En tiempos de inmediatez y automatismos, creemos que detenerse a pensar sigue siendo un acto profundamente humano y necesario. Barro Pensativo nace como un espacio de encuentro, reflexión y creación crítica, impulsado por un grupo de jóvenes investigadores comprometidos con las humanidades, las ciencias sociales y los desafíos éticos de nuestro tiempo.
Somos más que un colectivo: somos una comunidad que cultiva la palabra reflexiva, el diálogo riguroso y la búsqueda de sentido. En este blog compartiremos artículos, ensayos, entrevistas y crónicas que exploran temas fundamentales como la filosofía, la ética, la educación, la historia, la cultura, la política y la vida social en sus múltiples formas.
Entre la Realpolitik y el Derecho: El Dilema Ético de la Intervención en Venezuela
6 de enero del 2025
Roy Alexander Torres Anangonó
Email: roatorresfl@flacso.edu.ec
FLACSO Ecuador
La mañana del 3 de enero de 2026 nos sorprendió con un suceso disruptivo: EE. UU. incursionó bélicamente en la capital del país bolivariano, Caracas, atacando varios puntos neurálgicos para apresar y evitar la huida del autócrata Nicolás Maduro, entre los sitios asediados estuvieron:
En Caracas y alrededores
• Fuerte Tiuna: El principal complejo militar del país y sede del Ministerio de Defensa; fue reportado en llamas tras impactos de misiles y bombardeos aéreos.
• Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda (La Carlota): Ubicada al este de Caracas, fue bombardeada e inhabilitada; se reportaron vehículos calcinados y daños graves en sus hangares.
• Cuartel de la Montaña (Catia): Lugar donde reposan los restos de Hugo Chávez; fue reportado como inutilizado tras los ataques.
• Palacio Federal Legislativo: La sede del parlamento en el centro de Caracas también fue alcanzada por los bombardeos.
• Casco Central de Caracas: Se informaron diversos ataques y explosiones en el centro histórico de la capital.
• El Volcán: Centro de antenas y comunicaciones en el estado Miranda.
Aeropuertos y bases aéreas
• Aeropuerto de Higuerote (Miranda): Su base de helicópteros militares fue bombardeada y declarada inhabilitada.
• Base Aérea N.º 3 (Barquisimeto, Lara): Punto estratégico de aviones F-16 que también fue objetivo de la ofensiva.
• Aeropuerto de El Hatillo y Aeropuerto privado en Charallave: Ambas instalaciones fueron atacadas y sufrieron daños estructurales.
Instalaciones portuarias y otras regiones
• Puerto de La Guaira: El principal puerto que conecta a Caracas con el Caribe sufrió explosiones y ataques con drones.
• Estados Aragua y Miranda: Se reportaron diversos objetivos militares y logísticos alcanzados en estas entidades.
Sin duda alguna, las fuerzas armadas de EE. UU. buscaban sitiar el lugar y propiciar la “claudicación forzada de Maduro”. Los subterfugios empleados para esta empresa bélica fueron diversos, verbigracia: “Venezuela es una narco-dictadura” o “Maduro es jefe del Cartel de los Soles”. Se trata de acusaciones que tienen andamiaje legal y pruebas proporcionadas por EE. UU., a las cuales Maduro, su esposa y varios capitostes de su régimen harán frente en los meses venideros.
No hay que ser ingenuos: tanto Donald Trump como Nicolás Maduro emplean herramientas propagandísticas para justificar sus acciones. Mientras Trump se abandera en una “guerra de liberación”, Maduro denuncia una “invasión colonial”. Sin embargo, la realidad jurídica es que ambas naciones presentan graves puntos negros. EE. UU., por su parte, vulneró el derecho internacional con sus empresas bélicas en territorio extranjero, concretamente la Carta de las Naciones Unidas de 1945 que, en su artículo 2, párrafo 4, prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado. Adicionalmente, Washington ha contravenido su propio derecho interno, pues toda empresa bélica de esta magnitud debe contar con la aprobación del Congreso, requisito que en esta incursión ha sido omitido.
Y, por su parte, Venezuela recurrentemente ha violado también varios pactos internacionales, como el Estatuto de Roma y el Pacto de San José. Derruyó su orden político local con su autogolpe de Estado en 2017, donde se emitieron las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que decidió asumir las competencias de la Asamblea Nacional (de mayoría opositora). Adicionalmente, estas sentencias dotaron al Ejecutivo de facultades extraordinarias en materia penal, militar y económica, lo que la fiscal general de entonces calificó como una "ruptura del orden constitucional". Finalmente, la Asamblea Nacional Constituyente, creada sin un referéndum consultivo previo, fue denunciada como un "fraude constitucional" diseñado para suplantar al poder legislativo legítimo y gobernar por decreto. Situación que, indubitablemente, nos permite catalogar al gobierno de Venezuela como autócrata.
Es muy complicado catalogar a buenos y malos en esta historia; lo que está claro es que, más que nunca, el apotegma de Hobbes sigue vivo: “Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno”. Todos los pactos internacionales han demostrado, una vez más, su ingravidez. EE. UU. tomó por la fuerza la administración de Venezuela y serán ahora ellos los que emitan los edictos en un periodo de interregno que nadie sabe cuánto puede durar; puede ser tan efímero como dilatado.
Lejos de la ingenuidad liberal de las RR. II., es importante rescatar que lo que ahora surgirá de Venezuela será producto del azar; puede ser algo mejor o algo peor. Todo dependerá de la voluntad de sus ciudadanos para rechazar a los que en otrora tanto daño les hicieron, y de si la estructura corrupta enquistada en el país es depurada de manera impoluta. Maduro es solamente la cara visible de una estructura numerosa, corrupta y exaccionadora; nadie puede predecirlo de forma certera.
No nos queda más que desear que el pueblo de Venezuela pueda tomar nuevamente las riendas de su camino y hacer uso de la democracia para dirimir sus conflictos, alejándose de la forma más primitiva y truculenta de la política: la guerra. Porque cuando las instituciones se agotan, el único adminículo disponible para resolver los conflictos en una comunidad política son las armas. Y hoy queda más que demostrado.
Y para aquellos que se sienten lejos del autoritarismo venezolano, pero también se sienten incómodos y conturbados por la invasión estadounidense, cabe recordarles que es totalmente compatible: criticar que EE. UU. vulnera el derecho internacional y su derecho interno; criticar que Maduro vulneró su derecho interno dando un golpe de Estado; reconocer que la prioridad de EE. UU. no es liberar a los venezolanos y, aun así, celebrar la caída de la tiranía chavista.