En tiempos de inmediatez y automatismos, creemos que detenerse a pensar sigue siendo un acto profundamente humano y necesario. Barro Pensativo nace como un espacio de encuentro, reflexión y creación crítica, impulsado por un grupo de jóvenes investigadores comprometidos con las humanidades, las ciencias sociales y los desafíos éticos de nuestro tiempo.
Somos más que un colectivo: somos una comunidad que cultiva la palabra reflexiva, el diálogo riguroso y la búsqueda de sentido. En este blog compartiremos artículos, ensayos, entrevistas y crónicas que exploran temas fundamentales como la filosofía, la ética, la educación, la historia, la cultura, la política y la vida social en sus múltiples formas.
¿Qué es la verdad? Jesucristo ante Pilatos
4 de abril del 2026
Benjamín D. Huisa-Cruz
bhuisa@unsa.edu.pe
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4313-9419
Barro Pensativo. Centro de Estudios e Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
“(…) Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.” Mateo, 28; 20.
Jesucristo preso fue llevado ante el gobernador romano Poncio Pilatos. Este le interrogó sin poder comprender las razones de por qué estaba allí. “Tu pueblo y tus sacerdotes te han entregado a mí” (Juan, 18; 35). Jesucristo se mantuvo callado ante las interrogantes de Pilatos, sin respuestas concretas para el gobernador. ¿Qué buscaba Pilatos? Como administrador de justicia buscaba una razón para condenar a Jesús, culparlo de sedición. Preguntó: ¿Eres un rey? Respondió Jesús: “Tú lo dices” (Lucas, 23; 3). Sin embargo, la respuesta de Jesucristo fue más allá: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan, 18; 37). ¿Qué es la verdad? Preguntó Pilatos. No hubo respuesta y el gobernador no encontró razones para condenar a Jesucristo.
Pero ¿qué es la verdad? Los cristianos conocemos la respuesta. En Juan 14:6 nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. La verdad no es algo, es Alguien. Por eso, conocer la verdad no es acumular datos verídicos, sino entrar en una relación de comunión con Dios. Pilatos no oyó la voz de Dios y no conoció la verdad cuando estaba frente a él. Tampoco buscó la verdad, sino una salida frente a los judíos. Se lavó las manos para mantener su posición de poder, oyó a la multitud y tuvo miedo.
La verdad va más allá, tiene un propósito: la verdad libera: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan, 8; 32). En el contexto judío esto era muy difícil de comprender. ¿Acaso eran esclavos? ¿Hablaba de la libertad de los judíos del yugo romano? Muchos creían que el mesías prometido había llegado para liberar al pueblo judío y establecer su reino en la tierra. Santiago y Juan pidieron un lugar al lado del trono de Dios, una recompensa pues habían dejado todo por seguirlo. Jesús nos dice: “(…) Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones los gobiernan como si fuesen dueños, y los que tienen algún puesto quieren hacer sentir su poder. (…) Al contrario, el que quiera ser más importante entre ustedes que se haga el servidor de todos” (Marcos, 10; 42-43). Es por ello que el reino de Dios no es de este mundo. Pilatos tampoco lo comprendió, preguntó: ¿Entonces dices que eres rey? ¿Qué es la verdad?
Jesús nos hablaba de otra esclavitud, la del pecado. Por nuestra naturaleza somos esclavos del pecado, y este nos condena (Salmo 51:5). El pecado no es solo un acto, sino una potencia que nos esclaviza; la esclavitud fundamental es espiritual. La única manera de liberarnos es a través de la verdad, a través de la comunión con Dios.
Hoy, en Semana Santa, es preciso preguntarnos: ¿queremos ser libres? No podemos evitar la verdad y lavarnos las manos frente a la injusticia y el pecado. La verdad expone la mentira de que podemos salvarnos a nosotros mismos. El Salvador nos dice: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia (…)” (Mateo, 6; 33). No nos afanemos en presumir nuestro poder y nuestra posición como Pilatos: “¿No me vas a hablar? ¿No te das cuenta de que tengo poder para ponerte en libertad o para mandar que te crucifiquen?” A esto Jesús respondió: “No tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado de arriba” (Juan, 19; 10-11). Busquemos la libertad en la verdad y seamos humildes como Él nos lo enseñó. Esa es la verdad que libera: no un concepto, sino un Rey que se humilló hasta la cruz.