En la actualidad Villa Triana, como las demás villas del sector, cuentan con una amplia gana de comercios y servicios establecidos: supermercados, panaderías, pescadería, pastelerías, carnicerías, feria, etc., etc. que facilitan el diario vivir de las familias. Pero, no siempre fue así, en las décadas de los años 60, 70 y 80, eran los negocios de barrio y los vendedores ambulantes los que trataban de cubrir estas necesidades de las dueñas de casa, ya que en esos tiempos, Villa Triana estaba lejos de la ciudad. Con muchas de las personas que conversé antes de iniciar este recorrido, algunas de ellas ya no están, recordaban, por ejemplo al verdulero don Abdón que recorría el barrio, en su carretela, ofreciendo sus frutas y verduras. O el negocio de “la Clarita Farías”, muy bien abastecido en la calle Juan Bautista Miranda. Conocido fue también Iván Pérez, él tenía un kiosko en la calle Miguel Cruchaga. Empezando el frío de invierno, aparecía recorriendo las calles el conocido vendedor de “parafina”, en su triciclo transportaba un tambor con el combustible, el que en su parte inferior tenía una llave para que saliera la parafina, se anunciaba tocando una campanilla que llevaba colgada en el triciclo.
En la década de 1990, en la calle Leopoldo de Asís, por donde pasaba la línea férrea del tren a Sewell, por varios años estuvo don Juan Carlos López instalado con su distribuidora de gas “Gastriana”, que facilitaba la solución de abastecerse de este combustible necesario para cocinar y tener agua caliente.
En el año 2024, en esas propiedades hay una carnicería y un restorán chino. Desde el año 1969 hasta el 2003 “El Pancho”, Francisco Valdés, recorrió la villa vendiendo los diarios de la época; generalmente andaba solo, se desplazaba con mucha seguridad y golpeando las murallas con su bastón, él era ciego. Tenía muchos clientes, ya que los diarios de papel eran el medio más importante de información. En el mismo rubro de los diarios y revistas, una mujer muy conocida, la señora Nuria, ella en las décadas de los años 80 y 90 a muchos vecinos del sector les entregó, semanalmente, diarios (La Tercera y Las Últimas Noticias), que editaban diferentes colecciones de libros y enciclopedias por fascículos. Muchas señoras del barrio le encargaban revistas de bordados, de pintura y diversas artes manuales. Por muchos años hemos visto y, seguimos viendo, a estos dos personajes que diariamente recorren las calles de nuestra villa, don José Zúñiga Báez y Juan Carlos Valdés.
Don José Zúñiga, quien haciendo sonar su silbato se anuncia con el pan nuestro de cada día y salen sus clientes a comprar la marraqueta o la hallulla que trae en una caja tapada con un paño. Comenzó en un triciclo, hoy lo hace en un carrito motorizado. En 2003 aparece Juan Carlos Valdés, hermano de “El Pancho”, después del fallecimiento de éste, tomó el relevo de su hermano hasta el presente. Anuncia su paso con su característico grito “diariooo”. Juan Carlos también es ciego, con su bastón en una mano y con la otra tirando su carro con los diarios se desplaza con mucha naturalidad y rapidez y cuando se le pide un diario, sin equivocarse lo saca de la bolsa del carro. Al tacto reconoce los billetes y las monedas con las que se le paga.
Con toda seguridad muchas son las personas del pasado que formaron parte importante de la dinámica del barrio, que le dieron vida a sus calles han quedado sin mencionar. Lo relatado se basa en las conversaciones que tuve con diferentes vecinos y, también experiencias personales con las mismas personas que ofrecían dichos servicios…compré gas en “Gastriana”; parafina al vendedor del triciclo; varias colecciones a la Sra. Nuria y sigo comprando El Rancagüino a Juan Carlos.