Alonso Castillo Flores
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Barro Pensativo. Centro de Estudios e Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
Las protestas del 15 de octubre ya tienen como saldo un muerto o, mejor dicho, un asesinado. Asesinado por cumplir su deber cívico de defender la democracia y luchar en nombre de todo el país. Hemos cambiado una asesina por un presunto violador, y el violador —que nadie eligió— ya se ha manchado las manos de sangre al quinto día de su mandato. El panorama es lúgubre, el estallido social de 2022-2023 dejó grandes lecciones de heroísmo y solidaridad, pero también medio centenar de asesinados por las fuerzas que tendrían que proteger a la ciudadanía pero que están ahí más bien para acribillarla (Montoya y Quiroz, 2023).
El Perú está jodido, y lo ha estado desde hace mucho. En Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa, Zavalita, bajo la dictadura de Manuel Odría, se pregunta “¿En qué momento se había jodido el Perú?” El Perú jodido, todos jodidos. En 1990 Vargas Llosa pierde las elecciones ante el futuro dictador. Carlos Milla (1990) convoca a varios intelectuales como J. Pulgar Vidal, Luis A. Tauro, Manuel Burga, Denis Sulmont, Uriel García, Javier Mariátegui, etc. y les pregunta: ¿En qué momento se jodió el Perú? César Lévano contesta: El Perú no se jodió en un momento sino en varios, es una jodedera con historia (p. 187). Fujimori “salvó” al Perú —o a los que se sintieron beneficiados por su dictadura— jodiéndolo. En el 2001, con la fuga del presidelincuente, Carlos Milla vuelve a publicar otro tomo, ¿Cómo Fujimori jodió al Perú?, con ensayos de Vargas Llosa, Walter Peñalosa, Julio Cotler, etc. Daniel Mora escribe que con Fujimori el Perú “después de las innumerables veces que se ha jodido, se vuelve a joder” (Vargas Llosa, 2001, p. 114). Lo más ridículo de nuestra tragicomedia es que en 2021, Vargas Llosa hace alianza con la hija del tirano y una parte de los peruanos se pregunta: ¿En qué momento se jodió Vargas Llosa? Nuestro Nóbel no solo respaldó a la hija del hombre condenado por crímenes de lesa humanidad, sino que apoyó el prontuario criminal de Dina Boluarte.
Muerto Vargas Llosa, los que apoyaron Boluarte se tornan contra ella, traicionando a la mujer que tan vilmente lo sirvió. “Ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón”, reza el dicho. El Perú lleva en su genética republicana el vicio de la traición. Traidores a la corona española fueron nuestros mandatarios y caudillos: De la Riva Agüero, de Tagle, Santa Cruz, La Mar, Tristán y Moscoso, etc. Y entre ellos la serie de traiciones y complots marcan el inicio de un país que hereda lo peor del virreinato. Esta semana, Arequipa, “la fidelísima”, la del escudo del “Rey Karlos”, en medio del caos y las protestas, ha recibido embelesada al rey Felipe VI, hijo del corrupto Carlos I, y jefe del estado que ha provisto por meses a Israel de armas para perpetrar su genocidio. ¿Qué podría salir mal? Nuestro Nóbel se hizo marqués volviéndose ciudadano español y súbdito del rey. Cuenta Guillermo Lumbreras (2022, 243) que, con el ascenso de Nicolás de Piérola en 1895, un sector de criollos declara que España es nuestra “Madre Patria”, sin importar nuestro componente étnico nativo y extranjero no hispano. Sí, hablamos de Piérola, aquel infame mandatario que traicionó al Perú durante la Guerra con Chile. Se trata de la “razón colonial”, que Lumbreras (1990) opone a nuestra irrisoria “razón nacional”.
El Perú hace tiempo ha entrado en crisis, “una crisis que corre el riesgo de volverse estructural y, por tanto, de convertirse en una forma de vida”, dice el filósofo Pablo Quintanilla (2024, p. 214). Una crisis que jode el Perú día a día. Y es que este país se jode con la indiferencia ante los asesinatos, se jode cuando nos importa más “la moneda más fuerte de la región” y el lema de “el Perú es clave”, robe quien robe, muera quien muera, asesinado por una banda de criminales o por las mismas fuerzas del orden. El totalitarismo de mercado funciona mientras el pueblo vive arruinado, y vive arruinado para que su fuerza de trabajo siga siempre disponible para la maquinaria, y para que la maquinaria funcione a la perfección quien quiera “gobernar” el país debe corromperse a cambio de dejar todo intacto. Todo con la receta del régimen fujimorista: El mercado y sus grandes monopolios deben seguir funcionando a costa de que el peruano de a pie y las clases subalternas y envilecedlas se sigan jodiendo cada año, endeudándose día a día, mientras la clase dominante (que no es, ni mucho menos, una clase dirigente) siga jodiendo el Perú, como lo jodieron Piérola, Odría, Fujimori, Vargas Llosa y Boluarte.
Referencias Bibliográficas
Lumbreras, L. G. (2022). Breve historia general del Perú. Crítica.
Lumbreras, L. G. et. al. (1990). En qué momento se jodió el Perú. Milla Batres.
Montoya, G. y Quiroz, H. (2023). Estallido popular. Protesta y masacre en el Perú, 2022-2023. Estallido / Horizonte.
Quintanilla, P. (2024). La filosofía en el Perú. El Perú en la filosofía. Heraldos Editores.
Vargas Llosa, M. et. al. (2001). Cómo Fujimori jodió al Perú. Milla Batres.