, un español vino a América por razones de comercio y en busca de fortuna y trajo consigo un lienzo con la imagen del santo polaco. Se radicó en Guayaquil y se dedicó al comercio de madera. A menudo viajaba a Yaguachi y cuando le alcanzaba la noche anclaba en un puerto cerca de una espesa montaña. Allí sacaba de una cánula la imagen y la colgaba en un árbol de pechiche. La reliquia desapareció varias veces del canuto y fue encontrada en el árbol de pechiche. En vista del portentoso milagro, el extranjero donó la imagen al templo.
En esa época, en pleno comienzo de la con quista española, en el año 1583, San Jacinto aún no estaba canonizado, pero en este poblado sus milagros empezaron a aumentarse y las romerías a multiplicarse.
Para 1825, la cofradía de Yaguachi era una de las más ricas de la provincia. Corría el año de 1841 y, a pesar de encontrarse en temporada invernal, una prolongada sequía amenazaba los sembríos. Los yaguacheños organizaron una procesión especial para pedir a Dios vía para los campos. Estando en esta solemnidad una vela quemó la tolda de una casa iniciando un incendio que redujo a cenizas a todo el pueblo, incluso la iglesia. Lo único que se salvó de las llamas fueron las imágenes que salieron en procesión. Este episodio es recordado como el incendio grande de Yaguachi.
Ante esa desgracia, el Gobernador del Guayas de ese tiempo, Vicente Rocafuerte, ordenó el traslado de la población al lugar donde se levanta actualmente y que, según la tradición, es el sitio de la aparición del cuadro en los tiempos de la Colonia. El nuevo asentamiento se denominó "Pueblo nuevo de San Jacinto o Yaguachi Nuevo como todos lo conocieron.
Un grupo de moradores no acataron la orden de Rocafuerte porque el traslado de la iglesia llevaría perder el patrocinio de San Antonio de Padura, que era el patrono del pueblo, y junto con el párroco, el padre Manuel María Arias, se quedaron y fundaron lo que ahora es el recinto Vuelta Larga. La resistencia le costó al religioso franciscano la excomunión.
Yaguachi Nuevo nació el 25 de agosto de 1841 y quienes residían en este poblado debían pagar el óbolo a San Jacinto, una especie de diezmo obligatorio. Con esos ingresos, lo primero que se empezó a construir fue la iglesia dedicada a San Jacinto. Bajo la dirección del coronel Lorenzo de Garaycoa y su hermano, monseñor Francisco Xavier de Garaycoa, el 14 de julio de 1844 fue inaugurado primer templo, en el sitio donde estaba planta do el árbol de pechiche, es decir en el mismo lugar donde ahora está actualmente el altar de San Jacinto.
Esa construcción levantada en madera y caña fue remplazada 1901 por otra de madera incorruptible y de grandes dimensiones. Fue obra del Padre, Nicanor Espinoza, quien fue Párroco de Yaguachi en dos períodos, entre 1901 y 1938, y de un Comité ciudadano. En su edificación se utilizó madera de guayacán y, a diferencia de la primera, tenía dos torres y las mis más dimensiones que el templo actual, es decir 982,75 metros cuadrados.
En 1895, con el periodo liberal, se eliminaron algunos beneficios a la Iglesia, entre ellos el óbolo al patrono. Pero, como "San Jacinto es grande" (según reza un conocido refrán popular de esta localidad), la cofradía siguió creciendo sin esos ingresos.
Con la llegada del joven y dinámico Padre Manuel Paz Ruiz, en octubre de 1942, se empezó a construir la iglesia de hormigón vigente hasta hoy. En ese tiempo, la antigua edificación, levantada 100 años atrás, se había convertido en un peligro para la población. Las torres que eran más altas que las actuales se mecían por acción del viento y el peso del campanario
Las campanas, una que data de 1840 (fue traída de Yaguachi Viejo) y otra de 1888 (perteneció a la primera iglesia) son las mismas que actual mente anuncian la hora cada sesenta minutos,
Su edificación fue todo un reto para el nuevo Párroco. En el país no había fábrica de cemento ni de hierro y había que importarlos de Europa. Y como no había carreteras los materiales eran transportados en lancha o en tren.
El proyecto no fue del agrado de toda la comunidad, los opositores no daban crédito a la creación de un santuario de cemento y hierro. El párroco fue duramente criticado por su decisión de derribar el templo. El P. Paz Ruiz no se detuvo en su audaz iniciativa y la obra empezó por la demolición de las torres. El sacerdote contó con el apoyo del Comité Pro Templo.
Como el nuevo templo se asienta sobre un suelo fangoso, y en esa época no se hacían excavaciones para fijar los pilares, las nuevas torres empezaron a inclinarse. Para balancear el peso, el arquitecto italiano Luis Fratta, construyó una cúpula en la parte posterior del templo.
Los trabajos concluyeron en 1956, sin la construcción de los conventos laterales. Se invirtieron cinco millones de sucres. Fue una de las primeras construcciones de hormigón de la ciudad y el único percance grave que registra la historia es la muerte de un obrero mientras colocaba las campanas. La cadena que las sostenía se soltó debido al terremoto que en ese momento se registraba en Ambato (5 de agosto de 1949).
Monseñor Manuel Paz Ruiz fue el artífice de este templo, una joya de fe y arte que el 7 de agosto de 1977 fue consagrado y elevado a la categoría de Santuario Arquidiocesano, por el entonces Arzobispo de Guayaquil, S.E. Mons. Bernardino Echeverría Ruiz, ofm.
El 18 de junio de 1980, el templo fue declarado Basílica Menor por el Beato Papa Juan Pablo II. El acta vaticana fue reproducida en mármol y colocada en el presbiterio. Eso fue posible, gracias a Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz, ofm, quien hizo conocer al Papa Juan Pablo II que en estas tierras un "paisano suyo", era ampliamente venerado y querido. En reconocimiento a la ferviente devoción a San Jacinto, y a las célebres y concurridas romerías del 16 de agosto, a las que acuden millares de personas y turistas de toda la República del Ecuador, Perú y Colombia, el Papa le dio esa categoría.
Un año después, el Santo Padre Juan Pablo II, el 13 de mayo, sufrió un cruel atentado en la plaza de San Pedro en Roma. Monseñor Bernardino Echeverría lo visitó en su convalecencia y en un acto de cercanía con Ecuador le donó para el Santuario de Yaguachi una reliquia de San Jacinto, que contiene algunos fragmentos de su cráneo. Desde el 8 de agosto de 1982 reposan en un artístico sarcófago en el altar de San Jacinto. En 1985, durante su visita al Ecuador, el papa Juan Pablo II oró y bendijo el cuadro del Santo, que fue llevado hasta la Catedral de Guayaquil por Monseñor Roberto Pazmiño.
El 4 de Noviembre de 2009. el Papa Benedicto XVI elevó la Basílica Menor a la dignidad de Catedral. Ella fue escenario, el 27 de febrero de 2010, de la posesión de S. E. Monseñor Aníbal Nieto Guerra como primer Obispo de la Diócesis de San Jacinto, una jurisdicción eclesiástica que inició su andadura con 42 parroquias.
FACHADA Y ESTILO
El estilo ecléctico se basa en la combinación de elementos de distintas épocas y estilos, creando un ambiente exitoso estéticamente. Eclecticismo proviene del griego "eklegein", que significa escoger. El término se aplicó a la filosofía para designar la compatibilidad de puntos de vista, su mezcla y combinación hasta lograr un todo orgánico. Mezcla elementos de otros estilos como el clásico, el colonial, el rústico, el moderno, tecnológico y otros. Tiene mucho que ver con el estilo retro ya que también se basa en la mezcla de objetos clásicos y modernos. No existen normas, ya que este estilo mixto recibe múltiples influencias y su única particularidad está en el acierto de su forma de combinar elementos para lograr un resultado final muy estético. Pero sí puede optar por alguna temática, como una inspiración cinéfila, el exotismo y la artesanía.
EXPRESIONES DE ARTE Y RELIGIOSIDAD
En la Catedral de San Jacinto de Yaguachi están plasmadas todas las expresiones del arte moderno y contemporáneo. De gran valor son los 14 murales, 6 de cuatro metros de largo y tres de alto, que relatan la vida y milagros de San Jacinto, patrono de Yaguachi. Están colocados en los cruceros horizontales y verticales del templo. Y en ese mismo lugar, en la parte posterior, los cuadros de los misterios del Santo Rosario: gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos, pintados por el artista Argüello, a pedido del párroco de ese entonces (2005-2010).
IMPORTANCIA DE LA CATEDRAL PARA NUESTRA DIÓCESIS
La Catedral es también signo del magisterio y de la potestad del Pastor de la diócesis. Siendo entonces el Obispo un “Maestro de la fe”, es el más importante de la Diócesis, por lo tanto, tiene también su cátedra episcopal, colocada en el sitio más importante de la Iglesia Catedral. La Catedral es un lugar consagrado solemnemente, y su aniversario es celebrado en todas las iglesias de la diócesis, mostrando así si dependencia y cohesión con ella.
Uno de los mayores retos a lo largo de estos años de camino es despertar el sentido de pertenencia a la Diócesis, a la Catedral y la cercanía a la persona del Obispo. Nuestro compromiso es suscitar entre los hijos de esta Iglesia un mayor amor efectivo a la Santa Madre Iglesia y a cultivar el sentido de pertenencia a nuestra Iglesia particular de San Jacinto de Yaguachi, considerándola como la Iglesia madre y a nuestra Catedral como la Iglesia matriz de todas las iglesias de nuestra diócesis, “la casa común de todos los cristianos de la diócesis”.
Visita nuestra Catedral y conoce la devoción de San Jacinto, patrono de la Diócesis