La hipnosis es para muchos algo raro que huele a misterio, pero en realidad se trata de un estado de consciencia modificado, semejante al sueño, que se caracteriza por un aumento en la receptividad a las indicaciones de quien lo facilita. Históricamente, se dice que los sacerdotes egipcios ya podían inducir estos estados. Los hombres primitivos, mediante brebajes alucinógenos o elaborados rituales (formas ancestrales de inducción), lograban estados alterados de consciencia donde las sugestiones implícitas o explícitas les permitían tener visiones, dominar el cansancio, curarse de trastornos funcionales, e incluso alcanzar estados catalépticos caracterizados por la inmovilidad y rigidez muscular, junto con una disminución de la sensibilidad al dolor.
A lo largo de la historia, diversos fenómenos psicológicos y fisiológicos que hoy comprendemos científicamente —y otros que todavía no, como la telepatía, la intuición y la visión extraocular— fueron interpretados como manifestaciones sobrenaturales. Actualmente, la ciencia reconoce que la relación terapéutica entre médico y paciente juega un papel fundamental en el proceso de sanación. El efecto placebo, científicamente documentado, demuestra cómo la confianza del paciente en el tratamiento puede activar mecanismos naturales de curación en el organismo. Este fenómeno explica parcialmente la eficacia de algunas prácticas curativas tradicionales.
Desde la antigüedad, Hipócrates (460-370 a.C.) y Galeno (129-216 d.C.) establecieron las bases de la medicina moderna, proponiendo explicaciones físicas para las enfermedades. Sin embargo, durante la Edad Media —período que abarca desde la caída del Imperio Romano de Occidente (476) hasta el descubrimiento de América (1492)—, la enfermedad mental se consideraba un castigo divino o el resultado de posesiones 16 demoníacas. Los fenómenos naturales como inundaciones, sequías y huracanes también eran interpretados como manifestaciones de la ira divina. Este contexto propició que la Iglesia católica autorizara las cruzadas contra los musulmanes y estableciera la Inquisición para juzgar a los herejes. El exorcismo se convirtió en una práctica común, y en algunas regiones costeras de Europa surgió el fenómeno conocido como «las naves de los locos», donde supuestamente se transportaba a los enfermos mentales hacia asilos lejanos.
Hacia finales de la Edad Media, con la desaparición de la lepra en Europa, diversos grupos marginados —incluyendo pobres, vagabundos, presidiarios y enfermos mentales— fueron sistemáticamente excluidos de la sociedad. Ni las monarquías ni la burguesía de la época tenían la menor intención de aliviarlos.
En París, durante el reinado de Enrique IV, se registraron aproximadamente treinta mil mendigos en una población total de cien mil habitantes. El Hospital General de París, fundado en 1657, albergaba a seis mil internos, muchos de los cuales eran sometidos a medidas punitivas en lugar de terapéuticas. La institución fue dotada, por orden real, de instrumentos de contención como cepos, argollas, cadenas y mazmorras, convirtiendo el hospital en un centro de reclusión donde convivían indiscriminadamente personas en situación de pobreza, enfermos mentales y personas consideradas socialmente inadaptadas.
Esta evolución en el tratamiento de la enfermedad mental coincidió con importantes avances en otros campos del conocimiento. En paralelo a estas prácticas sociales, la ciencia y la filosofía continuaban su desarrollo. Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), destacado filósofo y matemático alemán, desarrolló el cálculo infinitesimal de manera independiente a Newton y diseñó una máquina de calcular. Su filosofía se fundamentaba en la teoría de las mónadas, sustancias simples que constituyen la realidad, organizadas en una armonía preestablecida por una entidad divina.
La hipnosis es uno de los recursos terapéuticos más efectivos que existen, y a la vez el más misterioso. Por una parte, es el más antiguo, si se toma en cuenta que el tam-tam de los tambores y las danzas alrededor del fuego son recursos hipnóticos, y al mismo tiempo, recién ahora, luego de los avances derivados de la obra del genial Milton Erickson, comienza a desarrollarse y a ser aceptado con dificultad en el concierto de las ciencias.
¿Es magia? ¿Es inconsciencia? Ni una cosa ni la otra. Es un estado de hiperconsciencia que permite alcanzar recursos latentes en la mente para solucionar multitud de problemas físicos, psíquicos y espirituales. Y aquí es donde es muy importante la personalidad del profesional que practique la hipnosis. Su tarea tiene tanto de arte como de ciencia. Considere usted que la hipnosis es el cincel con que el artista crea su obra. Así como Miguel Ángel dijo que el David, su obra maestra, ya estaba dentro del bloque de mármol que usó, que él solamente retiró a golpes de cincel lo que sobraba, la solución al problema que aqueja al sujeto está íntegra dentro de su mente, y el profesional instruido utilizará las herramientas a su alcance para encontrarla y ponerla a la vista.
Amigo lector, ignoro cómo has llegado a esta página, pero le aseguro que es usted muy afortunado. Está a punto de tomar contacto con la obra de una persona que reúne en exceso todos los atributos imaginables para enseñarle los secretos de la hipnosis. Es un verdadero artista, sabio y humilde a un tiempo —cualidades que raramente van juntas—, creativo, inteligente y profundo, con un excelente sentido del humor que aplica en todas sus terapias y una notable capacidad para comunicar.
Ha desarrollado una obra muy fecunda, la mayor parte de ella desinteresadamente, como quien cumple una misión. Ha creado y desarrollado multitud de recursos y los comparte generosamente sin guardarse nada, como pueden hacer solamente los grandes. Nuevamente, lo felicito. Está usted a punto de entrar en el fascinante mundo de la hipnosis de la mano del mejor: de Aurelio Mejía Mesa.
Armando Manuel Scharovsky