En tiempos de inmediatez y automatismos, creemos que detenerse a pensar sigue siendo un acto profundamente humano y necesario. Barro Pensativo nace como un espacio de encuentro, reflexión y creación crítica, impulsado por un grupo de jóvenes investigadores comprometidos con las humanidades, las ciencias sociales y los desafíos éticos de nuestro tiempo.
Somos más que un colectivo: somos una comunidad que cultiva la palabra reflexiva, el diálogo riguroso y la búsqueda de sentido. En este blog compartiremos artículos, ensayos, entrevistas y crónicas que exploran temas fundamentales como la filosofía, la ética, la educación, la historia, la cultura, la política y la vida social en sus múltiples formas.
Amar el espectáculo de la verdad
30 de enero del 2025
Guillermo Sebastian Tapia Churata
guillermo.tapia.churata@ucsp.edu.pe
Orcid: https://orcid.org/0000-0003-0739-9862
Barro Pensativo. Centro de Estudios e Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
Hay una pregunta que atraviesa en silencio toda la historia de la filosofía y que hoy resulta, quizá más que nunca, incómoda: ¿existe la verdad? No una verdad útil, ni consensuada, ni funcional, sino una verdad que pueda ser contemplada; una verdad que no dependa de nuestras opiniones ni de nuestras conveniencias. Platón la formula con una sobriedad desarmante, casi poética, cuando hace decir a Sócrates:“—Entonces, ¿a quiénes llamas verdaderamente filósofos? —A quienes aman el espectáculo de la verdad”. (Platón, 2019, p. 183).
La filosofía comienza allí donde la verdad no es reducida a instrumento, sino acogida como algo digno de ser amado. No se trata de capturarla ni de poseerla, sino de dejarse atraer por ella. Sin esta disposición originaria, la razón se vuelve estrecha y la reflexión degenera en mera técnica.
Platón es consciente de que la verdad no constituye un adorno del conocimiento, sino su condición más profunda. Por ello advierte que incluso la acumulación más vasta de saberes pierde todo sentido cuando se separa de aquello que les otorga valor:“[…]por más que conociéramos todas las cosas, sin aquello [el Bien o la verdad] nada nos sería de valor, así como si poseemos algo sin el Bien” (Platón, 2019, p. 214). Aquí la verdad no aparece como un dato entre otros, sino como aquello que hace valioso todo lo demás. Conocer mucho no equivale a comprender; poseer información no garantiza sabiduría. Sin el Bien, sin la verdad, el conocimiento se vacía desde dentro.
La primacía de la verdad es aún más radical. Platón sostiene que ella no solo ilumina lo que conocemos, sino que sostiene el ser mismo de lo conocido: “Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia” (Platón, 2019, p. 219). La verdad no es creada por el sujeto ni fabricada por el consenso. Es anterior, nos precede, y precisamente por eso puede juzgarnos. Cuando esta convicción se diluye, el pensamiento se desliza hacia una forma elegante, pero profundamente incoherente de relativismo.
Platón lo muestra con lucidez al examinar la tesis de Protágoras, pues si toda opinión es verdadera, entonces también lo es la opinión de quien considera falsa esa doctrina: “[…] aquél [Protágoras], al conceder que todos opinan lo que es, deberá admitir que es verdaderamente la creencia de los que tienen opiniones contrarias a la suya, como ocurre en el caso de quienes consideran que él está en un error” (Platón, 2019, p. 466). Aquí el relativismo se disuelve a sí mismo, ya que al negar una verdad que no dependa del parecer individual, se priva de todo criterio para sostener siquiera su propia afirmación.
San Agustín profundiza este punto desde otro ángulo. Incluso cuando se concede que lo falso puede presentarse como verdadero, no puede negarse el hecho mismo de que algo aparece a la conciencia, “Porque decís que lo falso puede aparecer verdadero a los sentidos, pero no negaís el hecho mismo del aparecer” (Agustín, 2019, p. 446). La experiencia del error no elimina la verdad, sino que la presupone. Incluso el engaño confirma que hay algo que se muestra, algo que se impone a la mente y la verdad no desaparece cuando es negada.
Sin embargo, la negación de la verdad ya no suele presentarse como una tesis filosófica explícita, sino como una atmósfera cultural. Benedicto XVI lo advirtió con una claridad que sigue interpelándonos:
Si vivimos contra el amor y contra la verdad, contra Dios, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre (Benedicto XVI, 2005, párr. 15).
Cuando la verdad deja de ser reconocida no surge la libertad prometida, al contrario, nace una nueva forma de dominación, a la cual el Santo Padre la denominó la dictadura del relativismo. Defender la verdad, entonces, no es un gesto autoritario ni una nostalgia del pasado, defenderla es un acto de responsabilidad intelectual y moral, porque solo allí donde la verdad es reconocida como algo que no fabricamos, sino que recibimos, la razón puede seguir siendo humana y el diálogo puede seguir siendo posible.
Defender la verdad no es imponerla. Es impedir que sea silenciada.
Referencia bibliográfica
Agustín. (2019). Contra los académicos. Gredos.
Benedicto XVI. (2005). Homilía Del Santo Padre Benedicto Xvi Durante La Solemne Concelebración Eucarística En La Basílica De San Pedro. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20051208_anniv-vat-council.html
Platón. (2019). República. Gredos.
Platón. (2019). Teeteto. Gredos.