Este video muestra el fenómeno de retroalimentación que se daba a ciertas horas del día. Al entrar hacia la sala se produce una retroalimentación que luego se disipa. También se produce un fenómeno en que el pedal armónico (creado por las notas pegadas del teclado más la resonancia de tubos de pvc cerro abajo) parece estar realizando una secuencia como de arpa.
El video fue grabado con un celular a las 20:54 del día 23 de noviembre del 2019.
2 Tubos largos de pvc escuchan el contexto alrededor de la galería. Los tubos filtran los sonidos con sus propias resonancias particulares y dentro de los tubos hay micrófonos que se conectan por largos cables a parlantes que se encuentran en el interior de la galería
Al interior de la galería un acorde sostenido en un órgano eléctrico enfatiza la calidad de filtro de frecuencias de los tubos.
La galería se mantiene abierta y los sonidos permean en todas direcciones. Toda presencia dentro de la casa y en el cerro cambia el filtro. Por ejemplo, la posición de un visitante al interior de la casa crea variaciones en el filtro y produce una retroalimentación de ciertas frecuencias.
En medio de las protestas en Chile, este trabajo explora las condiciones que hacen la escucha posible como un proceso de ecolocación.
Caminando cerca de plaza de la dignidad a la mañana siguiente del sábado 19 de octubre del 2019–noche del primer toque de queda–me encontré con un rayado en la cortina metálica de un banco que decía "¿Cómo hacer para que nos escuchen?" y creo que este trabajo viene justo de ese impulso, de enmarañar el escuchar y el hacer.
Entonces es un trabajo que busca presentar el sonido como un entretejido en el que la escucha nace del hacer, de crear las condiciones para escuchar. Por lo tanto cuestiona nociones de escucha como una forma de acceso sin mediación a la materialidad en sí misma. Ahí yo tengo una crítica sobre las prácticas sonoras que vienen de una tradición cageana de marginar la expresión personal.
Para mi práctica, la escucha viene de la mano de la expresión personal, porque la expresión está siempre e inevitablemente presente. Entonces creo que en mi práctica se trata de dar espacio tanto a la escucha como a la expresión.
La expresión personal permea nuestra escucha aportando una experiencia sonora que es irreducible a la escucha. Esta experiencia la podemos llamar "baile" y tiene que ver con la volición propia, el expresarse, encarnar, realizar sonido a voluntad.
Entonces lo que trato de generar es un vacilar entre "baile" y "escucha".
Este vacilar plantea una metodología de práctica sonora que difiere de la metodología actual dominante que privilegia una escucha que "remueve" la expresión personal–es decir remueve el "baile" o toda agencia sonora que yo expreso a voluntad.
El vacilar es una práctica de generar instancias de desorientación/ambigüedad/reversibilidad entre la escucha y el baile. Entonces puede entenderse a través del acto de la "ecolocación". Este acto– usado por murciélagos, delfines, médicos, submarinos y otros–consiste en generar un sonido y luego escuchar su propagación por el espacio y así determinar el espacio que se ocupa en él y reconocer otras agencias presente.
Es decir que a través de expresar sonidos (bailar) genero la escucha y me sitúo en mi espacialidad, en mi contexto cultural/natural, etc.
Lo valioso de la ecolocación es que plantea una relación humano/no-humano, naturaleza/cultura, que se desorienta y rearticula constantemente, ya que se contienen mutuamente y a la vez se mantiene el dualismo, se mantiene la separación. Es decir, la ecolocación diluye la distancia entre un sujeto y su contexto y a la vez hace patente la separación.
Entonces se puede entender este trabajo como un instrumento de ecolocación, y el vacilar como una práctica con una cierta urgencia política que nace de la necesidad no sólo de escuchar pero de hacer audible a través de nuestro baile, de nuestros ruidos y cantos, pues sólo a través de expresar logramos escuchar.
Gregorio Fontén, Noviembre 2019`