En tiempos de inmediatez y automatismos, creemos que detenerse a pensar sigue siendo un acto profundamente humano y necesario. Barro Pensativo nace como un espacio de encuentro, reflexión y creación crítica, impulsado por un grupo de jóvenes investigadores comprometidos con las humanidades, las ciencias sociales y los desafíos éticos de nuestro tiempo.
Somos más que un colectivo: somos una comunidad que cultiva la palabra reflexiva, el diálogo riguroso y la búsqueda de sentido. En este blog compartiremos artículos, ensayos, entrevistas y crónicas que exploran temas fundamentales como la filosofía, la ética, la educación, la historia, la cultura, la política y la vida social en sus múltiples formas.
Se hace justicia al pensar
20 de febrero del 2026
Jaime Araujo-Frias
E-mail: jaraujof@unsa.edu.pe
Orcid: https://orcid.org/0000-0001-8584-4525
Barro Pensativo. CEICCSS
Delegar nuestra capacidad de pensar es entregar el timón de nuestro propio destino Se puede vivir sin pensar, pero el costo es alto: dejamos que otros decidan por nosotros. Aunque pensar no es una obligación legal, resulta inevitable si queremos convivir. Al pensar, los seres humanos habitamos el mundo y lo transformamos; de hecho, cada solución que hemos creado para nuestros problemas nació de una idea. Por eso, si el pensamiento está en la raíz de todo, es ahí donde debemos comenzar las grandes transformaciones: en lo personal, en las instituciones y en la sociedad.
Se podría decir, en consecuencia, que tal vez el único modo de construir un país más justo sea pensando. Me explico: pensar es producir ideas, y las ideas son esas "sospechas" de conocimiento que nos empujan a buscar soluciones. No existe lucha sin ideas. El pensamiento es el motor que orienta nuestras acciones. Si renunciamos a él y dejamos que otros piensen en nuestro lugar, difícilmente entenderemos por qué sufrimos injusticias y, mucho menos, tendremos la fuerza para rebelarnos y corregirlas.
Lo cierto es que debemos aprender a defendernos de la injusticia pensando. Aquí solo hay dos caminos: o pensamos por cuenta propia, o nos resignamos a que otros lo hagan por nosotros. Lamentablemente, en el Perú llevamos más de 200 años en la segunda opción. La historia nos muestra cómo pequeñas camarillas de funcionarios, aliados con intereses privados para obtener beneficios ilícitos, han manejado la agenda de cada gobierno (Quiroz, 2019). Ellos decidían qué era bueno para el país, pero lo que les convenía a ellos casi siempre terminaba perjudicando a la gran mayoría.
Con base en esta premisa, el Perú no va a cambiar gracias a esa clase política que se ha enriquecido a costa del Estado durante dos siglos. ¿Por qué querrían transformar el país quienes han prosperado gracias al fraude y la corrupción? Para ellos, el sistema funciona perfecto y no debería cambiar jamás. Mientras en La Oroya, Cajamarca o Arequipa la minería contamina la tierra y el agua, ellos solo ven dólares y lujos. Mientras miles de ancianos morían en la pandemia por falta de medicinas, los dueños de farmacéuticas y clínicas vieron una oportunidad de oro para lucrar subiendo los precios.
Frente a este escenario, la respuesta pasa por ir al comienzo: y en el comienzo, como hemos visto, está el pensar. Porque es el que moviliza la imaginación y el cuerpo: pensar es imaginar y actuar. En este sentido, otra idea de política, otra idea de economía, otra idea de derecho que nos favorezca a todos es posible si primero lo acariciamos en la imaginación y luego ponemos en acción el cuerpo para lograrlo. Un país libre de corrupción e impunidad es posible si empezamos a pensar para producir ideas que nos movilicen a combatirla. He aquí un ejemplo de pensar en forma de preguntas: ¿Por qué muchos nos subordinamos a unos cuantos? ¿Qué nos impide levantarnos contra aquellos que ocasionan las injusticias?
Un elemento básico de toda sociedad justa es la igualdad. Y se ha constatado que el camino a la igualdad es fruto de movilizaciones, luchas y rebeliones contra las injusticias (Piketty, 2021). Al parecer, todo lo que ha mejorado el mundo ha sido consecuencia de alguna idea movilizadora producto del pensar. En fin, si algún pragmático nos increpara de idealistas e ilusos, le pedimos que reflexione en el siguiente relato:
Cuentan que Thomas Carlyle cenaba con un empresario que, harto de escucharlo, le soltó: “¡Ideas, señor Carlyle, nada más que ideas!”. Carlyle respondió: “Hubo una vez un hombre llamado Rousseau que escribió un libro que no contenía nada más que ideas. La segunda edición de ese libro se encuadernó con la piel de quienes se rieron de la primera”. ¿Qué fue lo que le dio tanto poder a las palabras de Rousseau? (MacIntyre, p. 179).
La conclusión de esta anécdota es evidente —en realidad, demasiado evidente—: el peso de las ideas es real. El pensar es la cocina de las ideas, y tener ideas sirve para movilizarnos y luchar; nadie va a la batalla con la cabeza y el corazón vacíos. En suma, parafraseando a Antonio Machado, me despido con la siguiente frase: no hay justicia, se hace justicia al pensar.
Referencias bibliográficas
MacIntyre, A. (2002). Historia de la ética. Paidós.
Piketty, T. (2021). Breve historia de la igualdad. Deusto.
Quiroz, A. W. (2019). Historia de la corrupción en el Perú. IEP.